Azaña y el problema religioso durante la ii república
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AZAÑA Y EL PROBLEMA RELIGIOSO DURANTE LA II REPÚBLICA
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El texto es circunstancial y es un discurso de contenido político, realizado por Manuél Azaña, por tanto es subjetivo, ante las Cortes Constituyentes españolas de 1931. Los destinatarios son los diputados de las Cortes. La intención es la defensa de un Estado laico y de que el cambio de régimen debe abordar los problemas profundos del país.
Manuel Azaña estuvo encuadrado en la izquierda burguesa. Al llegar la República se convirtió en Ministro de Defensa y el Presidente del Gobierno. Quiso emprender reformas como la agraria y la concesión de autonomía a Cataluña o las de la Iglesia y el Ejército. Tras el triunfo del Frente Popular se convirtió en presidente de la República.
Análisis
La idea principal del texto, perteneciente al Discurso de Azaña del 13 de octubre de 1931, es el hecho de que, como dice al principio, España ha dejado de ser católica. Ante el problema de la relación Iglesia-Estado, defiende la opción del laicismo con la plena separación de ambos organismos.
Para la mejor comprensión del texto definiremos los siguientes conceptos:
-República: forma de gobierno en la que el pueblo tiene la soberanía o facultad para el ejercicio del poder. Se fundamenta en la Constitución y la igualdad ante la ley.
-Órdenes Religiosas: organizaciones o institutos religiosos reconocidos por Iglesia Católica, cuyos miembros desean dedicar su vida a Dios.[] Viven unidos por una regla establecida por el fundador de dicha orden o por la Iglesia.
Contexto histórico
Tras la caída de Primo de Rivera, Alfonso XIII nombró jefe de gobierno a Berenguer. Su objetivo era la vuelta al régimen constitucional de 1876. Los políticos conservadores y liberales se negaron a participar en el gobierno. La lentitud con que se restablecieron los liberales constitucionales fue mirando el poco prestigio del nuevo Gobierno, al que la prensa calificó de “Dictablanda”. A la derecha republicana se incorporaron políticos procedentes del “turno”, como Alcalá Zamora y Miguel Maura. La izquierda liberal republicana se agrupó con Azaña como principal líder. También se sumaron los nacionalistas.
En Agosto de 1930 los representantes de los principales partidos de la oposición llegaron a un acuerdo: el Pacto de San Sebastián. Se preparó un golpe militar para el 15 de diciembre, pero tres días antes, Fermín Galán y García Hernández se adelantaron y se pronunciaron en Jaca por la República. Fueron detenidos, juzgados y ejecutados. Berenguer anunció su decisión de convocar elecciones e intentó promover un partido monárquico para ganarlas, pero pocos estaban dispuestos a colaborar. Berenguer dimitió. El nuevo jefe de Gobierno, Aznar, convocó elecciones municipales y sus resultados desencadenaron la abdicación del rey y la proclamación de la II República.
Los resultados de las elecciones produjeron una conmoción. En las áreas rurales los concejales eran monárquicos y en las ciudades republicanos. El 14 de abril la república fue proclamada en varias ciudades y Alfonso XIII abandonó en país por Cartagena rumbo a Marsella.
El ministro Largo Caballero adoptó las primeras medidas de reforma agraria y laboral. El Gobierno Provisional promovió una legislación educativa y se crearon nuevas plazas de maestros, se construyeron escuelas y se fundó el patronato de misiones Pedagógicas. También se puso en marcha el Estatuto Provisional de autonomía de Cataluña.
Anarquistas y Socialistas estaban divididos. El conflicto más grave se produjo a causa del enfrentamiento entre la Iglesia y el nuevo Régimen. La acción desembocó en la quema de conventos. Se despertó el viejo anticlericalismo. El 28 de junio se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes. Voto el 70% del censo, que dio la victoria a los republicano-socialistas.
