El ámbito ...(t1)

Cursos de Naturaleza y Medio Ambiente

Clasificado en Trabajos de Otras materias de Oposición.

Escrito el 17 de Diciembre de 2009 en esEspañol y con un tamaño de 31.637 bytes.


  1. El ámbito de lo sagrado y lo formal: lo 1º que salta a la vista al observador de la experiencia religiosa son dos espacios vitales en los que el sujeto religioso se mueve de manera diferente: por una parte está el mundo de la vida ordinaria y por otra el mundo aparte de personas, objetos y símbolos de la vida religiosa.

En el 1º el sujeto se mueve con espontaneidad; en el 2º, cierto estupor. Para designar este 2º ámbito de la religión utilizamos el término clásico de lo sagrado. Al hablar de lo sagrado, no nos referimos a una realidad distinta de la profana: lo sagrado es la misma realidad natural en cuanto apela a una presencia última.

En el ámbito de lo sagrado, podríamos compararlo metafóricamente con un espacio distinto en el que se entra a través de una puerta invisible por la interpelación de algo a ALGUIEN supremo que se hace presente. Con lo sagrado no aludimos al término de la actitud religiosa ni a lo elementos subjetivos que esta comporta ni a las acciones en que se expresa, sino a un clima o atmósfera distintos en los que todas estas cosas aparecen inmersas durante la vivencia religiosa.

Lo sagrado no es una forma acotada de la realidad, sino una forma peculiar de ser y de aparecer el hombre y la realidad en su conjunto, que surge cuando aparece lo religioso.

El paso que pueden dar las cosas desde un comportamiento neutro a un comportamiento religioso ha sido calificado por Mircea Eliade como una cultura de nivel, que le permite al hombre el acceso a un orden de ser diferente y definitivo.

Esta ruptura de nivel es la que da lugar a la constitución de lo sagrado como un mundo específico en relación con lo profano.


  • Ruptura de nivel: ej.: ante un gran nogal, mientras el hambriento piensa en sus frutos, el industrial calcula el precio de su madera, el carpintero proyecta un mueble, el ingeniero agrónomo sueña con una repoblación forestal… todos estos se mueven en un ámbito profano.

El hombre religioso, en cambio (quizás el mismo hambriento, industrial, ebanista o ingeniero de antes), en un preciso momento se siente sobrecogido por las fuerzas secretas que se rebelan en ese árbol, por su vejez secular (de signos), por la fortaleza con que resiste a los elementos naturales… y de entrada queda sorprendido al verse él también afectado por esas mismas fuerzas superiores. Se encuentra en un ámbito sagrado.


  1. Características de lo sagrado:

  • Lo sagrado es original y totalizador:en la experiencia religiosa lo sagrado se presente al hombre como la razón de ser de lo profano y su origen mismo. Todas las cosas profanas en su más íntima esencia son sagradas al estar invadidas por la trascendencia; de ahí el carácter totalizador de lo sagrado.

  • Lo sagrado es previo y anterior: el hombre creyente no percibe lo sagrado como una proyección de la subjetividad interne hacia afuera, sino como algo que engloba previamente tanto a los aspectos subjetivos de la experiencia religiosa (reacciones anímicas, actitudes, instituciones, personas…) y también como algo anterior a cualquier confesión religiosa concreta.

  • Lo sagrado no altera la entidad física de los seres:las cosas y los hombres que se hallan inmersos en el ámbito de lo sagrado no experimentan por ella ninguna alteración en su naturaleza, en sus propiedades ni en su apariencia externa.


  1. LA REALIDAD DETERMINANTE DEL ÁMBITO DE LO SAGRADO: EL MSTERIO.

El cristianismo identifica el misterio como “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Pero otras tradiciones se refieren a él con otros nombres, como “el inefable”. Por eso, para que nuestra descripción abarque a todas las religiones de la historia vamos a designarlo como el misterio según expresión acuñada por R. Otto en su obra titulada “Lo santo”. Dada la absoluta superioridad del misterio, no es posible describirlo por contemplación directa o inmediata: en tal caso, dejaría de ser incontrolable y absoluto. Solamente puede abordársele en el sujeto religioso.


Características del misterio:


  • Real e indemostrable: real porque el misterio no es una invención del hombre religioso para explicar lo humanamente inexplicable; está ahí y se impone indiscutiblemente cuando quiere y con todo el peso de su existencia. Esto explica que cuando el pensamiento humano ha querido expresar esta existencia del misterio haya utilizado fórmulas como las de ser puro o ser necesario que no debe su existencia a nada ni a nadie, sino solamente a sí mismo.

