Trabajos Heracles 1-7

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EL LEÓN DE NEMEA: Heracles se dirigió a Tirinto y cumplió lo que Euristeo le había ordenado. En primer lugar le encomendó traer la piel del león de Nemea, animal invulnerable engendrado por Tifón. Durante su caminar en busca del león, llegó a Cleonas y se hospedó en casa del jornalero Molorco; cuando se proponía ofrecer un sacrificio, Heracles le dijo que aguardase treinta días y que, si regresaba sano y salvo de la cacería, ofreciera el sacrificio a Zeus Salvador, pero que si moría se lo ofrendara a él mismo como héroe. En cuanto llegó a Nemea y siguió el rastro del león, disparó sus flechas contra él y al percatarse de que era invulnerable, con la maza en alto emprendió la persecución; cuando el león se refugió en una cueva de doble boca, obstruyó una de las entradas y penetró por la otra en busca de la fiera; luego le rodeó con una mano el cuello y lo mantuvo apretado hasta estrangularlo y, cargándolo sobre sus hombrtos, se lo llevó a Cleonás. Al encontrarse con que Molorco se disponía a sacrificar en su honor una víctima creyéndolo muerto, se la ofrendó a Zeus Salvador y llevó el león a Micenas. Pero Euristeo, consternado ante su valor, le prohibió que en lo sucesivo penetrase en la ciudad y le ordenó que exhibiera sus hazañas delante de las puertas. Se dice que, lleno de miedo, dispuso una tinaja de bronce para esconderse bajo tierra y que le transmitía las órdenes de los trabajos enviándole como mensajero a Copreo, el hijo de Pélope, el eleo. Este Copreo, tras dar muerte a Ífito, se había refugiado en Micenas, en donde, luego de ser purificado por Euristeo, se había instalado.

LA HIDRA DE LERNA: Como segundo trabajo le ordenó matar a la Hidra de Lerna. Ésta se había criado en el pantano y solía salir al lano y destruir ganados y tierras. Poseía la Hidra un cuerpo de descomunal tamaño, con nueve cabezas, ocho mortales y la del centro inmortal. Heracles, por tanto, llegó a Lerna montado en un carro conducido por Yolao, e hizo detenerse a los caballos; cuando descubrió a la Hidra en una colina, junto a las fuentes de Amimone donde estaba su madriguera, la obligó a salir arrojando contra ella flechas ardiendo y, cuando salió, la dominaba y manteína sujeta; sin embargo ella, enroscándose en torno a uno de sus pies, se aferraba a él, nada positivo lograba al golpear con la maza sus cabezas, peus cada vez que machacaba una, brotaban en su lugar dos. Además acudió en ayuda de al Hidra un enorme cangrejo que le mordió el pie; lo mató y a su vez también él llamó en su ayuda a Yolao, que prendió fuego a una parte de un bosque cercano y, quemando con los tizones los raigones de sus cabezas, impidió que brotasen de nuevo. Una vez que de esta forma superó la proliferación de sus cabezas, le cortó la cabeza inmortal y la enterró colocando encima una pesada piedra, junto al camino que conduce hacia Eleúnte a través de Lerna. Luego abrió el cuerpo de la Hidra y empapó las flechas en su bilis. Sin embargo Euristeo djo que este trabajo no debería contabilizarse entre los diez, ya que había superado a la Hidra no solo, sino con la ayuda de Yolao.

LA CIERVA CERINITIA: Como tercer trabajo le ordenó traer viva a Micenas la cierva cerinitia. La cierva se hallaba en Énoe, tenía los cuernos de oro y estaba consagrada a Ártemis, por ello Heracles, que no deseaba ni matarla ni herirla, la persiguió durante todo un año. Pero cuando el animal, cansado por la persecución, se refugió en el monte llamado Artemisio y desde allí pasó al río Ladón, Heracles, disparando contra ella sus flechas al ir a cruzarlo, la capturó y, cargándola sobre sus hombros, se apresuró a atravesar Arcadia. Sin embargo, Ártemis, que junto con Apolo se topó con él, intentó arrebatársela y le reprochó haber intentado matar a un animal a ella consagrado. Heracles adujo que lo había hecho por obligación y, diciendo que el culpable era Euristeo, logró aplacar la cólera de la diosa y llevó el animal vivo a Micenas.

