Alfonso XII y el Fraude Electoral en la Restauración Española
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Finalmente, Alfonso se compromete a ser buen español, católico y liberal, reflejando los valores clave que se buscaban atraer.
Este manifiesto sirvió para reforzar su imagen como un monarca moderado y constitucional, facilitando su llegada al trono.
El sistema político de la Restauración se inspiró en el modelo bipartidista británico y estuvo dominado por dos partidos dinásticos: el Partido Conservador, liderado por Cánovas del Castillo, y el Partido Liberal, dirigido por Sagasta. Ambos partidos se alternaban en el poder mediante el *turno pacífico*, un mecanismo que evitaba revueltas controlando el descontento social.
El Fraude Electoral Planificado
Cuando Sagasta promovió la reforma electoral y se implantó el sufragio universal masculino en 1890, se establecieron mecanismos para manipular los resultados y excluir a republicanos y socialistas, simulando una democracia sin permitir su acceso al poder. Se basaba en:
- Turno pactado: Ante una crisis política o escándalo, los líderes de ambos partidos acordaban el cambio de gobierno.
- Nuevo gobierno: El rey nombraba a un nuevo gabinete, que convocaba elecciones y aseguraba su victoria mediante el control de la administración pública.
- Encasillado: El gobierno diseñaba de antemano las listas de diputados que debían ganar en cada distrito.
- Caciquismo: En zonas rurales, los *caciques*, terratenientes con poder económico y político, aseguraban votos mediante favores o amenazas.
- Clientelismo: Los caciques controlaban a electores dependientes de ellos laboralmente o que habían recibido favores (redes clientelares).
- Elecciones manipuladas: En las ciudades donde los caciques tenían menos control, los comicios eran más limpios; esto se contrarrestaba con los resultados de las zonas rurales.
- Pucherazo: Si el resultado no se ajustaba a lo previsto, se recurría a la falsificación de votos, el uso de urnas trucadas o a la intervención de autoridades para modificarlo.
- Repetición de elecciones: Si el fraude no era suficiente, el gobernador civil podía anular los comicios y hacerlos repetir hasta obtener el resultado deseado.
Este sistema, aunque pacífico, era completamente fraudulento. Como resultado, la mayoría de la población terminó desconectándose del proceso electoral, con solo un 20% del censo participando. Aunque el clientelismo no era exclusivo de España (también se daba en otros países como EE.UU.), la falta de voto secreto facilitó su continuidad hasta el fin de la Restauración.