Los Orígenes de la Música (1)

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población queda liberada de la obligación de producir alimentos. Esta situación se da en grandes ciudades básicamente, pero estos progresos no son iguales en todas partes. Destacan:
-Mesopotamia: valles del Tigris y Éufrates.
-China: zona de Hoan-Ho (río Amarillo)
-Egipto: valles aluviales del Nilo.
-India: en el Indo y sus afluentes.
En este período, con piedras pulidas se pueden construir instrumentos sonoros afinados a una altura determinada, requisito para una civilización musical.
Aparecen los primeros instrumentos de membranas y cuerdas, y a continuación las primeras civilizaciones metalúrgicas, que podrán fabricar mejor instrumentos con estos materiales, ampliando las posibilidades y determinando así la evolución de la música.
SONIDO Y MAGIA
El hombre primitivo debió pensar que los sonidos de la naturaleza eran cosa de magia.
Consideraron el sonido como la voz de los dioses, y creyeron que mediante la música podrían comunicarse con ellos.
Así pues, la música adquirió un carácter mágico o religioso según lugares y épocas.
En algunos lugares de la tierra algunas atribuciones han ido más lejos todavía como:
-En las concepciones filosóficas que derivan de las cosmogonías persa e hindú, el Universo proviene de una sustancia acústica (sonido inicial), y esta se transformó en materia pero no de forma total, conservando también parte del sonido.
-Los egipcios creían que la voz del dios Thot creó el mundo, y de esta nacieron cuatro dioses de igual poder y organizaron el mundo.
-El evangelio de San Juan comienza con estas palabras: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”.
Siendo estas tres versiones tan diferentes geográficamente, las tres hablan del sonido como el principio de todas las cosas.
Otra creencia era que cada ser tenía su canto secreto, por lo que en ritos de curas mágicas, el curandero debía encontrarlo para obtener poder sobre el mal del enfermo. Tal vez este canto secreto se relacionara con el timbre de la voz del hombre. De este modo, imitando dicha voz, se adquiría poder sobre ella.
En la India, para hacer llover, tocan una trompeta de caracola, creyendo que como esta procede del agua atraerá la lluvia.
También en otras tribus imitan el sonido que provocaría el efecto deseado para atraerlo.
En todas las civilizaciones conocidas, la música es considerada de origen divino, y Jacques Chailley la cataloga como la única partícula divina capturada por el hombre.
LA DANZA Y LA MÚSICA
Instintivamente, el hombre primitivo se movía a la vez que producía sonidos.
Se supone que los cantos y sonidos que acompañaban a la danza tenían asignadas propiedades mágicas (propiciar caza, atraer agua, fecundación…).
Mediante la música y la danza, el hombre esperaba obtener lo que quería, y a su vez le hacía sentirse con fuerzas sobrenaturales, pudiendo así comunicarse con los dioses.
LOS EFECTOS TERAPÉUTICOS DE LA MÚSICA: EL HECHICERO
Desde tiempos remotos se atribuyó a la música efectos terapéuticos, ya que el concepto de enfermedad era muy distinto al actual y se creía que la persona estaba poseída por malos espíritus.
El encargado de curar era el hechicero, el cual se suponía que sabía las fórmulas mágicas. En las ceremonias, la música y la danza eran muy importantes. También se usaban hierbas porque se creía que en ellas habitaba un espíritu benefactor, pero estas solamente eran eficaces acompañadas del canto adecuado.
El hechicero era respetado y temido por sus conocimientos de la magia. Estaba presente en ocasiones importantes (nacimiento, muerte...). Su música no era para agradar, sólo para influir en el espíritu del mal.
Quizá el hechicero pudiera hipnotizar a la gente, o fuera un loco, pero debió ser muy sensible a la música.
En la época antigua, fue cambiando poco a poco el concepto de enfermedad, pero pensando que esta era un castigo de los dioses por alguna falta cometida, por lo que había que expiarla para sanar.
En la Era Cristiana se creía y se sigue creyendo por ciertas personas que invocando a Dios o a la Virgen podrían ser curados. Se ha relacionado a varios santos con determinadas enfermedades (San Lázaro para curar la lepra, San Sebastián la peste…).