Y sin embargo, esa experiencia del misterio es indemostrable, porque el hombre religioso no puede recurrir a ninguna prueba racional para demostrar a otros una presencia que se le impone con absoluta independencia de su esfuerzo por conseguirla, ni puede recurrir a explicaciones científicas para dar cuenta de su naturaleza. Es el que es, es decir, el innombrable.


  • Trascendente e inmanente: trascendente porque el misterio carece en nuestro mundo de un punto de comparación para explicar su ser y de un medio técnico para controlar su acción. Por eso, algunos autores se refieren a él con la expresión “lo totalmente otro”, lo absolutamente distinto a todo lo conocido y desconocido.

Sin perder su trascendencia, el misterio es inmanente a todo, haciéndose presente en el fondo subjetivo del hombre mismo. San Agustín dirá sin dejar de ser (más elevado y superior que lo más elevado y sumo de mí) es al mismo tiempo algo que está en lo más interior de mi.


  • Activo y comprometedor: activo porque la presencia inmanente del misterio en nuestro mundo no es meramente pasiva, sino que se le presenta a la conciencia religiosa dotada de un poder dinámico y una fuerza eficaz que da razón de ser y de obrar de todos los demás seres existentes. Por eso, algunos autores han colocado esa potencia activa en el centro de todo el mundo de lo sagrado.



Comprometedor porque esa fuerza poderosa no anula la libertad del hombre o provoca su reacción de forma mecánica. Por el contrario, respetando la libertad del hombre, solicita su respuesta y promueve su compromiso voluntario en orden a secundar la acción del misterio en este mundo.


  • Valioso y gratuito: en efecto, el misterio es una realidad sumamente valiosa; vale por sí misma y confiere valor a todo lo que existe. O en expresión de Juan Martín Velasco “la que es digna de ser en sí misma y hace digno de ser a todo lo que es”.

Gratuito porque el bien supremo, el misterio vale, pero por poseer esa bondad en grado sumo, no siempre. Podríamos decir que da sentido último pero no utilidades inmediatas. Vale por lo que es, no por lo que procura o promete al hombre. No es manipulable por el hombre para despejar sus incógnitas ni para satisfacer sus deseos. Por eso lo llamamos gratuito.


  • Tremendo y fascinante: tremendo porque el misterio se presenta con absoluta trascendencia, con majestad soberana y con poder y actuación eficaz sobre el hombre.

Fascinante porque el misterio posee un atractivo irresistible por su inmaculada belleza, por su bondad suprema, por su inmaculada santidad y por su inmenso valor que a mí me valoriza.


  • Personal y silencioso: muchas representaciones del misterio o de lo divino han adoptado históricamente formas inanimadas de elementos de la creación: astros, montañas, ríos, árboles, animales…

Este hecho, sin embargo, no se opone al carácter personal que atribuimos al misterio. La razón está en que lo importante no es la atribución a la divinidad de las propiedades espirituales, sino la calidad de relación que la persona establece con el misterio a través de la mediación de una imagen cualquiera.

Esta relación es auténticamente interpersonal desde el momento en que el misterio deja sentir su presencia en el hombre religioso, actuando sobre él y su entorno, interpretando sus actitudes, suscitando su respuesta, provocando su opción: funciones todas propias de una relación intersubjetiva.

La estructura personal que ofrece el misterio no impide a la experiencia religiosa de su silencio. Aunque en el cristianismo la divinidad ha sido caracterizada como palabra o verbo, el silencio de Dios no ha dejado de ser denunciado sobre todo en la actualidad, dando origen a multitud de corrientes de opinión: el deísmo, la secularización e incluso el ateísmo o la muerte de Dios: “si Dios calla quizá se deba a que no existe o a que ya ha muerto”.


  1. LAS MEDIACIONES OBJETIVAS DEL MSITERIO: LAS HIEROFANÍAS.

La trascendencia constituye la realidad determinante de lo sagrado; que esta trascendencia mantiene una relación constante con el hombre y que sin ella no surgiría el ámbito del sagrado.

Para que esta relación sea posible son necesarias las mediaciones, sin las cuáles serían imposibles tanto la presencia del misterio en el orden intramundano como la toma de conciencia de esa presencia por parte del hombre y su respuesta a la misma. A estas mediaciones las llamamos hierofanías.

Las hierofanías son el conjunto de realidades de todo orden presentes en el mundo de las religiones y que coinciden en la función de presencializar en el orden mundano para el hombre esa realidad perteneciente a un orden de ser enteramente diferente y que hemos designado con el nombre de misterio.

