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2.5 El determinismo teológico: la predestinaciónEl determinismo teológico sostiene que, si Dios la sabe todo es porque el mismo ha determinado todas las cosas según su criterio y, siendo la causa de todo, también lo será de las acciones humanas ¿Por qué entonces tenemos que suponer a las personas responsables de sus actos y hablar de pecado, arrepentimiento, perdón y salvación? Esta era la postura que mantenían los protagonistas de la Reforma protestante, los cuales insistieron en que el ser humano no tiene libre arbitrio y está predestinado.Con la Contrarreforma católica, los teólogos intentaron contrarrestar este determinismo teológico manteniendo que Dios y el hombre son conjuntamente los autores de los actos humanos, es decir, Dios determina las posibles acciones a realizar, pero el hombre elige libremente entre ellas.2.6 El determinismo científicoEste tipo de determinismo sostiene que las distintas ciencias son capaces de dar razón de la conducta humana; ahora bien, este modo de pensar constituye un reduccionismo, es decir, reduce toda la complejidad y riqueza de las dimensiones humanas a una sola, aquella que la ciencia es capaz de explicar. Algunos ejemplos de esta actitud son los siguientes:El monismo fisicalista: reduce el universo a una sola cosa física: la materia (de ahí su nombre), y los movimientos de los cuerpos, incluido el psiquismo humano, a movimientos mecánicos.El determinismo fisiológico: sostiene que los actos que consideramos libres no los son en realidad, sino que únicamente consisten en actos reflejos condicionados muy elaborados.El determinismo psicoanalítico: es sostenido por Sigmund Freud, quien defiende que el obrar humano está movido por el inconsciente.El determinismo económico marxista: considera que en cada etapa histórica los diferentes modos de producción están determinados por la estructura económica, y que la conciencia humana está a su vez determinada por el lugar que cada individuo ocupa en los procesos de producción.El determinismo genético: sostiene que la dotación genética que cada uno hemos heredado de nuestros progenitores es la causa de todas nuestras actuaciones.El determinismo psicológico: defendido por Leibniz afirma que nuestra conducta está regida por el móvil que mayor atracción ejerce sobre nuestra voluntad, lo cual permite que nuestro comportamiento sea racional y no arbitrario.2.7Crítica al determinismoLas posiciones reduccionistas como el determinismo son incapaces de justificar hechos como el que nos hagamos responsables de nuestros actos, la alabanza o reprobación de ciertas conductas, la creatividad estética, etc. Sólo la libertad puede dar una explicación a esos hechos, y por ello Kant propuso distinguir entre dos modos de utilizar la idea de causa en la investigación científica:Un uso regulativo que consiste en investigar todo fenómeno como si siempre estuviera producido por una causa. Ello permite al científico buscar todas las causas, pero siendo consciente de que no todo se puede explicar causalmente, debido a que el método de investigación no tiene por qué coincidir con la estructura de la realidad. Según Kant, este uso permite al científico compaginar la investigación de las causas con el respeto de la libertad.Un uso constitutivo que consiste en creer que la estructura de la realidad es causal, confundiendo así la realidad con el método de investigación.2.8Una libertad humanaNuestra libertad está condicionada por muchos factores, además de tener una base biológica gracias a la cual el ser humano capta el medio como realidad a través de su inteligencia, y responde a éste creando un mundo de posibilidades entre las que ha de elegir y justificar tal elección. Pero además, las personas también somos capaces de darnos nuestros propios fines y leyes en función de la experiencia histórica pasada.


