Síntesis teórica 2ª Platón

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2ª Síntesis teórica: La Educación

Desde un punto de vista general, todo el proceso descrito en este mito –ascensión del alma desde el mundo sensible al inteligible- hace referencia a las fases de la educación (paideia) tal como la concibe Platón. Desde los niños o la ciudadanía corriente que no ha recibido educación (prisioneros encadenados), hasta los que llegan, previa instrucción matemática (salida de la caverna), al grado sumo de conocimiento mediante la formación dialéctica (los filósofos que, habiéndose liberado de las ataduras del mundo material, de los sentidos y del cuerpo, están en condiciones de contemplar los objetos del mundo inteligible: las Formas puras o Ideas), el alma ha recorrido los cuatro grados del conocimiento (imaginación, creencia, pensamiento e inteligencia) para tener una comprensión completa de la auténtica realidad (mundo de las Ideas), donde “lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien”. Veámoslo con mayor detenimiento.
La necesidad de un conocimiento universal llevó a Platón a suponer la existencia de un mundo de eidos, Ideas o Formas, que sólo pudieran ser percibidas por la mente. Es decir, Platón, principalmente por influencia de Sócrates, está seguro de la existencia de un conocimiento universal y verdadero. Sin embargo, éste no podía ser obtenido a partir de una realidad cambiante, contingente, mutable, hecho que le llevó a la conclusión de la existencia de otra realidad con características opuestas a la anterior: eterna, inmutable, fija, que es la realidad de las Ideas.
Con esto, Platón soluciona el problema del conocimiento que había mantenido anteriormente Sócrates, su maestro, que había defendido la necesidad de un concepto estable que hiciera posible la definición para que hubiese entendimiento entre los hombres; y había superado a los sofistas, para quienes el conocimiento era relativo, no existía verdad absoluta, cada uno podía tener sus propias “verdades”, lo que le lleva a establecer una separación en la realidad, el ser: una tendrá las características del ser de Parménides, inmutabilidad, eternidad, perfección y recibirá el nombre de mundo inteligible. Sin embargo, no desprecia el concepto de realidad de Heráclito, que se lo asigna al mundo sensible, que va a tener unas características completamente diferentes al inteligible, mutabilidad, contingencia, imperfección…
Ontológicamente, las Ideas se encuentran en el mundo inteligible y no las podemos considerar únicamente como conceptos, sino que son algo real, con una realidad absoluta. Son, por tanto, inmutables, fijas, eternas y sólo accesibles a la mente. En cambio, las cosas del mundo sensible, la realidad física, tienen unas características opuestas a las Ideas, es decir, son mutables, cambiantes, múltiples, contingentes…

Paralelamente a esta división de la realidad (Ontología), Platón también establece una división en el conocimiento (Epistemología), distinguiendo el que nos proporciona el mundo sensible, la realidad física, y el que nos proporciona el mundo inteligible, las Ideas. El primero es un conocimiento imperfecto, cambiante y sin ningún valor, ya que sólo nos da una opinión.




Este conocimiento de opinión se subdivide en imaginación y creencia. Con la imaginación (representada en el mito por las sombras de los objetos portados por los carceleros) sólo conocemos reflejos o imágenes de las cosas, es el grado más bajo de conocimiento que podemos tener, mientras que con la creencia (representada en el mito por la visión de los objetos mismos), ya podemos tener un conocimiento exacto de la realidad física, de las cosas.

El conocimiento que nos proporciona las Ideas es un conocimiento inmutable, fijo, eterno, que representa la verdadera realidad, es lo que llamamos ciencia. La ciencia se subdivide, a igual que la opinión, en pensamiento e inteligencia. Con el primero conocemos los objetos inteligibles a partir de la realidad física, que tomamos a modo de hipótesis para llegar a una conclusión. Viene representado en el mito por la salida al exterior del individuo. Ese conocimiento se corresponde con la Matemática, y supone un paso fundamental para llegar al último grado de conocimiento, a la inteligencia. Con él se conocen las Ideas, pero no recurriendo a lo sensible, sino que el alma las aprehende. Viene representado en el mito por la visión del hombre liberado del mundo sensible, siendo lo último que puede llegar a ver el Sol, que vendrá a ser la Idea de Bien. Este conocimiento se corresponde con la ciencia perfecta, la Dialéctica, a partir de la cual podemos llegar a conocer las Ideas y el Bien. Sin embargo, el conocimiento no sólo requiere un aprendizaje, sino también un esfuerzo intelectual y moral del alma, que puesto que está encerrada en el cuerpo, necesita despojarse de todo lo sensible para llegar a conocer la Idea de Bien. 
En efecto, la Idea de Bien, al estar por encima de las Ideas de Belleza y Justicia, es la que dota de equilibrio a las tres partes del alma humana (concupiscible, irascible y racional) haciendo que prime esta última parte que es inmortal y la que verdaderamente conoce. Asimismo, es la causante de la Justicia: cuarta virtud que armoniza las tres virtudes que se desprenden de las partes del alma (templanza, fortaleza y sabiduría), haciendo que el hombre lleve una vida individual éticamente virtuosa. Y, por último, como quiera que de cada parte del alma se desprende también una función social (artesanos, guerreros y gobernantes), y que para que la sociedad sea perfecta debe imperar la virtud en cada una de las clases sociales, sólo aquellos que puedan poner como fundamento del Estado la Verdad y el Bien –que habrán conocido al final de su formación como filósofos casi perfectos- podrán afrontar la misión de dirigir, sabia, armoniosa y justamente, la actividad social y política.
En definitiva, la ciencia tiene por objeto Ser inmutable, que constituye a la vez el Bien absoluto, al cual tiende la vida virtuosa y es en lo que consiste la felicidad suprema del hombre. La conducta del hombre se orienta a ese fin, y la felicidad en esta vida consiste en la práctica de la virtud y el cultivo de la filosofía, sobre todo la Dialéctica. Ambos caminos conllevan a que el alma se vaya desprendiendo del cuerpo, disponiéndose a la contemplación de las Ideas y especialmente de la Idea del Bien. Ésta impulsará a los filósofos a educar a los ciudadanos, siendo, también, guía suprema del Estado perfecto.