Fue una tarde triste y soñolienta

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Fue una tarde triste y soñolienta El tema principal del texto se localiza en sus últimos versos, concretamente en el diálogo que mantiene la fuente con el poeta; en él la fuente intenta hacer recordar al poeta un sueño que por el tiempo transcurrido ya resulta demasiado lejano.//Este diálogo entre la fuente y el poeta se desarrolla en un espacio y un tiempo perfectamente localizados en el poema: Tiempo: tarde de verano. Espacio: parque. Con una serie de elementos importantes: la hiedra sobre el muro; el hierro mohoso de la vieja cancela que rechina y rompe el silencio; y, sobre todo, la fuente y el agua con su vieja y lejana canción.//En una clara y triste tarde de verano y en un parque cuyos elementos (hiedra, cancela, hierro, etc.) notan el paso del tiempo y el abandono que sufren, el poeta entabla un diálogo con la fuente, con el agua que de ella mana. A la pregunta que ésta le hace: el recuerdo de un sueño lejano, el poeta confiesa su imposibilidad de recordar aunque es consciente del largo tiempo pasado.//Como si de una escena cinematográfica se tratara, podemos imaginar perfectamente los movimientos del poeta, su aproximación al parque y la primera visión de éste: la hiedra que sobresale del muro, la llegada a la cancela y cómo al introducir y mover la llave rechina en la cerradura, el ruido de la verja mohosa que se cierra con un golpe que rompe el silencio sepulcral y, sobre todo, sus pasos como atraídos por una llamada que no puede evitar, de la que no puede librarse: la vieja canción del agua que mana de la fuente. Pero si este es el espacio que se nos describe en el poema, no menos importante para éste es la coordenada temporal en la que la escena se desenvuelve: una tarde de verano, a la que el poeta adjetiva con abundancia: “clara”, “soñolienta”, pero sobre todo “triste” y “muerta”.//Como triste y muerto está el parque: la hiedra asoma “negra y polvorienta” por encima de los muros; la cancela rechina y los hierros de la verja aparecen mohosos: descuido, abandono, silencio, soledad. No hay vida en ese parque que el hombre ha abandonado hace ya mucho tiempo. Todo induce a la muerte, hasta el momento del día que ha elegido el poeta para ambientar el texto: una tarde ya muerta.//Y aunque la fuente vierte su agua sobre “blanco mármol” (otro símbolo de muerte) con monotonía, es el único elemento del espacio que tiene aún vida. El agua corre, aunque monótonamente no olvidemos, y su canción es la única nota de alegría, de vida en una naturaleza muerta; sólo la fuente, la copla sonora que su agua canta, tiene la capacidad de entablar con el poeta un breve diálogo. La pregunta que aquélla le dirige intenta despertar en éste sus viejos sueños, quizá aquellos ideales o ansias juveniles, aquel deseo de vivir que en otro tiempo, ya muy lejano, alentó al poeta. La respuesta de éste, teñida de enorme pesimismo, no es más que la confesión de lo que ha perdido, de lo que, aunque reconoce lejano, él considera ya olvidado y muerto.//De esta manera, podemos finalmente comprender en su exacta trascendencia todo el poema. Las coordenadas espacio-temporales no son sólo un marco para el diálogo con la fuente, un diálogo en definitiva consigo mismo, porque no otra cosa es este poema, sino un paseo por el yo más íntimo del poeta. En la tarde de la vida, ya triste y soñolienta, aquellos sentimientos, aspiraciones, deseos se han abandonado, el tiempo pasado los ha convertido en hiedra negra y polvorienta, y cuando el poeta abre su alma rechinante y mohosa, sólo encuentra ya descuido, abandono, silencio y soledad; la soledad de la muerte.

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