Comentario de las ideas: El conflicto más grave de esta etapa inicial de la República se produjo a causa del enfrentamiento entre la Iglesia y el nuevo régimen. La situación desembocó en la quema de conventos y la actitud hostil de la Iglesia ante la República despertó el viejo anticlericalismo. La Constitución estableció la disolución de las congregaciones religiosas. Desaparecería el presupuesto de culto y clero y se prohibía a las congregaciones religiosas el ejercicio de la enseñanza, la industria y el comercio. La Constitución proclamaba la libertad de conciencia y cultos y establecía la jurisdicción sobre los cementerios.
Este sin duda es el tema principal que plantea el texto. Dice que España ha dejado de ser católica y, por ello, el Estado debe actuar de forma radicalmente diferente. Aunque la mayoría de españoles siguen siendo católicos. El punto de partida del debate es la posición de privilegio de la Iglesia ratificada en la última Constitución (1876), que establecía que el Estado era católico y los presupuestos al culto y al clero. Uno de los grandes debates de la Constitución de 1931 fue el religioso. En ella se declaraba que el Estado Español era laico, se aprobaba la ley de cultos y el matrimonio civil, se prohibía ejercer la enseñanza a la iglesia y se suprimía la Compañía de Jesús. La aprobación de estos artículos provocó la dimisión de los sectores católicos del gobierno (Miguel Maura y Alcalá Zamora). Azaña sustituyó a Alcalá Zamora en la Jefatura del gobierno, mientras que este pasó a ser presidente de la República. La cuestión religiosa se convirtió en uno de los ejes de la política de la República. La mayor parte de la jerarquía eclesiástica, encabezada por Segura, se manifestó en contra del régimen republicano. La reforma religiosa se centró básicamente en:
-El decreto de disolución de la Compañía de Jesús (1932). Los miembros de la compañía pudieron seguir ejerciendo su ministerio, pero sin vinculación a una Orden que era considerada como altamente nociva para los intereses nacionales.
-El Decreto de secularización de los cementerios, que establecía la propiedad municipal de las necrópolis y unificaba los enterramientos civiles y religiosos. Los entierros católicos serían regulados por autoridades locales. Se retiraron los crucifijos de las aulas.
-La Ley de Divorcio, que fue un recurso poco utilizado.
-La Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas. Afectaba especialmente a los intereses de la Iglesia católica: regulación de órdenes y congregaciones y reglamento del culto público, supresión de los subsidios oficiales y nacionalización de parte del patrimonio eclesiástico: templos, seminarios, monasterios… También se decreto el cierre de los centros de enseñanza de la Iglesia. En la Enseñanza Media, la sustitución se realizó sin problemas, pero no sucedió lo mismo con la primaria. Se improvisaron unos 10.000 maestros. Cuando se aproximaba el término de plazo legal para el cierre e los centros religiosos, se produjo la derrota electoral de la izquierda y se suspendió la Ley de Congregaciones, lo que permitió a la Iglesia mantener abiertos sus establecimientos docentes.
Conclusión y alcance :La respuesta de los medios católicos a este cúmulo de medidas fue progresivamente intolerante. La mayor oposición se produjo ante la ley de Congregaciones, que reforzó la oposición del sector más combativo del clero. La carta episcopal, encabezada por el cardenal Vidal i Barraquer llamaba a la movilización política de los católicos. El propio papa Pío XI dedicó la Dilectísima Nobis a condenar el espíritu anticristiano del régimen español y animando la unión de los católicos contra la república. Estas manifestaciones, entre otras, acentuaron en católicos un reflejo de persecución.
La aprobación de los artículos 26 y 27 de la Constitución abrió en camino a una serie de leyes y decretos con los que la izquierda gobernante buscaba imponer las pautas para la secularización legal del Estado. Producida la separación Iglesia-Estado, el Estado asumió funciones administrativas y sociales que la Iglesia había adoptado en razón de su identificación con el Estado Monárquico. La implantación del estado laico fracasó y no fue entendida la libertad religiosa como arma que manejaron los enemigos de la República y las clases conservadoras.
Bibliografía
-CARR, Raymond. Historia de España. Barcelona, Península, 2001.
-PÉREZ, Joseph. Historia de España. Barcelona, Crítica, 2003.