El proceso de formacion

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1 Emerge una meseta, se forma una península, surgen unas islas

La configuración morfotopográfica del territorio español: una piel de toro elevada en altitud Como vimos en el tema anterior, la península tiene, a grandes rasgos, la forma de una piel de toro extendida, tal y como la describió Estrabón, un geógrafo griego de la Antigüedad. Pero aún admitiendo esta similitud, es preciso resaltar que se trata de una piel de toro un tanto peculiar dado que, si seguimos esa misma comparación, la mencionada piel no se halla extendida de una forma completamente plana. Sin embargo, el territorio peninsular se encuentra bastante elevado, pues la mayor parte del mismo posee una altitud superior a los 650 metros. De hecho, España es el segundo país con una altitud más elevada en Europa después de la montañosa Suiza. Y las islas tampoco son muy bajas que digamos. Por el contrario, en Canarias, concretamente en la isla de Tenerife, se encuentra la máxima altitud de España, el Teide, con 3.718 metros de altitud. Las Baleares no poseen tanta altitud, ya que su máxima elevación es el Puig Major con "solo" 1.445 metros. Al conocimiento y el estudio de las características, disposición y formas del relieve le denominan los
geomorfólogos (que son los geógrafos especializados en el estudio de las formas del relieve) la
configuración morfotopográfica del territorio.

Los mapas nos sirven para estudiar y conocer mejor el relieve
¿Cómo se forma el relieve?
Para poder familiarizarte con el relieve de España es preciso que conozcas previamente cuáles son, con carácter general, las estructuras más elementales que componen el mismo.
La estructura se define como la forma en la que se dispone el relieve, así como los materiales que lo componen. Los tipos de estructuras más importantes son los siguientes:
- Las horizontales,como son las grandes cuencas sedimentarias, las campiñas, los páramos, las mesas, etc.
- Las inclinadas, como son los relieves en cuesta típicos de la Meseta.
- Las plegadas, sobre materiales blandos, que dan lugar a relieves conocidos con nombres muy característicos, como el jurásico o el apalachense.
- Las falladas, cuando los materiales sobre los que tienen lugar son muy duros, y por tanto no se pliegan. Es el caso de los relieves con bloques levantados o Horsts, y los relieves con bloques hundidos o fosas.



La lenta evolución del relieve.
La Tierra, el planeta en el que vivimos, tiene una gran antigüedad. Los geólogos calculan que debe ser superior a los 4.000 millones de años. Es difícil hacerse una idea desde nuestra escala temporal cuánto tiempo supone esa cantidad, pero nos basta decir en este caso que es muy antigua. En el caso de España, los materiales más viejos superan los mil millones de años y pertenecen a la era Arcaica, también conocida como precámbrica, aunque las estructuras más antiguas que hoy conservamos no aparecen hasta la llamada era Primaria. Para sintetizar este proceso y resumir las etapas básicas del mismo, dividimos la Historia geológica de la Tierra en cinco grandes etapas. Son las siguientes.
- Arcaica o precámbrica, que tuvo lugar entre hace 4.000 y 600 millones de años aproximadamente. De ella quedan materiales metamórficos de gran dureza, sobre todo en el Macizo Galaico y Sierra
Morena.
- Primaria o Paleozoico, que se desarrolla entre hace 600 y unos 250 millones de años. En ella tiene lugar la orogenia Herciniana durante la que se consolida la formación del zócalo ibérico de la Meseta y la mayor parte de las cordilleras y sistemas que la rodean.
- Secundaria o Mesozoico, cuya duración transcurre entre unos 250 y 65 millones de años. Se trata de un período de erosión y sedimentación sin grandes movimientos orogénicos. Durante el mismo el zócalo de la Meseta queda arrasado adoptando, a grandes rasgos, la forma suave que presenta hoy día.
- Terciario o cenozoico, desde hace 65 hasta hace 2 millones de años. En este momento se produce la orogenia Alpina, durante la cual se consolidan las unidades más elevadas de la península como los Sistemas Béticos y los Pirineos, además de remodelar a las restantes unidades.
- Cuaternaria, dividida entre Pleistoceno y Holoceno. Es una etapa que desde un punto de vista geológico apenas difiere del terciario, pero durante los dos últimos millones de años se ha consolidado tanto el relieve de las depresiones, como sobre todo la línea de costa.