3. La libertad como autonomía3.1 Libertad de elecciónLa libertad de elección es una capacidad que tiene la voluntad humana para elegir entre distintas posibilidades, mediante una deliberación en la que ponderamos las ventajas y los inconvenientes de las distintas opciones. Esta es la forma de entender la libertad que han defendido aquellos que, como Aristóteles o los utilitaristas, consideran que la racionalidad humana es racionalidad económica, es decir, opera intentando maximizar beneficios y minimizar costes. En esta concepción, la libertad de elección sólo se ejerce sobre los medios para alcanzar un fin ya dado. Para ello es necesario:Que nuestra voluntad no esté ya determinada a obrar.Que nuestra elección no sea arbitraria (es decir, caprichosa). La indiferencia ante dos bienes que nos atraen por igual es insuficiente porque hace que nuestra elección sea irracional, o sea, no razonada.Que tengamos buenas razones para elegir después de deliberar.3.2Concepto de autonomíaKant sostiene que las personas no sólo podemos elegir los medios, sino también los fines que deseamos alcanzar, es decir, las personas somos seres autónomos. La experiencia nos muestra que acciones como matar, mentir, etc., siempre se han cometido a lo largo de la historia y, sin embargo, pensamos que no es digno de seres humanos realizar tales acciones; de ello se deduce que esa sabiduría que nos muestra la vileza de tales comportamientos no procede de la experiencia, sino que la hemos extraído de nosotros mismos, es lo que Kant denomina “ley de la libertad” o “ley moral”, y el hecho de que tengamos conciencia de ella prueba que somos seres libres para darnos nuestras propias leyes.Desde este punto de vista, la libertad es la propiedad de la voluntad humana de ser una ley para sí misma, una ley que sabemos que existe aunque no podamos explicarla científicamente por medio de causas. Esta es la razón que lleva a Kant a adoptar, al menos dos perspectivas ante la contemplación del universo:La primera está referida a los acontecimientos externos a la voluntad de las personas, que la ciencia trata de explicar como efectos generados por causas anteriores, como pueden ser los fenómenos naturales. En este ámbito se puede hablar de leyes naturales a las que todos los seres físicos estamos sometidos (ley de la gravedad, etc.).La segunda está referida a la libre voluntad humana capaz de iniciar ella misma una serie de efectos. En este caso, hablaríamos de leyes de la libertad que nos permiten organizar nuestra vida y nuestra convivencia de un modo humano (ayuda sanitaria, lucha contra el hambre, etc.).3.3La madurez moral: de la heteronomía a la autonomíaAlgunos psicólogos interpretan la conciencia moral como la capacidad para formular juicios sobre lo justo y lo injusto. Kohlberg, por ejemplo, recoge la idea de Kant de que la madurez moral es un proceso que comienza con la heteronomía moral y culmina con la autonomía moral, y estable tres estadios o niveles en ese proceso:Nivel preconvencional: la persona considera como justo aquello que satisface sus intereses, y respeta las normas sólo para evitar las malas consecuencias que puede acarrear vulnerarlas. Se trata de personas inmaduras porque se dejan llevar por impulsos egoístas, lo cual hace que no sean autónomas sino heterónomas; heterónoma es aquella persona que sigue la norma de otro y no la suya propia.Nivel convencional: la persona considera justo aquello que está de acuerdo con las leyes propias de su sociedad. Esto supone aceptar ciertos comportamientos discriminatorios o prejuicios referidos al sexo, raza, etc., propios de la sociedad a la que uno pertenece. Estas personas, aunque en cierta medida controlan sus impulsos egoístas, lo hacen sólo para adaptarse a las normas de su sociedad, y por ello son también heterónomas.Nivel postconvencional: la persona distingue entre normas sociales y principios morales universales. Son personas autónomas porque su comportamiento se rige por los principios que su propia conciencia reconoce como universalmente vinculantes. Consideran como justo aquello que, de una forma razonada y meditada, adopta la perspectiva del respeto por la dignidad de todos los seres humanos. Son personas que se sienten miembros de la humanidad, y en ellos la justicia personal es inseparable de la solidaridad global. Representan el máximo grado de madurez moral.Gilligan, por su parte, considera que, además de todo lo expuesto por Kohlberg, la persona moralmente madura ha de progresar no sólo en los valores de la justicia sino también del cuidado, lo cual supone desarrollar un sentido de la compasión y de la responsabilidad para con aquellos que necesitan ayuda.