El Antiguo Régimen en España: Transformaciones Borbónicas, Sociedad Estamental y Absolutismo Ilustrado
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El Antiguo Régimen en España: Sociedad, Política y Economía en el Siglo XVIII
Al iniciarse el siglo XVIII en España, pervivían las estructuras del Antiguo Régimen: un sistema político absolutista, un sistema económico rural y señorial, y una sociedad estamental basada en privilegios. La llegada de los Borbones significó la consolidación del absolutismo, la centralización del Estado, la reorganización política y administrativa de España, y la revitalización de una economía en crisis.
Fue una época de transición entre el Antiguo Régimen y las revoluciones liberales burguesas. También fue un periodo de expansión del pensamiento ilustrado y del Despotismo Ilustrado, que buscaba implementar reformas sin cuestionar el poder y la autoridad de la monarquía. El mejor ejemplo y la experiencia reformista e ilustrada más destacada en España fue la de Carlos III.
Características Políticas del Absolutismo Borbónico
El sistema político del Antiguo Régimen, consolidado por los Borbones, presentaba las siguientes características:
- La soberanía correspondía exclusivamente al rey, considerada de origen divino; el monarca era el origen del poder y de las leyes.
- El Estado era patrimonial y propiedad de la Corona, adquirido por derechos de conquista y transmitido por herencia.
- El poder del rey era absoluto, concentrando en su persona los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.
- La administración territorial dependía en gran medida del régimen señorial, lo que implicaba que funciones como el cobro de impuestos, el reclutamiento y la aplicación de la justicia local quedaban en manos del clero y la nobleza.
Las consecuencias de esta situación eran la ausencia de la participación política como derecho y la inexistencia de separación de poderes o funciones. Mientras los Austrias habían construido una monarquía autoritaria fuerte, pero con limitaciones debidas a los distintos fueros de los reinos, el advenimiento de los Borbones trajo consigo la instauración plena del absolutismo.
La Sociedad Estamental: Privilegios y Desigualdad
La sociedad estamental se basaba en la tradición, la riqueza y el nacimiento, organizándose en estamentos: grupos cerrados y desiguales a los que se accedía por razón de nacimiento. Existían dos estamentos privilegiados: la nobleza y el clero, y un tercer estamento o Estado Llano que carecía de aquellos privilegios.
Los Estamentos Privilegiados
El estamento privilegiado era casi inaccesible para quien no había nacido noble. El privilegio consistía en una serie de derechos y exclusividades. Los privilegiados gozaban de un estatus jurídico diferenciado (tribunales propios, penas de distinta severidad) y la reserva de determinados cargos y funciones, especialmente las altas funciones administrativas. También existían privilegios sociales y formales, como la preferencia en actos públicos y el derecho al honor. Destacaba, sobre todo, la exención de impuestos, un privilegio que marcaba una profunda diferencia, y el poder jurisdiccional cedido por el rey, que implicaba la sustitución del poder público en sus dominios.
La Nobleza
La nobleza experimentó un proceso de concentración a finales del Antiguo Régimen y se dividía en alta y baja nobleza. Existía el mayorazgo, que propició la acumulación patrimonial. Gozaban de los beneficios de los derechos jurisdiccionales, que incluían rentas, alquileres, partes de la cosecha, tasas, peajes, impuestos y prestaciones personales.
El Clero
El clero, al igual que la nobleza, no tributaba por sus riquezas. Sus bienes estaban amortizados, lo que significaba que podían recibir en donación o comprar bienes, pero no podían enajenarlos. Existía un alto y bajo clero.
El Estado Llano: Sin Privilegios
El último estamento, el Estado Llano, no tenía privilegios. Dentro de los campesinos, había una enorme desigualdad de situaciones. También existían los artesanos agrupados en gremios, los burgueses, los trabajadores de servicios y los sectores marginales.