2. Un paisaje variado

Los materiales y la litología: silicatos, calizas, arcillas y rocas volcánicas.

En España existen cuatro grandes tipos de materiales litológicos.
- La España silícea: Está compuesta por materiales muy antiguos que son en general de una gran dureza. Es el caso del granito, la pizarra, el gneis, el cuarzo y otras rocas de una gran antigüedad. Se
sitúan en la vertiente occidental de la península (
Galicia, Sistema Central, Montes de Toledo, Sierra Morena).
- La España caliza: Son materiales de origen sedimentario, que posteriormente se han visto plegados y se han endurecido mediante la acción de elementos externos. En ellos predominan materiales como la propia caliza, fundamentalmente, pero también se incluyen en este apartado otros como las margas, las areniscas o los yesos. Aparecen en zonas como los Pirineos, el Sistema Ibérico o los Sistemas Béticos, dando lugar a una forma característica que se conoce como la Z invertida.
- La España arcillosa: Los materiales que la componen son recientes y son muy blandos y moldeables. Generalmente se encuentran en las cuencas de los ríos donde se depositan mediante arrastre y
sedimentación. Es el caso de las
cuencas del Duero, el Guadalquivir o el Ebro, aunque se pueden encontrar también en las llanuras costeras, como sucede en la Levantina.
- La España volcánica: En cuanto a extensión, es la menos representativa de todas ellas. No obstante, existen lugares en los que se encuentra este tipo de material, por ejemplo en el Cabo de Gata en Almería, el Campo de Calatrava en Ciudad Real u Olot en Gerona. Sin embargo, el territorio con materiales volcánicos más representativo es sin duda el de las Islas Canarias.



Los tipos de paisajes y de relieves
Si hacemos un recorrido por España o por cualquier otra parte del mundo, podremos observar como el paisaje cambia con relativa frecuencia. A zonas llanas le suceden otras muy onduladas. En otros casos se nos muestran valles, o elevaciones con caprichosas formas. Ello es debido a que el paisaje no es homogéneo, sino todo lo contrario. Las formas resultantes son consecuencia de dos hechos fundamentales. Por una parte de las características físicas y químicas de los materiales que componen esos paisajes, pero por otra parte es preciso tener en cuenta las fuerzas  o movimientos que han actuado sobre esos materiales a lo largo del tiempo. De esta forma, obtenemos un relieve resultante al que denominamos genéricamente como el modelado de la superficie
terrestre.
Dependiendo de qué tipos de materiales y qué fuerzas han actuado sobre esos materiales, los geomorfólogos distinguen distintos tipos de relieve. En España existen muchos tipos de relieve, de ahí que debamos seleccionar los más comunes o los más importantes como ejemplos de un paisaje que es mucho más complejo. Entre ellos distinguimos algunos como el modelado granítico, el kárstico, el volcánico, el glaciar, el eólico o el de cárcavas y barrancos. El granítico, se observa en terrenos donde abunda este material. Las formas resultantes de la erosión
del granito son muy características y espectaculares: las rocas caballeras, los ríos de piedras, los berrocales o los domos, son propias de este tipo de modelado.
El kárstico se encuentra sobre materiales calizos en los que la erosión del agua de lluvia ha actuado modelando el paisaje de una forma muy curiosa y característica. Las cuevas, simas, dolinas, uvalas, poljes, torcas, lapiaces o las hoces son típicas este modelado del relieve. El volcánico tiene lugar, obviamente, sobre materiales arrojados por los volcanes. En él podemos encontrar coladas o mantos de lava (denominadas malpaís), conos, calderas, pitones, también llamados roques en Canarias. El glaciar aparece en las cumbres de las altas montañas o en aquellos lugares que durante las glaciaciones sufrieron de forma directa la erosión de los hielos. Allí se encuentran circos, lagos, valles o morrenas de origen glaciar. En estos lugares, la gelifracción, o rompimiento de las piedras a causa del agua que se congela en sus grietas, modela de forma característica el paisaje. El eólico es el paisaje formado por el viento. Este actúa sobre materiales finos que son fácilmente transportables, dando lugar a paisajes típicos en los que abundan las formaciones de dunas, que a su vez pueden ser de muy diferentes tipos. El de cárcavas o barrancos, genéricamente denominado de Bad Lands (Tierras malas, en inglés), es propio de zonas fácilmente erosionables en las que la fuerza del agua arrastra a los materiales formando profundos surcos en el terreno.

