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La Republica dio un claro vuelco conservador con el nuevo gobierno de Castelar, que había ido abandonando las pretensiones federalistas y reformistas. Castelar había suspendido las sesiones parlamentarias y gobernó autoritariamente, respaldando a los más conservadores y concediendo amplias atribuciones a los jefes militares para que mantuvieran el orden publico. Ante esta situación, un sector importante de los diputados llegaron al acuerdo de plantear una moción de censura al gobierno para forzar su dimisión. La intención era volver a controlar el gobierno y poder devolver al régimen republicano sus planteamientos iniciales. El 3 de Enero de 1874 se abrieron las Cortes y el gobierno de Castelar fue derrotado. Era inminente la formación de un gobierno de izquierda, pero Manuel Pavía exigió la disolución de las Cortes Republicanas. Se resistieron en principio pero, ante la invasión del hemiciclo por Pavía con fuerzas de la guardia civil, abandonaron la Cámara. Apenas hubo resistencia lo que muestra la debilidad de la Republica que apenas contaba con base social en la que sustentarse. El poder pasó a manos de una coalición de unionistas y progresistas encabezado por el general Serrano, que intento estabilizar un régimen republicano de carácter conservador. Pero la base social ya había optado por la solución alfonsina, es la vuelta de los borbones en la figuradel hijo de Isabel II. El 29 de diciembre de 1874, el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto proclamo rey de España a Alfonso XII. El 1 de diciembre el príncipe Alfonso de Borbon había firmado el manifiesto de Sandhurst, redactado por Canovas del Castillo, que sintetizaba el programa de la nueva monarquía alfonsina: un régimen conservador y católico que garantizaría el funcionamiento del sistema polito y liberal y restablecería la estabilidad política y el orden social. Basado en la alternancia del poder entre dos grandes partidos liberales.
El pronunciamiento de Martínez Campos significo la restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII, el único hijo varón de Isabel II. El político clave fue Antonio Canovas, pretendía la vertebración de un nuevo modelo político que superase alguno de los problemas endémicos del liberalismo precedente: el carácter partidista y excluyente de los moderados, intervencionismo de los militares en la política y la proliferación de enfrentamientos civiles. Para conseguir su propósito, se propuso dos objetivos: elaborar un sistema político basado en el bipartidismo y pacificar el país poniendo fin a la guerra de cuba y al conflicto Carlista. La primera medida fue la convocatoria de elecciones para unas Cortes constituyentes pues la constitución de 1869 habían quedado sin efecto tras la proclamación de la republica en estaselecciones a cortes constituyenteslas primeras elecciones se hiciesen por sufragio universal, aunque posteriormente debería volverse al sufragio censitario.
La constitución de 1876 es una clara muestra del liberalismo doctrinario, caracterizado por el sufragio censitario y la soberanía compartida entre las Cortes y el rey. De carácter marcadamente conservador e inspirada en los valores históricos de la monarquía, la religión y la propiedad. La monarquía, una institución superior, incuestionable, permanente y al margen de cualquier decisión política. Constituía un poder moderador, por ello, se establecía la soberanía compartía y se concedía amplios poderes al monarca.
Las Cortes eran bicamerales y estaban formadas por el senado y el congreso de los diputados (de carácter electivo). La constitución no fijaba el tipo de sufragio, pero una ley estableció el voto censitario, limitada a los mayores contribuyentes. En el senado la mitad lo eran por derecho propio yvitalicio, lo que daba opción al rey a nombrar directamente a los senadores. Proclamaban la confesionalidad católica del estado, aunque toleraba otras creencias siempre que no se hiciese manifestación pública de ellas. Contaban con una prolija (amplia y complicada) declaración de derechos, pero su concreción se remitía a leyes ordinarias posteriores que tendieron a restringirlos, especialmente los derechos de imprenta, expresión, asociación y reunión.
Cánovas del Castillo introdujo un sistema de gobierno basado en el bipartidismo y en la alternancia en el poder de los dos grandes partidos dinásticos, el conservador y liberal, entre ellos habría un turno pacifico de partidos que aseguraría la estabilidad institucional mediante la participación en el poder de las dos familias. El ejercito quedo subordinado al poder civil. La misión del ejército era defender la independencia nacional y que no debía intervenir en las contiendas de los partidos. De este modo, el turno pacifico eliminó el problema de los pronunciamiento y el protagonismo de la presencia militar en los partidos y en la vida política española, que habían caracterizado la época de Isabel II.
