Análisis del Totalitarismo: Masas, Propaganda y Terror en la Dominación Total
Las Masas
Arendt comienza señalando que los movimientos totalitarios, antes de convertirse en sistemas o gobiernos totalitarios, pretenden lograr una sociedad sin clases, en la que los individuos, sin vínculos entre ellos, quedan aislados y atomizados, y se conviertan en masas. Las masas, de forma legal, llevaron al poder a Hitler en una Alemania devastada por la Primera Guerra Mundial. En Rusia, la total ausencia de estratificación social y la numerosa población rural, favorecieron el triunfo de los bolcheviques. Ni Hitler ni Stalin habían mantenido su dominio sobre tan extensas poblaciones de no haber contado con el apoyo de las masas. Los movimientos totalitarios organizan las masas, no individuos ni clases sociales ciudadanas.
Señala que hay poca diferencia entre el hecho de que los movimientos totalitarios adopten el marco del nazismo, y organicen las masas en nombre de la raza y pretendan seguir las leyes de la vida y de la naturaleza, o adopten el marco del bolchevismo y organicen las masas en nombre de la clase y pretendan seguir las leyes de la dialéctica y la economía. La ruptura de las clases sociales, en Alemania, o su inexistencia, en Rusia, desarrolló la psicología del hombre más europeo. La característica del hombre más a su aislamiento y su falta de relaciones sociales normales.
La Propaganda y la Violencia
Los movimientos totalitarios utilizan la propaganda, el adoctrinamiento y la violencia. Stalin destruyó libros y documentos antiguos y publicó en 1938, una nueva historia oficial del Partido Comunista. La propaganda comunista amenazaba al pueblo con perder el tren de la historia. En los territorios ocupados los nazis utilizaron propaganda antisemita para controlar a la población y amenazaban con vivir contra las leyes de la naturaleza y de la vida. Para las masas resulta atractivo que los sistemas totalitarios presente en todos los acontecimientos de la historia como dependientes de grandes causas primeras que eliminan los seres humanos de la historia. La propaganda se basa en mentiras que se convierte en una realidad que funciona.
La ficción más eficaz de la propaganda nazi fue la idea de una conspiración mundial judía. Los nazis actuaban como si el mundo estuviera dominado por los judíos y fuera necesaria una conspiración para defenderse, el racismo no era una teoría discutible de dudoso valor científico sino que se estaba realizando en una determinada organización política. El bolchevismo no necesitaba ganar en una discusión sobre la lucha de clases porque el funcionamiento real era ya suficientemente convincente. Los movimientos totalitarios utilizan el socialismo y el racismo vaciando los de su contenido utilitario, de los intereses de una clase con nación. Tanto Hitler como Stalin formularon promesas de estabilidad para ocultar su intención de crear un estado de inestabilidad permanente.
La Dominación Mundial
Los regímenes totalitarios aspiran a conquistar el mundo ya someter a su dominación a todos los países de la Tierra. Desprecian los intereses nacionales y los utilitaristas y con su inquebrantable fe en un mundo ficticio, introducen en la política internacional un factor nuevo y más perturbador que la simple violencia, la dominación total. Todos los seres humanos, por su capacidad de pensar, son sospechosos por definición, y deben ser vigilados y si es preciso, eliminados. Los campos de concentración y exterminio de los regímenes totalitarios sirven de laboratorios en los que se pone a prueba la creencia fundamental del totalitarismo de que todo es posible. La dominación total aspira a organizar la pluralidad de los seres humanos como si fuera un individuo, y esto sólo es posible si todas y cada una de las personas pueden intercambiarse. Lo que se rebela contra el sentido común es que todo sea posible. Tratamos de comprender algo que escapa del nuestra comprensión.
El Mal Radical
Explica que con los totalitarismos aparece el mal radical, desconocida hasta ahora. No existen normas políticas ni históricas ni morales para explicar y entender el mal radical de los sistemas totalitarios. El horror de los campos de concentración no puede ser entendido. Las masas humanas encerradas en esos campos son tratadas como si ya no existieran, como si ya estuviese muerta si algún espíritu maligno se divirtiera en retenerlas durante cierto tiempo entre la vida y la muerte punto primero se mata la persona jurídica, luego a la persona moral y, por último, se destruye la individualidad. El sentido común acostumbrado al pensamiento utilitario carecen de defensas contra ese super sentido ideológico, puesto que los regímenes totalitarios establecen un mundo carente de sentido y que, sin embargo, funciona. El mal radical ha emergido en relación con un sistema en el que todos los seres humanos se han convertido en superfluos.