 



Las grandes unidades morfoestructurales del relieve español

Para analizar cómo es el relieve de España es preciso conocer cuáles son los materiales que lo componen, en qué momento se han formado o cómo son los principales ejemplos de modelado. Una vez que ya hemos analizado previamente todas estas características, es necesario que demos ya un paso más y conozcamos de qué forma se disponen las grandes unidades que configuran el relieve. Para simplificar esta cuestión, es preciso hacer en primer lugar una división del mismo en grandes bloques que nos permitan conocerlo con mayor facilidad. Por eso, habitualmente, se distinguen cuatro grandes apartados . Son los siguientes:
La gran Meseta Central, que al ocupar el centro de la península estructura y dispone la forma del resto del relieve peninsular.
Las cordilleras circundantes, que son los rebordes de la Meseta. En ellas distinguimos el Macizo Galaico, los Montes de León, la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y Sierra Morena.
Las unidades exteriores o periféricas, que se pueden subdividir en grandes arcos montañosos, como los Pirineos y los Sistemas Béticos, y depresiones interiores, entre las que destacan la del valle del río Guadalquivir y la del valle del río Ebro.
Los archipiélagos Balear y Canario, así como las otras unidades ajenas a la Meseta, bien sean las islas del mar de Alborán o bien las ciudades autónomas del norte de África.
Como puedes comprobar, el relieve de España en general y el relieve peninsular en particular, no es en modo alguno homogéneo, por el contrario, existen en él una gran cantidad de accidentes que hacen de nuestro país un conjunto bastante complejo a la hora de analizar las principales unidades que la componen. Un ejemplo de esto que te comentamos lo puedes observar en este vídeo en el que se hace una presentación del
perfil de las etapas de la Vuelta Ciclista a España. En él se ve cómo a lo largo del recorrido de las mismas los corredores han de subir y bajar montañas, además de atravesar por un complicado perfil orográfico como es el de España.
3. La Meseta Central
La gran Meseta Central de la península: una plataforma llana y elevada.
Como comentamos en el tema anterior, los españoles tenemos una cierta tendencia a confundir España
con la Península Ibérica, o al menos, con la España peninsular. En ocasiones, esta confusión es, hasta cierto punto, lógica, ya que la España peninsular supone más del 97% del total del territorio español. En el caso del relieve, esta relación está más que justificada sin que por ello, en modo alguno, haya que menospreciar el estudio de los archipiélagos o de los territorios en el norte de África.
Así, es frecuente que al hablar del relieve español, se mencione un elemento fundamental que lo estructura y lo condiciona casi totalmente. Se trata de la gran Meseta Central. Esto es debido a su ubicación, justo en el centro de la península, y al gran tamaño que ocupa, unos 240.000 kilómetros, lo que supone prácticamente la mitad del total de superficie de la península.



Características generales de la Meseta
Una meseta se define como una superficie extensa y, por regla general, plana, situada a una determinada altitud. En el caso de la Meseta española, esta se sitúa en torno a los 650 - 660 metros, aunque existe una acusada diferencia entre la Meseta norte o septentrional, cuya altitud media es de unos 700 - 800 metros, mientras que en la Meseta sur o meridional la altitud media oscila entre 500 - 600 metros. La evolución de la Meseta a lo largo de su historia geológica es también muy significativa. De todas las unidades de relieve que existe en España es, con diferencia, la más antigua. Sus orígenes se remontan a la era Primaria, cuando durante el período carbonífero (que se inició hace unos 360 millones de años) surgió el zócalo del macizo hespérico, durante la orogenia Herciniana a finales del período pérmico hace unos 250 millones de años.
Este zócalo paleozoico resultó posteriormente arrasado por los procesos erosivos y de sedimentación que tuvieron lugar durante la era Secundaria, y que son los que le dan hoy día ese aspecto tan suave y tan llano que posee. La suavidad y peniplanización del relieve se vio alterada por los efectos de los movimientos orogénicos alpinos durante la era Terciaria. Es ese momento, al fracturarse el zócalo, se elevaron los Montes de Toledo y el Sistema Central, además de producirse un basculamiento de todo el bloque meseteño que adoptó una disposición noroeste - sudeste. Esto, como veremos en el tema 4, resulta fundamental para conocer el funcionamiento de la red hídrica peninsular, tanto en lo que suponen las cuencas, como en
las vertientes. La historia geológica de la Meseta se completa en el último de los grandes períodos o eras, el Cuaternario, en el cual nos encontramos actualmente. Durante los dos últimos millones de años, se ha vuelto a producir algo parecido a lo que sucedió durante el Secundario, aunque lógicamente, a una escala mucho menor. Esto es, se han reactivado los procesos de erosión, pero sobre todo de sedimentación que, con su actuación, están permitiendo el relleno de las cuencas de los tres grandes ríos que atraviesan.