La estabilidad del régimen se vio favorecida por el fin de las guerras carlistas y cubana. La restauración borbónica privó a la causa carlista de una buena parte de su hipotética legitimidad y algunos personajes del carlismo acabaron reconociendo a Alfonso XII. Carlos VII cruzó la frontera francesa hacia el exilio y la guerra se dio por finalizada.
La consecuencia inmediata de la derrota carlista fue la abolición definitiva del régimen foral. El final de la guerra carlista permitió acabar más fácilmente con la insurrección cubana. Como resultado de la actuación militar y de la negociación de su insurrectitos, se firman la Paz de Zanjón. Se incluía una amplia amnistía, la abolición de la esclavitud y promesa de reformas políticas administrativas. El retraso o incumplimiento de estas reformas provocaría el inicio de un nuevo conflicto en 1879 (Guerra Chiquita) y la posterior resurrección de 1895.
Cánovas había sido el principal dirigente del partido Alfonsino, que había defendido la restauración monárquica. Lo transformó en el partido liberal-conservador, que aglutinaba a los grupos políticos mas conservadores y que acabo llamándose partido conservador. El proyecto bipartidista de Cánovas requería otro partido de carácter mas progresista, él mismo propuso a Sagasta su formación .De progresistas, unionistas y algunos republicanos moderados nació el Partido Liberal-Fusionista, mas tarde conocido como partido liberal. El único requisito era de aceptar la monarquía Alfonsina y la alternancia en el poder. (Se le conocía como partido dinástico). Coincidían ideológicamente en lo fundamental, pero diferencian y asumían de manera consensuada dos papeles complementarios. Ambos defendían la monarquía, la constitución, la propiedad privada y la consolidación del estado liberal, unitario y centralista. Su extracción social eran las élites económicas y de la clase media acomodada. Eran partidos de minorías. Los conservadores se mostraban más proclives al inmovilismo político, sufragio censitario, defensa de la Iglesia y del orden social. Los liberales defendían su sufragio universal masculino, progresista y laico. En la practica, la actuación de ambos no difería a lo esencial, al existir un acuerdo tácito de no promulgar nunca una ley que forzase al otro partido a derogarla cuando regresase al gobierno.
La alternancia tenía como objetivo asegurar la actividad institucional. El turno en el poder quedaba garantizado, cuando el partido en el gobierno sufría un proceso de desgaste político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al jefe del partido de la oposición a formar gobierno. El nuevo jefe de gabinete convocaba elecciones con el objetivo de conseguir el número de diputados suficiente para formar una mayoría parlamentaria que le permitiese gobernar.
El sistema del turno pacifico pudo mantenerse gracias a la corrupción electoral y a la utilización de la influencia y poder económico de determinados individuos sobre la sociedad. El caciquismo alcanzo su máximo desarrollo en Andalucía, Galicia y Castilla.
La adulteración del voto se logro mediante el restablecimiento de sufragio censitario, un trato más favorable a los distritos rurales frente a los urbanos y por la manipulación y las trampas electorales. Los caciques eran personas notables, a menudo ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida local, tanto en lo social como en lo político. Podían ser profesionales de prestigio, abogados o funcionarios. Con su influencia los caciques orientaban la dirección del voto, agradeciendo con favores la fidelidad electoral y discriminando a los que no respetaban sus intereses. Los caciques manipularon las elecciones continuamente de acuerdo con las autoridades. El conjunto de trampas electorales se conocen como pucherazo. No se dudaba en falsificar el censo incluyendo a personas muertas o impidiendo votar a los vivos, manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos, amenazar al electorado con coacciones de todo tipo e incluso emplear la violencia para atemorizar a los contrarios. Entre 1876 y 1898 el turno funciono con regularidad. La primera crisis del sistema sobrevino como consecuencia del impacto del desastre de 1898, que erosiono a los políticos y a los partidos dinásticos. Tras la muerte del rey Alfonso XII se impulso un acuerdo entre conservadores y liberales (pacto del Pardo). Su finalidad era dar apoyo a la regencia de Maria Cristina y garantizar la continuidad de la monarquía ante las fuertes presiones de carlistas y republicanos.
