Sancho Panza, Amor Cortés y Cide Hamete Benengeli en Don Quijote

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Sancho Panza: Evolución y Carácter

Sancho Panza fue creado como el complemento que necesitaba Don Quijote, proyectado inicialmente como un loco. Se convierte en su escudero y lo acompaña hasta el final. La primera vez que se cita a Sancho en la obra es cuando Don Quijote decide seguir los consejos que le da el ventero (el que, según Don Quijote, lo nombra caballero), quien le dice que ha de llevar consigo un escudero. Apenas se describe a Sancho físicamente, se limita a decirnos de manera graciosa y burlona que tiene un comportamiento tranquilo, que era bebedor, glotón, pequeño y gordo.

Mientras Don Quijote se dedica a deshacer imaginarios entuertos en su camino, Sancho le recuerda que no se meta en líos. Poco a poco vemos cómo Sancho se ha ido quijotizando. En la primera parte es el personaje acompañante de Don Quijote. En la segunda, adquiere más importancia. Sancho ha recurrido a los refranes.

Amor Cortés: Dulcinea y la Transformación de la Realidad

El centro principal de la locura de Don Quijote es el de todo hombre viviente: el amor. Si transformó la realidad, también transforma a la mujer amada hasta ver en ella a una princesa de las cortes caballerescas que lo sostiene en sus campañas. Amó a Dulcinea como se ama la gloria, y por ella y en ella jamás se acobardó en el camino.

Elemento indispensable para su vida de andante caballero es la dama. Sancho Panza nos hace una descripción de la aldeana, como tipo de mujer más cercana a Teresa Panza que a la princesa de Oriana. Don Quijote cambió el nombre a Aldonza Lorenzo y al variarlo, varió con él la personalidad de la moza.

El ideal amoroso puede ser tan alto que llegue el hombre a sentirse incapaz de expresarlo. Para amar a Dulcinea tiene que tener dos cualidades: hermosura y buena fama. Los dos ideales del Siglo de Oro.

Cide Hamete Benengeli: La Técnica del Segundo Autor

Cervantes recurre a un segundo autor, Cide Hamete Benengeli, y lo continúa usando en la segunda parte, no solo para narrar la historia, sino también para contrastar sus opiniones. Aparece en el capítulo VIII y IX de la primera parte, en el que se interrumpe la pelea con el Vizcaíno.

Esta técnica es una innovadora invención que a Cervantes le permite, como segundo narrador, distanciarse y presentar al lector alternativas más razonables y lógicas.