La litología y los materiales
Este doble proceso de formación (llanuras y elevaciones), en dos momentos distintos (sedimentación y orogenias), tiene como consecuencia el hecho de que los materiales que componen la Meseta tengan a su vez dos características completamente diferentes. Por una parte se encuentran materiales muy duros y muy antiguos como granitos, gneis, pizarras, esquistos que abundan en las zonas más elevadas y más antiguas, mientras que en las zonas producto de la sedimentación, abundan las arenas y las gravas.


 



La división de la Meseta
Una unidad de relieve tan extensa como la Meseta, no puede ser estudiada con facilidad si no procedemos a subdividirla en áreas más reducidas y consecuentemente, más homogéneas. Por ese motivo, habitualmente se procede a hacer una distinción entre la submeseta norte o septentrional, que equivale básicamente a la cuenca del río Duero, y la submeseta sur o meridional, en la que se ubican las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana, separadas a su vez por una unidad de relieve: los Montes de Toledo. Las dos grandes divisiones de la Meseta quedan definidas por la presencia de un gran espolón montañoso que ocupa, en el sentido este - oeste, la zona central de este espacio: el Sistema Central. Comenzaremos con el análisis de la primera de ellas, la Meseta norte. Se trata de una gran cuenca sedimentaria que se ha rellenado a partir de la era Secundaria con el depósito de materiales erosionados por el río Duero en las cabeceras montañosas donde nace su corriente y la de
sus afluentes. Su altitud media es bastante elevada, pues supera los 700 metros, siendo en la parte oriental de unos 800 metros, mientras que en la occidental desciende hasta unos 600. Esto se debe a que va descendiendo progresivamente desde las estribaciones del Sistema Ibérico, hasta las llanuras litorales Atlánticas en Portugal. Este basculamiento adopta en general una posición que va desde el nordeste hacia el suroeste.

La Meseta norte

La Meseta septentrional se corresponde con la cuenca del río Duero. Se trata de una gran planicie en la que apenas si aparecen relieves de cierta elevación en su interior. Los sedimentos del río la han ido tapizando durante muchos millones de años hasta darle el aspecto llano que tiene hoy día. Eso ha dado lugar a unas zonas fértiles ubicadas en las zonas más próximas al río Duero, entre las que abundan la viticultura (los vinos de la ribera del Duero) y el cereal (la Tierra de Campos). Estas zonas se corresponden con la campiña arcillosa de materiales margosos, calizos y, sobre todo, arenosos.
La Meseta meridional
La parte sur de la Meseta no es tan homogénea como la zona septentrional. Esto sucede porque no hay una sola cuenca de un río, sino dos, el Tajo y el Guadiana, y ambas están separadas por los Montes deToledo. En la zona norte de la submeseta meridional se encuentra la depresión del río Tajo, que forma una serie de terrazas y de valles encajados en meandros. Los Montes de Toledo son la única unidad importante que rompe este conjunto de llanuras. Se trata de un conjunto de relieves apalachenses muy desgastados por la erosión y que por consiguiente no alcanzan una elevada altitud, aunque han sido rejuvenecidos en parte por los movimientos alpinos. Su punto culminante es el pico de Villuerca Alta, que supera por poco los 1.600 metros. La cuenca del Guadiana es más extensa que la del Tajo, y también más llana que la anterior. De este a oeste destacan un conjunto de llanuras entre las que sobresale La Mancha, en su sector oriental. El
central está ocupado por el Campo de Calatrava, en el que es posible apreciar restos de materiales volcánicos. Al oeste se encuentra la penillanura extremeña, que va descendiendo suavemente hacia las llanuras litorales Atlánticas en Portugal del Sado - Tajo. La submeseta sur es apreciablemente más baja que la septentrional, no obstante, su basculamiento es parecido, ya que las altitudes más elevadas se ubican al este mientras que desciende paulatinamente hacia el oeste hasta llegar al nivel del mar en la costa portuguesa.