Al-Ándalus: De la Fragmentación a la Reconquista Final

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La Crisis del Siglo XI: Reinos de Taifas e Imperios Norteafricanos

En el año 1002, tras la muerte de Almanzor, el Califato de Córdoba entró en una profunda crisis. Esta se debió principalmente a la debilidad de los califas y a la ambición de los hijos de Almanzor. Hasta una treintena de las principales ciudades se declararon independientes, culminando en el año 1031, cuando una asamblea de nobles, reunida en Córdoba, declaró la extinción del califato.

Los Reinos de Taifas: Esplendor Cultural y Debilidad Política

Durante sesenta años, Al-Ándalus estuvo dividido en una serie de pequeños reinos independientes, conocidos como Taifas. Se observó un proceso de conquista de los reinos más pequeños por los más poderosos, como Sevilla, Toledo o Granada. Los reinos de Taifas vivieron una época de desarrollo económico y esplendor cultural, a la par que de debilidad política y militar. Esto los obligó a pagar un tributo (conocido como parias) a los reinos cristianos del norte a cambio de treguas.

La Intervención Almorávide y el Fin de las Primeras Taifas

En 1085, Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo, lo que provocó una profunda conmoción. Era la primera gran ciudad que caía en manos cristianas, y la frontera se trasladaba significativamente hacia el sur. Algunos reyes de Taifas, como el de Sevilla, pidieron ayuda al Imperio Almorávide, que dominaba el norte de África. Tras derrotar a los cristianos en la Batalla de Sagrajas (Zalaca), los almorávides iniciaron desde 1090 la conquista de todo el territorio de Al-Ándalus. Impusieron un mayor rigor religioso, lo que, unido a una bajada de los impuestos, les hizo ganar el favor popular. Sin embargo, la incapacidad para detener el avance cristiano, con derrotas como la pérdida de Zaragoza (1118), y el ataque por el sur de otro pueblo norteafricano, los Almohades, provocó el hundimiento del Imperio Almorávide en 1144.

El Imperio Almohade y el Avance Cristiano

Los Almohades sustituyeron a los almorávides en el control de Al-Ándalus. Tras conquistar los distintos reinos de Taifas en que de nuevo se había dividido la España musulmana, formaron un imperio con capital en Sevilla, que abarcaba también el norte de África. Eran igualmente de un gran rigor religioso y, durante más de medio siglo, con victorias militares como la de Alarcos (1195), detuvieron la expansión de los reinos cristianos. La Batalla de las Navas de Tolosa (1212) cambió drásticamente la tendencia. Una coalición de reinos cristianos derrotó a los almohades y abrió el valle del Guadalquivir a la conquista. Entre 1223 y 1248, cayeron en manos cristianas: Valencia, Murcia, La Mancha y una parte significativa de Andalucía, incluyendo dos grandes ciudades: Córdoba (1236) y Sevilla (1248), lo que marcó el fin del Imperio Almohade.

El Reino Nazarí de Granada: Último Bastión Musulmán

A la expansión cristiana del siglo XIII solo sobrevivió un estado musulmán: el Reino Nazarí de Granada, fundado por el emir Muhammad I. Este controlaba un territorio que abarcaba aproximadamente las actuales provincias de Málaga, Granada y Almería. Pese a su debilidad militar, el Reino Nazarí se mantuvo prácticamente intacto durante dos siglos y medio gracias a los altos impuestos que pagaba a Castilla. Esto fue posible debido a una próspera agricultura y artesanía, además de un activo comercio exterior. En la segunda mitad del siglo XV, las continuas disputas por el trono, unidas al afán expansionista de los Reyes Católicos, facilitaron el fin de Al-Ándalus. Este llegó el 2 de enero de 1492 cuando Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón entraron en Granada.

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