La Arquitectura del Conocimiento en Kant: Fenómeno, Noúmeno y los Límites de la Razón Pura

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La Estructura del Conocimiento en Kant: Sensibilidad, Entendimiento y Razón

I. La Estética Trascendental: Espacio y Tiempo

Todos los objetos que son intuidos por la facultad de la sensibilidad están ubicados en parámetros espacio-temporales. El espacio y el tiempo son como el eje de coordenadas donde intuimos todas nuestras sensaciones. Sin espacio ni tiempo no sería posible ninguna intuición sensible ni ningún conocimiento cierto.

Frente a Newton, Kant concluye que espacio y tiempo no son realidades absolutas, sino que son formas que tiene la sensibilidad humana de estructurar sus objetos. No tienen objetividad más allá del acto de intuición sensible; son subjetivas en el sentido de que son fruto de la forma que tenemos los hombres de captar los objetos sensibles. Sin embargo, son objetivas en el universo humano, ya que todos los hombres comparten ese modo de intuir los objetos.

Las matemáticas son objetivas en ese mismo sentido. La geometría analiza la intuición pura del espacio y la aritmética la del tiempo. No es posible la contradicción en las matemáticas, si bien son planteadas.

II. La Lógica Trascendental: Entendimiento y Categorías

El hombre también comprende el mundo gracias al entendimiento, y así es capaz de captar conceptos. Para Kant, la intuición sensible sin entendimiento es ciega y el entendimiento sin la sensibilidad está vacío. Si debe ser posible el conocimiento, debe proceder de la experiencia, pero debe también ir más allá de ella.

A. El Papel de las Categorías

En muchas oraciones (o juicios) existen categorías que no nos da la sensibilidad desnuda. Todas estas son impuestas por las estructuras de nuestro entendimiento, del mismo modo que el espacio y el tiempo eran impuestos a la intuición sensible por sensaciones sin relaciones entre sí. La estabilidad y relación de esas intuiciones sensibles son aportadas por las categorías a priori de nuestro entendimiento. Estas categorías son tan objetivas como subjetivas, al igual que las intuiciones puras de nuestra sensibilidad, es decir, como el espacio y el tiempo.

  • Las categorías no aportan conocimiento si no están asociadas a intuiciones sensibles.
  • Sin ellas, las categorías se mueven en el vacío estérilmente.

El divorcio entre entendimiento y sensibilidad genera ilusiones o reflexiones que pueden o no tener un referente real, pero que, al no poderse contrastar, carecen de valor cognitivo real.

B. Fenómeno y Noúmeno

El hombre, con las formas subjetivas de la sensibilidad y con las categorías, capta el mundo tal y como aparece en su mente. Esto es lo que Kant denomina fenómeno. El mundo del conocimiento es un mundo fenoménico, pero ese mundo debe ser en sí mismo algo distinto a como lo vemos. El mundo en sí es denominado por Kant noúmeno.

La Analítica Trascendental explica cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las ciencias físicas: los conceptos con los que se construye la ciencia no dependen de la experiencia, sino de las formas a priori del entendimiento; sin embargo, precisan de la sensibilidad o experiencia para verificarse.

III. La Dialéctica Trascendental: Los Límites de la Razón

Según Kant, el conocimiento humano está limitado por la experiencia, pero la razón del hombre se siente impulsada a ir más allá de la sensibilidad. Cuando la razón hace esto, produce ideas.

Dios, el alma y el mundo son ideas ilusorias que crea la razón pretendiendo unificar lo que conoce. Ni el alma, ni Dios, ni el mundo como totalidad son objeto de experiencia, así que, aunque la razón tienda naturalmente a construir esas ideas, estas no tienen ni pueden tener un referente en la experiencia.

Es decir, no es posible conocer nada de Dios, ni del yo, ni del mundo de modo certero; es objeto únicamente de nuestra fe.

La filosofía, por tanto, alimenta ese impulso de nuestra razón por crear ideas. Es necesaria e inevitable, pero carece de objetividad y no podrá ser nunca verdadera ciencia, toda vez que los objetos de su reflexión no proceden de la experiencia, sino que son meras ideas unificadoras de nuestra razón.

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