Teología racional y teología revelada

Clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 13,45 KB

 

Desde sus inicios, el pensamiento filosófico ha practicado la reflexión teológica, la indagación racional sobre la existencia de una causa primera de todo lo que existe, que en ocasiones se ha identificado con un ser que actúa sobre el mundo dando forma a la materia, imprimiendo el movimiento o manteniendo en equilibrio el cosmos. Por otro lado, la teología revelada, entendida como la reflexión filosófica sobre los contenidos de la Revelación aparece desde los inicios del pensamiento cristianos, con los Apologistas y la Patrística, y se desarrolló durante la Edad Media siguiendo una orientación claramente agustina: se utilizó la filosofía neoplatónica para la explicación filosófica de textos sagrados. Sin embargo, esta teología era muy escriturística y ligada a la autoridad (casi todo eran citas de padres de la Iglesia y con escasa explicaciones filosóficas, pues la filosofía platónica no proporcionaba suficiente rigor técnico).

La recuperación del aristotelismo supuso, por parte de los averroístas, el tratamiento filosófico de una serie de temas habituales de la teología de corte agustino: la existencia y propiedades de Dios, la creación o la eternidad del mundo, la mortalidad o inmortalidad del alma, etc.

Los nombres utilizados por Tomás para estos dos tipos de teología son en realidad los de teología sagrada o sobrenatural y teología filosófica o natural, pues ambas teologías son discursos racionales.

La teología racional o filosófica investiga las realidades divinas, no como su objeto de estudio, sino como la causa de éste. Esta ciencia, practicada por los filósofos, es la metafísica. Al investigar las causas últimas de la realidad aparece el problema del fundamento de todo lo que existe, y a esto es a lo que llamamos Dios. Por tanto, la metafísica tiene una parte que discute sobre Dios. La teología es posible porque el hombre puede investigar la realidad de forma científica y rigurosa a partir del conocimiento sensible, buscando racionalmente causas y principios, hasta llegar a primer principio, que es Dios.

El conocimiento natural y filosófico de Dios tiene como punto de partida nuestro conocimiento del mundo, pero solo podemos llegar a Dios como causa primera del mundo, como la inteligencia ordenadora que conduce a los seres a su fin, etc., es decir, como causa que actúa sobre el mundo ad extra en el acto de la creación, y a partir de los seres del mundo (efectos), podemos remontarnos hasta su causa (Dios) y conocer algo de él.

La teología revelada, sagrada o sobrenatural tiene como objeto de estudio a Dios, pero su fuente no es el conocimiento natural del mundo (naturaleza), sino los datos de la revelación (gracia), la intimidad de Dios revelada a los hombres por Él mismo: la Trinidad, la Encarnación, etc. Con ayuda de los instrumentos lógicos y científicos que proporciona la razón humana, la teología sobrenatural reflexiona sobre los datos de la revelación y permite hacer más comprensibles los contenidos de la fe que escapan de nuestro conocimiento natural.

Pese a distinguir ambas teologías y trazar límites precisos entre ellas, pues las dos poseen objeto de estudio, métodos y criterios de justificación claramente diferenciados, Tomás señaló que puede haber conflicto entre ellas. Para solucionar este problema, distinguió entre los preámbulos de fe y los artículos de fe.

Los preámbulos de fe son las verdades que pueden ser conocidas filosóficamente pero que también han sido revelados (que Dios existe, que ha creado el mundo) y que, por consiguiente, son temas comunes a la teología filosófica y a la revelada. Por el contrario, los artículos o misterios de la fe son aquellas verdades reveladas, aceptadas por la fe, y que son objeto exclusivo de la teología revelada (Trinidad, Encarnación, Resurrección, etc.).

Entre ambas teologías hay colaboración mutua y coincidencia en sus conclusiones.