Por tanto, se trata de una serie de relaciones mundanas que sin dejar de ser lo que son remiten a la realidad invisible del misterio.

La existencia de las hierofanías es un hecho fácilmente observable en todas las religiones. En todo existe una multitud de realidades del mundo a través de las cuáles el sujeto ha reconocido la presencia de la realidad suprema. Tales han sido el cielo, los astros, la tierra y los fenómenos naturales, los acontecimientos de la historia, las mismas personas y sus obras.

Además de muy numerosas, esas variables son muy variadas. En la historia de las religiones, las hierofanías han sufrido transformaciones importantes. Toda historia religiosa es un proceso permanente de socialización de determinadas realidades, antes tenidas pro profanas y de secularización de las antes tenidas por sagradas.


Rasgos esenciales: las hierofanías poseen rasgos esenciales:


  • Se presentan como constelaciones o conjuntos de realidades mutuamente relacionadas. Estas constelaciones componen 3 grupos principales; que caracterizan a las grandes familias de religiones: la naturaleza (el cielo y los astros, la tierra y la fecundidad), la historia y los acontecimientos en los que se realiza, y la persona humana, sus funciones y acciones más importantes.

  • Muestran una correspondencia estrecha con la situación cultural y social del hombre o del pueblo que las vive. Una cultura variada suele tener sus hierofanías propias tomadas generalmente del cielo y de sus elementos. Una cultura sedentaria y agrícola toma por lo general sus hierofanías de la tierra y los fenómenos relativos a la fecundidad, etc.… y es frecuente que el cambio de situación comporte un cambio en las realidades tenidas por hierofanías.


  1. TIPOLOGÍA DE LAS HIEROFANÍAS:

  • Espacio y lugares sagrados: los lugares en los que se experimenta la irrupción de la divinidad por la que ésta comparte el espacio de los hombres quedan sacralizados en todas las religiones y se constituyen en un centro vocal en referencia al cuál se ordena todo el espacio circundante. En ellos se erigen los altares y se constituyen los templos para eterno memorial del suceso. Basta recordar los conocidos ejemplos de Jerusalén, La Meca, Fátima…

A partir de aquí a lo largo de la historia de las religiones, son numerosos los ejemplos de la simbología sagrada a partir de elementos naturales:

  • El cielo: tiene una especial significación religiosa porque expresa la inaccesibilidad, la trascendencia y la dinamicidad del misterio. Por eso, la fe cristiana coloca a Dios metafóricamente en los cielos.

  • Los astros: sobre todo el sol y la luna, cuyo simbolismo está ligado a las fuerzas telúricas que rigen rítmicamente los progresos vitales de la naturaleza vegetal, animal y humana, marcando la recurrencia de los días, los meses y los años.

  • El agua: ha quedado divinizada por las religiones de manera ambivalente: como origen de la vida (agua de la lluvia o de los ríos) encarnada en los dioses fluviales; y como origen de la muerte (aguas torrenciales y devastadoras, aguas amargas del mar…) que son morada de los poderes malignos.

  • El fuego: por sus propiedades de luz y de calor, por sus efectos de destrucción y purificación, ha sido considerado en muchas religiones como una especial teofanía, signo de la presencia divina, don de Dios a los hombres o fruto del hurto de un personaje mítico, Prometeo, expresión de la cólera divina (el rayo), medio de consagración y objeto de culto, encarnación de los demonios o de los dioses lares.

  • El aire: por su sutileza inaprensible simboliza el carácter trascendente de la divinidad, sin definición y sin cuerpo; en su impetuosidad huracanada se manifiesta el poder de Dios, incontrolable por el hombre; en la respiración es signo del principio vital o de espíritu que procede de Dios.

  • La tierra: representa simultáneamente el seno matriz y nutricio para todos los seres vivos de ahí su espontáneo simbolismo de la fecundidad y más específicamente de la maternidad según esta ecuación: tierra-madre-mujer como portadoras de poderes vitales instintivos sujetos a ciclos de alternancia pero al mismo tiempo que útero materno para los vivos la tierra es fosa para los muertos de ahí su simbolismo que apela a la experiencia de la muerte.

  • El árbol: su sentido religioso depende del análisis de su simbolismo espontáneo haciendo de él uno de los lugares sagrados. La altura del árbol lo convierte en sede de preferida de la divinidad. Su forma embiesta y su desarrollo ligado al cielo cósmico de la vida (semilla, flor, fruto) representa el fallo humano, punto de concentración de fuerzas vitales: es el árbol de la vida.

