Que son las encomiendas del Siglo XVI

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ENCOMIENDAS. Con la llegada de Colón a América en 1492 los indígenas fueron diezmados, sometidos a rescates, encomiendas, requerimientos o mitas, explotados en obrajes, minas y plantaciones y agrupados en congregaciones y reducciones.

La encomienda se refiere a un tipo de relación de dependencia medieval por el que los campesinos se ponían bajo protección de un señor a cambio del pago de un censo o renta y a los territorios de las órdenes militares concedidas a un comendador. Se trasladó a América (Real Provisión de Diciembre de 1503) para designar a la institución que entregaba indios a un colono a cambio de que éste percibiera los tributos, los protegiera y evangelizara con una minuciosa regulación del régimen de trabajo, jornal o alimentación, frecuente en las Antillas, siendo en el continente más habitual la entrega de tributos al encomendero.

Las encomiendas permitieron a la Corona el dominio, aculturación y evangelización de los nuevos territorios, si bien a menudo se utilizaron como un medio de explotación próximo a la esclavitud. El sermón de Montesinos y la polémica de los “Justos Títulos”, con figuras como De las Casas o F. Vitoria que consideran al indio un ser racional y libre por lo que defienden una colonización pacífica y evangelizadora y otras como Ginés de Sepúlveda que legitiman la guerra de conquista, llevó a aprobar las Leyes de Burgos (1512) que establecen pautas para garantizar el buen trato a los indios. Las leyes Nuevas (1542) intentan poner fin a la encomienda prohibiendo heredar y entregar nuevas encomiendas, si bien siguieron existiendo hasta 1718 por su necesidad económica.


La Inquisición romana, creada en el siglo XII para perseguir herejías como la de los cátaros, fue desconocida en Castilla y apenas actuó en Aragón. La Inquisición española se implantará con los Reyes Católicos (1478 en Castilla, 1483 en Aragón) buscando solucionar le problema judío, eliminar la herejía y lograr la unidad de fe en el contexto de formación del Estado moderno que busca la uniformidad fiel a ese ideal de “un rey, una ley, una fe”. Fue un arma política (caso de Antonio Pérez) si bien su introducción no estuvo exenta de problemas como demuestra el asesinato de Pedro Arbués.

Dependía de los reyes y a la cabeza se encontraba “La Suprema” presidida por el Inquisidor General (destacaremos a Torquemada y sus “instrucciones viejas”). Más abajo los tribunales inferiores se formaban por calificadores, fiscales familiares, notarios, secretarios, médicos, alguaciles…

Tras la denuncia anónima los bienes quedan intervenidos y se inicia el proceso secreto. Era habitual la tortura (potro, garrucha, toca…) para sacar la confesión. Si la sentencia era condenatoria el reo era penitenciado, reconciliado o quemado.

Las penas estaban tipificadas (sambenitos, azotes, destierros, multas, cárcel, galeras…) reservándose la pena de muerte para no arrepentidos y reincidentes graves tras los autos de fe.

Sus víctimas fueron los marranos, moriscos, protestantes y cualquier colectivo que atentara contra la buena moral (brujas, hechiceros, homosexuales, místicos…). Se procede a la represión cultural a través de los Índices de Libros Prohibidos

En el Siglo XVIII la Inquisición choca con las ideas ilustradas. Las Cortes de Cádiz la suprimen, es restaurada en 1814, suprimida de nuevo durante el Trienio liberal. La Década ominosa la devolverá a la vida hasta que en 1834 se elimine definitivamente

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