El personalismo del sistema deterioro a los partidos, que dependían excesivamente de la personalidad de sus líderes. En el partido Liberal surgieron personajes como Antonio Maura, que provocaron la aparición de facciones y la desorganización del partido. En cuanto los conservadores, Francisco Silvela, que consiguió aglutinar a las diferentes facciones tras la muerte de Cánovas.
Durante la Restauración los republicanos junto con otros partidos quedaron relegados a la oposición y nunca consiguieron el numero suficiente de diputados para formar gobierno y constituir una minoría parlamentaria influyente. Los republicanos se hallaban fuertemente divididos en diversas tendencias, que restaron eficacia y apoyo electoral a su programa político. La adaptación más rápida la protagonizo Castelar que evoluciono hacia posturas mas moderadas. Convencido de que la Restauración garantizaría el orden social, considero posible que la monarquía asumiese algunos de los principios democráticos y creo el Partido Republicano Posibilista. Ruiz Zorrilla no descartaba la acción violenta contra la monarquía: fundo el Partido Republicano Progresista. Las prácticas insurreccionales provocaron la ruptura de Salmeron y la creación de Partido Republicano Centralista. El republicanismo con más adeptos fue el Partido Republicano Federal, seguía teniendo como líder a Pi y Margall y contaba con el apoyo importante de las clases populares. El sufragio universal masculino comporto una cierta revitalización del republicanismo y estimulo la formación de alianzas electorales, que agrupaban a distintas familias republicanas a excepción de los posibilistas. El republicanismo perdió parte de su antigua bases sociales y tuvo que luchar por los votos populares con el nuevo obrerismo, Partido Socialista Obrero Español fundado por Pablo Iglesias en 1879. A finales del siglo XIX comenzó en España el ascenso de movimientos de carácter regionalista o nacionalista. Grupos de intelectuales, políticos, periodistas y hombres de negocios empezaron a proponer en ciertas regiones políticas contrarias al uniformismo y al centralismo estatal, propios del liberalismo español. La región pionera en desarrollar un movimiento regionalista fue Cataluña, donde a lo largo del siglo XIX había tenido lugar un crecimiento económico superior al de cualquier otra región española. Había propiciado el nacimiento de una influyente burguesía de empresarios industriales. Este nuevo grupo hizo de la defensa del proteccionismo un elemento aglutinador. Coincidió con un notable renacimiento de la cultura catalana y una expansión del uso de su lengua, el catalán. Nació un movimiento conocido como la Renaixença, cuyo objetivo era la recuperación de la lengua y de las señas de identidad catalanas. El catalanismo surgió de la conjunción del progreso económico y el renacimiento cultural. En la década de 1880 se desarrollo el catalanismo político, que tuvo varias corrientes. Una de ellas estuvo basada el tradicionalismo, Torras y Bages su máximo representante. Otra de carácter progresista, base popular y principios federalistas alentada por Valentí Almirall. Este fundó el Centre Català, que empezó a defender la autonomía de Cataluña. Un paso muy importante de la elaboración de las bases de Manresa, un documento que proponía la consecución de un poder catalán, con la consideración de Cataluña como entidad autónoma dentro de España. El regionalismo pasó entonces a convertirse en verdadero nacionalismo. Se creo la Lliga Regionalista, fundada por Prat de la Riba y Francesc Cambó. El nuevo partido aspiraba a participar activamente en la política y a tener representantes que defendiesen los intereses del catalanismo.
En los orígenes del nacionalismo vasco hay que considerar la reacción ante la perdida de una parte sustancial de los fueros tras la derrota del carlismo; pero también el desarrollo en defensa de la lengua vasca. Su gran propulsor fue Sabino de Arana, creyó ver un gran peligro para la subsistencia de la cultura vasca en la llegada de inmigrantes procedentes de otras regiones. Las propuestas de Arana prendieron en diversos sectores, sobre todo en la pequeña burguesía, se creo el Partido Nacionalista Vasco. Arana popularizo un nuevo nombre para su patria, Euskadi, una bandera propia y un lema Dios y ley antigua. El movimiento estaba impregnado de un gran sentimiento católico y de defensa de la tradición, pretendía impulsar la lengua y las costumbres vascas y defendía la pureza racial del pueblo vasco, por lo cual adquirió un cierto sentido xenófobo.