  • Los animales: en las religiones de los pueblos cazadores o ganaderos sobresale la sacralización de los animales. La afinidad de la naturaleza entre animales y hombres, la dependía que el hombre padece de la fauna marítima o terrestre para sui propia subsistencia, la creencia de la transmigración de las almas humanas a cuerpos animales, etc.… Son otros tantos factores que han llevado al hombre a considerar a determinados animales como lugares de la presencia de fuerzas sobrenaturales y a darles culto bajo representaciones zoomorfas.


  • EL TIEMPO SAGRADO: todos los momentos del tiempo que marquen especialmente la evolución cíclica de la naturaleza y la marcha de la historia humana sugieren espontáneamente la intervención de fuerzas misteriosas por eso quedan sacralizados en casi todas las religiones:


- La noche: con sus poderes ocultos.

- La alborada: con el despertar de la actividad.

- La primavera: con la renovación de la naturaleza.


Por eso en todas las religiones se dan fechas importantes en los que el creyente entiende que la divinidad interviene en el presente repitiendo su actuación primordialmente o anticipando su actuación definitiva; estas fechas son las fiestas.


  • EL SER HUMANO Y SUS ACTIVIDADES:


  • El amor: es una potencia humana que pertenece en todas las religiones al orden de las realidades de lo divino. La razón de esto estriba en m la fuerte repercusión emotiva isomática de la vivencia amorosa que va desde el éxtasis a la muerte y que lleva a los más sublimes heroísmos a los más ciegos egoísmos. Esta ambivalencia explica la doble valoración que se ha hecho del amor en las religiones históricas. Todas las realidades personales vinculadas con el amor participan de un carácter hierofánico: el sexo, la maternidad, el matrimonio, la familia, etc. Como lo prueban bien la existencia de la fecundidad femenina y masculina, la maldición de la esterilidad o la impotencia.


  • La familia: proporciona el primer acceso al mundo de la relación madre-hijo nos pone en contacto con las fuentes incógnitas y protectoras de la vida. La relación paterna significa autoridad, providencia, exigencia de orden y disciplina. La relación entre hermanos supone comunidad de sangre e impone fidelidad y solidaridad. Según esto la recurrencia del título Dios-Padre, Dios-Madre, en la historia religiosa humana prueba que son figuras aptas por su carácter hierofánico para referirse a la relación con la divinidad, término último al que apunta toda otra relación interpersonal.


Nos referimos a grupos étnicos, culturales, religiosos, políticos, gremiales etc. Más amplios que la familia y en los que el individuo se integra por necesidad o por voluntad. La sociedad es mediadora en la experiencia religiosa del hombre de varias maneras:

Sacralizando sus orígenes: cuando el grupo en cuestión se entiende fundado por una decisión expresa de la divinidad.

Haciéndose acreedor de un futuro utópico de esplendor por intervención de dios.

Monopolizando en el presente el encuentro con la transcendencia y descalificando en consecuencia a los demás grupos para el mismo fin.

Posibilitando el encuentro con la tradición sagrada de los mayores y los antepasados.

Dando un respaldo de inviolabilidad a las instituciones sociales propias, absolutizando sus valores creando pautas de conductas, vinculante etc.

ACTIVIDAD HUMANA en su más amplia afección:

Saberes liberales creación artística labores manuales. El hombre siempre ha reaccionado con estupor religioso de su inteligencia o de sus habilidades viendo en su trabajo una especial zona de manifestación de poderes sobrehumanos que superan su capacidad innata: la comprensión intelectual es el resultado de la inspiración de un LOGOS divino,


  • La conducta moral: en sus dos extremos de santidad o de culpa manifiesta la ausencia activa de poderes divinos, benéficos o maléficos. La virtud heroica inasequible para el hombre ordinario solo puede ser fruto gratuito de una fuerza sobrenatural que hacen de los santos, la creencia en su intercepción, la devoción por sus sepulcros o sus reliquias. En el sentimiento de culpabilidad por el contrario el creyente entiende que ha transgredido un tabú o ha roto una relación amistosa con su Dios; la primera le concierne en impuro o manchado y la segunda en inicuo enemigo de Dios. En cualquier caso siente que debe poner en marcha unos mecanismos rituales para conjurar la ira divina y para obtener el perdón.


  • La muerte: y todos sus afines como el dolor, la enfermedad y el sueño con otro campo hierofánico de especial significación en el que el hombre se encuentra abocado al mundo desconocido del mas allá donde habita la trascendencia y en el que entran los difuntos.

Los muertos pertenecen por tanto a la esfera divina, lo que justifica en las religiones su veneración en calidad de dioses.

Tags:t1,ámbito,el fuego,el agua,el aire,el árbol
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