El Aparato Circulatorio: Sangre, Linfa y Sistema Linfático en el Cuerpo Humano
Del latín circulus, el aparato circulatorio es el conjunto de órganos que transporta sustancias a lo largo del organismo. Está formado por los vasos sanguíneos, una red de conductos que llega a todas las células de nuestro cuerpo y en cuyo interior fluye la sangre, y por el corazón, órgano que impulsa la sangre dentro de dichos vasos.
Medio interno
Es el medio a través del cual obtienen oxígeno y nutrientes necesarios las células, y en el que vierten las sustancias de desecho. En el caso del ser humano, este medio se denomina medio interno y está constituido por el plasma intersticial, un medio líquido que se encuentra en los espacios existentes entre las células.
La sangre
Es un líquido viscoso de sabor salado que recorre el interior de los conductos del aparato circulatorio. Cada ser humano tiene aproximadamente 5,5 l de sangre. Desempeña varias funciones:
- Transporta nutrientes en el plasma y oxígeno en los glóbulos rojos.
- Recoge los productos de desecho formados en el metabolismo celular.
- Los glóbulos blancos intervienen de manera fundamental en la defensa del organismo contra las infecciones.
- El plasma transporta hormonas, moléculas muy importantes en el control de las funciones del organismo.
- Participa en la regulación de la temperatura, pues reparte el calor corporal de forma semejante a un sistema de calefacción.
Componentes de la sangre
La sangre está constituida por una parte líquida, el plasma sanguíneo, en la que flotan numerosas células sanguíneas.
El plasma sanguíneo está constituido por agua (90%), sales minerales, nutrientes (1-2%), sustancias de desecho, proteínas (6-8%) y hormonas.
Las células sanguíneas
Glóbulos rojos o eritrocitos: son las células sanguíneas más numerosas. Presentan forma de disco y carecen de núcleo. Contienen hemoglobina, un pigmento rojo responsable del color de la sangre. La hemoglobina transporta oxígeno desde los alvéolos pulmonares (99%).
Glóbulos blancos o leucocitos: se encuentran en la sangre en menor número que los eritrocitos. Intervienen en la defensa del organismo contra los microbios que penetran en él (1%). Existen varios tipos de leucocitos: los granulocitos, que tienen el citoplasma granulado y un núcleo polilobulado, y otros que no presentan granulaciones en el citoplasma, conocidos como agranulocitos. Estos se dividen, a su vez, en dos grupos: linfocitos y monocitos. Los granulocitos y los monocitos destruyen a los microbios, mientras que los linfocitos producen anticuerpos contra ellos.
Trombocitos o plaquetas: son fragmentos de células que contienen sustancias que permiten la coagulación de la sangre. Las células sanguíneas se forman en la médula roja ósea, que se localiza en el interior de ciertos huesos.
Grupos sanguíneos
El sistema de grupos sanguíneos es: A, B, AB y O.
Circulación de la sangre
La sangre es impulsada constantemente por el corazón a lo largo de un circuito formado por las arterias, los capilares y las venas. La circulación de la sangre recorre dos circuitos: uno mayor y otro menor.
Circuito mayor o general: parte del ventrículo izquierdo del corazón a través de la arteria aorta, y luego llega a todos los tejidos y órganos, excepto los pulmones.
Circuito menor o pulmonar: comienza en el ventrículo derecho, donde parte la arteria pulmonar. Esta se divide en dos arterias, cada una de las cuales llega a un pulmón.
Sistema linfático
En los capilares sanguíneos, parte del plasma se filtra y sale hacia los tejidos. Posteriormente vuelve a entrar en ellos, lo que ocurre más lentamente. La acumulación en los tejidos de este plasma, que recibe el nombre de plasma intersticial, lo encharcaría en poco tiempo, impidiendo la salida de nuevas cantidades de plasma, si no fuera por la existencia del sistema linfático, que se encarga de recoger el exceso de plasma y devolverlo a la sangre. Está constituido por los capilares linfáticos, que se encuentran en los tejidos y se unen formando conductos cada vez mayores, las venas linfáticas, que desembocan en las venas sanguíneas.
Los capilares linfáticos son ciegos, es decir, están cerrados en su extremo, y en ellos entra el plasma intersticial, denominado plasma linfático. Es conducido a través de las venas linfáticas hasta la sangre. Existe un intercambio continuo entre el plasma sanguíneo, el intersticial y el linfático.
En ciertas zonas del trayecto de algunos vasos linfáticos se encuentran los ganglios linfáticos, órganos que liberan linfocitos al plasma linfático. Los linfocitos y el plasma linfático constituyen la linfa.
Los ganglios se localizan en las axilas, las ingles y el cuello. Cuando existe una infección, los ganglios linfáticos próximos a la zona aumentan de tamaño. El sistema linfático recoge también los productos de la digestión de las grasas en el intestino delgado. Los vasos linfáticos que realizan esta función se denominan vasos quilíferos.