Colaboración, porque la teología racional lleva hacia la fe, nos hace recorrer sus preámbulos, que son una especie de camino preparatorio hacia esta, aunque los hombres que carecen de entendimiento para investigar filosóficamente a Dios siempre dispongan de la fe como un atajo que les permite creer. La revelación es intrínsecamente racional, aunque nosotros, por nuestra limitación solo podamos demostrar los preámbulos de la fe.

Coincidencia, porque hay una única verdad, que Dios nos ha revelado y a la que nos permite acceder por medio de la fe, un don sobrenatural infalible, pero que también puede ser desvelada en parte por medio de la razón, un atributo natural del ser humano. Ahora bien, si el filósofo o el científico yerran en sus razonamientos y alcanzan conclusiones contrarias a la fe, esta ha de actuar como norma extrínseca correctora de la razón. Por eso Tomás imputa a Aristóteles el error de afirmar cosas como la eternidad del mundo o la mortalidad del alma.

Las vías y su estructura argumentativa.

Se llama vías a las cinco demostraciones con las que Tomás intenta demostrar la existencia de Dios en la Suma de Teología, a la que pertenece el texto anterior. La Suma de Teología (de aquí en adelante ST) fue la obra cumbre e inacabada de Tomás de Aquino, una recopilación monumental y sistemática de teología filosófica y teología sagrada que, teniendo en cuenta textos revelados y siguiendo el método disputativo escolástico de las quaestiones, sirviera de texto de estudio básico en las facultades de Teología. Las vías forman parte de las exposiciones puramente filosóficas de la ST.

Tomás de Aquino concibe la ST con una estructura arquitectónica: está dividida en tres partes, y cada una de ella se desarrolla por medio de cuestiones, subdivididas a su vez en artículos. Todos y cada uno de los artículos de la ST se subdividen en los siguientes apartados:

  • Planteamiento del problema, por medio de una alternativa o dilema (o esto o lo otro). En nuestro caso, ¿existe Dios o no?
  • Procedimiento disputativo, en el que se examinan las razones en uno u otro sentido. Las razones a favor de la alternativa contraria a las tesis de Tomás se denominan “objeciones”, mientras que las favorable a la tesis de Tomás se anuncian con la expresión “en cambio”.
  • El cuerpo del artículo, la “solución” satisfactoria al problema, en el que podemos leer la tesis defendida por Tomás, y que se trata de una conclusión filosófica impuesta por medio de una demostración.
  • Por último, la respuesta a las objeciones planteadas al principio del artículo, apoyada en las tesis que se acaban de exponer en la solución.

El texto en el que se desarrollan las vías es el artículo 3 de la cuestión 2 de la primera parte de la ST (citado habitualmente como ST, I, q2, a3). El tema de la cuestión 2 es “Si Dios existe”, y se subdivide en los artículos 1º Si la existencia de Dios es evidente, 2º Si la existencia de Dios es demostrable y 3º Si Dios existe. Examinemos brevemente el contenido de los artículos 1 y 2.

¿Es evidente o no la existencia de Dios? Según Tomás, la proposición “Dios existe” no es evidente en sí misma para nosotros. Si una proposición de la forma S es P fuera evidente, el predicado estaría incluido lógicamente en la noción del sujeto o la negación de dicha proposición (S no es P) sería contradictoria o absurda. Ahora bien, no se verifica ninguna de las dos condiciones. En primer lugar, no podemos saber si el predicado “existe” forma parte esencial de “Dios”, pues para ello necesitaríamos poseer un conocimiento completo de la esencia divina y ésta, atendiendo a lo que sabemos de Dios por la fe, es inabarcable para el entendimiento humano (nuestro entendimiento es finito y no puede aprehender la esencia de un ser infinito, eterno, suprasensorial, etc.). En segundo lugar, la proposición “Dios no existe” es tan válida, en términos lógicos, como su contraria, “Dios existe”, por lo cual no es posible afirmar que la existencia de Dios sea evidente.

Tomás examina en el artículo 2º si la existencia de Dios es demostrable. Para ello considera dos tipos posible de demostración: la demostración a priori o propter quid y la demostración a posteriori o quia.