EL JABALÍ DE ERIMANTIO: Como cuarto trabajo le ordenó traer vivo al jabalí de erimantio. Este animal arrasaba la Psófide, irrumpiendo desde un monte llamado Erimanto. Heracles a su paso por Fóloe se hospedó en la casa del centauro Folo, un hijo de Silenio y de una ninfa melia. Éste ofreció a Heracles carne asada, mientras que él mismo se la servía cruda. Al pedirle vino Heracles, le dijo que temía abrir la tinaja que era propiedad común de los centauros. Sin embargo Heracles, animándole a que no tuviera miedo, la abrió y no mucho después los centauros, sintiendo el olor, se presentaron en la cueva de Folo armados con piedras y palos. A los primeros que se atrevieron a entrar, Anquio y Agrio, Heracles los rechazó arrojando contra ellos tizones, y a los demás los persiguió hasta Malea disparándoles flechas. Desde allí corrieron a refugiarse junto a Quirón, que, expulsado del monte Pelión por los lapitas, se había instalado cerca de Malea. Al disparar Heracles contra los que se habían agrupado en torno a éste, lanzó una flecha que, tras atravesar el brazo de Élato, fue a clavarse en la rodilla de Quirón; apenado por ello Heracles, corriendo hacia él le extrajo la flecha y le aplicó un ungüento que le dio Quirón. Éste, ya que la herida que tenía era incurable, se retiró a la cueva; y allí, como deseaba morir y no podía ser inmortal, Prometeo se ofreció a Zeus para ser él mismo inmortal en lugar de aquél, y de este modo consiguió morir. Los demás centauros huyeron cada uno a un sitio: unos se dirigieron al monte Malea, Euritión a Fóloe y Neso al río Eveno. A los restantes los acogió Posidón en Eleusis y los ocultó en el monte; Folo extrajo de un cadáver una flecha y se maravillaba de que algo tan pequeño pudiera destruir a seres tan enormes, pero la flecha se resbaló de su mano y, yendo a caer a su pie, lo mató al instante. Cuando Heracles regresaba a Fóloe, vio muerto a Folo y, después de enterrarlo, se fue a la caza del jabalí; haciéndolo salir de un matorral a gritos, lo empujó agotado hasta un espeso nevero y, luego de trabarlo con un lazo, se lo llevó a Micenas.

LOS ESTABLOS DE AUGÍAS: Como quinto trabajo le ordenó sacar en un solo día el estiércol de los ganados de Augías. Era Augías rey de Élide, hijo según unos de Helio y según otros de Posidón o de Forbante, y tenía muchas cabezas de ganado. Heracles llegó ante él y, sin revelarle el encargo de Euristeo, declaró que sacaría fuera en un solo día el estiércol si le entregaba la décima parte de sus ganados; y Augías, aunque no le creía, se lo prometió. Heracles tomó como testigo a Fielo, el hijo de Augías, y, abriendo una brecha en los cimientos del establo, desvió los cursos del Alfeo y del Peneo, que corrían cerca, y los hizo pasar por allí abriendo una salida por otro lugar. Sin embargo, cuando Augías se enteró de que lo había realizado por encargo de Euristeo, no le pagó la suma acordada y aún más, incluso negaba que se hubiera comprometido a pagarla y decía que estaba dispuesto a someterse a juicio sobre este asunto. Una vez que los jueces tomaron asiento, Fileo, llamado por Heracles, testificó contra su padre declarando que había acordado darle una recompensa; encolerizado Augías, antes de que se celebrara la votación, ordenó a Fileo y a Heracles abandonar Élide. Así, Fileo se dirigió a Duliquio y allí fijó su residencia; en cuanto a Heracles, marchó a Oleno junto a Dexámeno y lo encontró cuando estaba a punto de desposar por fuerza a su hija Mnesímaca con el centauro Euritión; al llamarlo Dexámeno en su ayuda, mató a Euritión cuando iba en busca de su novia. Pero Euristeo tampoco aceptó este trabajo entre los diez, aduciendo que lo había realizado mediante pago.

LAS AVES DE ESTINFALO: Como sexto trabajo le encomendó ahuyentar las aves estinfálidas. Había en la ciudad de Estínfalo, en Arcadia, una laguna llamada estinfálide, oculta por un abundante boscaje; en ella buscaban refugio incontables aves, temerosas de ser pasto de los lobos. No sabiendo Heracles cómo apartarlas de los matorrales, Atenea le entregó unos crótalos de bronce que había recibido de Hefesto. Haciéndolos resonar desde un monte que había junto a la laguna, asustó a las aves, que, sin poder soportar el estrépito, levantaron el vuelo aterrorizadas y de esta forma Heracles las atravesó con sus flechas.

EL TORO DE CRETA: Como séptimo trabajo le encargó traer el toro de Creta. Acusilao dice que éste era el que por encargo de Zeus había transportado a Europa, pero otros afirman que era el toro que Posidón hizo brotar del mar cuando Minos dijo que sacrificaría a Posidón lo que apareciera desde el mar; cuentan también que al contemplar la belleza del toro, lo incorporó a sus rebaños y sacrificó otro a Posidón, y que, indignado por ello el dios, hizo que el toro se volviera salvaje. Así pues, Heracles llegó a Creta en su busca y, cuando Minos al pedirle él ayuda le dijo que se enfrentara con él y lo capturara, lo atrapó y, llevándolo a presencia de Euristeo, se lo mostró y seguidamente lo dejó libre. El toro vagó por Esparta y toda Arcadia y, tras atravesar el Itsmo, llegó a Maratón en el Ática, y allí causaba estragos a sus habitantes.