En el Andalucismo el apóstol fue el notario Blas Infante, fue heredero de los movimientos republicanos y federalistas del siglo XIX. Participo en la primera asamblea regionalista andaluza celebrada en Ronda, que estableció las bases del particularismo andaluz y propuso la autonomía. Durante la Segunda República, abordó por primera vez la redacción de un proyecto de Estatuto de Autonomía, logró escaso respaldo popular y tuvo que esperar hasta el fin del franquismo para encontrar un sentimiento andalucista con arraigo popular que defendiera la autonomía.
El anarquismo y el socialismo surgieron ya que con el establecimiento del régimen de la Restauración en 1874, las organizaciones obreras conocieron una dura represión y se vieron forzadas a la clandestinidad. El ascenso de los liberales al gobierno trajo consigo una mayor permisividad y las asociaciones obreras fueron de nuevo legalizadas.
La Federación de Trabajadores de la Región Española tenia su mayor implantación entre los jornaleros de Andalucía y los obreros de Cataluña, y desarrollo una acción sindical de carácter reivindicativo. Los desacuerdos dentro de esta organización y la constante represión sobre el movimiento obrero y campesino favorecieron que una parte del anarquismo optara por la acción directa cuyo objetivo era atentar contra los pilares del capitalismo: el Estado, la burguesía y la Iglesia. Los actos más destacados de violencia social: atentados contra personajes clave de la vida política (Cánovas y Martínez Campos); bombas en el liceo de Barcelona, o contra la procesión del corpus. El anarquismo fue acusado de estar detrás de la Mano Negra, una asociación clandestina que actuó en Andalucía a finales del siglo XIX. Las revueltas anarquistas fueron seguidas de una gran represión, y provocaron una espiral de violencia basada en una dinámica de acción /represión/acción. El momento clave fueron los procesos de Montjuïc, en los que resultaron condenados y ejecutados cinco anarquistas. La proliferación de atentados ahondó la división del anarquismo, plantearon la revolución social como un objetivo a medio plazo y propugnaron la necesidad de fundar organizaciones de carácter sindical. Esta nueva tendencia anarcosindicalista comenzó a dar sus frutos con la crearon de la CNT.
Un grupo de obreros madrileños entre los que se hallaba Pablo Iglesias, fundaron en PSOE en 1879. El partido se definía como marxista, de orientación netamente obrerista y partidario de la revolución social. También un programa de reformas que incluía el derecho de asociación, reunión y manifestación, el sufragio universal, reducción de las horas de trabajo, prohibición del trabajo infantil y otras medidas de carácter social. El partido creció en toda España, pero fue en Madrid, el País Vasco, Asturias y Málaga donde más pronto arraigaron. Tuvo un difícil desarrollo en lugares dominados por el anarcosindicalismo, como Cataluña, y en el mundo agrario. En 1888, se fundo la Unión General de Trabajadores. La UGT se organizo en sindicatos de oficio en cada localidad y siempre practico una política muy prudente, recurriendo a la huelga solo como ultima posibilidad.
La Restauración ha sido valorada como una larga etapa de estabilidad institucional, convivencia pacifica y respeto a las libertades. Otros historiadores la presentan como un régimen político ficticio, basado teóricamente en los principios liberales del constitucionalismo, la representatividad y el parlamentario, pero que en la práctica quedaban deshabituados. El turno pacifico era el resultado de un acuerdo previo entre los partidos dinásticos sobre cual de ellos debía gobernar en cada momento. De este modo, el sistema político se reconstruyó sobre 3 pilares escasamente democráticos: -Una limitada constitución, instauraba la monarquía; -el sistema político, solo daba entrada a los dos partidos dinásticos; -la alternancia en el poder quedaba asegurada por el caciquismo. Todas estas prácticas fraudulentas llevaron al desencanto de buena parte de la población. Esta apatía política se explicaba por la escasa representatividad de los partidos dinásticos, desconfiaban del electorado en la honestidad de las elecciones y el desinterés de la oposición en participar en el proceso electoral.