La demostración a priori o propter quid parte del conocimiento de la esencia de algo para deducir a partir de él otro conocimiento distinto, consistente en alguna de sus propiedades. Por ejemplo, de la definición de circunferencia deduzco que todos sus radios son iguales. En el caso de la existencia de Dios, sería deducir la existencia a partir del conocimiento de la esencia o noción de Dios. Este tipo de prueba es rechazada por Tomás puesto que, como hemos indicado anteriormente, el conocimiento de la esencia de Dios está fuera del alcance del entendimiento humano. La prueba a priori fue utilizada con anterioridad por el teólogo San Anselmo de Canterbury y más tarde por Descartes, y ha recibido el nombre de “argumento ontológico”.

La demostración a posteriori o quia parte de unos hechos o efectos y se remonta, a partir de ellos, hasta la existencia necesaria de una causa, aun sin conocer plenamente la esencia de esta. Es la única prueba adecuada para demostrar la existencia de Dios, pues se basa en los hechos del mundo (efectos) y deduce la existencia necesaria de una causa primera, a la que identifica con la noción de Dios procedente de la revelación.

Tomás desarrolla la prueba a posteriori de cinco maneras distintas —las célebres “cinco vías”—, aunque adopta en todas ellas la misma estructura argumentativa. Dicha estructura es la siguiente:

  • Como punto de partida, un efecto universal manifiesto en los seres singulares que constituyen el objeto del conocimiento humano, esto es, un hecho de la experiencia sensible. Los puntos de partida adoptados son la existencia del movimiento (1ª), la concatenación de causas eficientes (2ª), la existencia de seres contingentes (3ª), la gradación de perfección en los seres (4ª) y la ordenación a un fin (5ª),
  • El principio de causalidad eficiente, aplicado al hecho anterior. En cada vía, la formulación del principio de causalidad es distinta, pues depende del tipo de efectos que se tienen en cuenta en el punto de partida de la prueba: todo lo que se mueve es movido por otro (1ª), nada es causa de sí mismo (2ª), todo ser contingente tiene su necesidad en otro (3ª), participa de la perfección de otro ser más perfecto (4ª) y es orientado a su fin por otro (5ª).
  • Un corolario del principio de causalidad eficiente: es imposible un proceso infinito en la serie de causas subordinadas. Esto se debe a que sin una causa primera, toda la serie de causas o motores intermedios no moverían, y eso entrañaría la inexistencia del movimiento, cosa notoriamente absurda, pues hay seres que se mueven, efectos producidos por causas, etc.
  • Una conclusión, que consiste en la existencia de una Causa Primera del hecho del que se parte y que es adecuada al punto de partida de cada vía y a la perspectiva del principio de causalidad que se ha tenido en cuenta: primer motor inmóvil (1ª), causa eficiente incausada (2ª), ser absolutamente necesario (3ª), ser máximamente perfecto (4ª) e inteligencia ordenadora (5ª)
  • La  identificación de la Causa Primera con el significado del nombre “Dios” que conocemos a través de la Fe.

La demostración racional abarca, hablando estrictamente, los pasos 1º al 4º. La conclusión de una demostración racional no puede ser “Dios existe”, porque, para que eso ocurra, las premisas de la demostración deben ser anteriores, mejor conocidas y causales con respecto a la conclusión; y eso exigiría un conocimiento racional completo de la esencia divina, lo cual es imposible, como ya hemos mencionado.

 La Razón solo puede demostrar la existencia de una Causa Primera del orden físico o natural, en el cual tienen lugar nuestras operaciones cognoscitivas y al cual pertenecemos. Pero como esa conclusión racional (“existe una causa primera”) es congruente con lo que entendemos por Dios a través de la Revelación, la demostración no hace sino confirmar lo que la Fe ya nos había enseñado. El 5º y último paso es un salto de adhesión desde la Razón hasta la Fe: es razonable creer en la existencia de Dios.