El Asesinato del Espaciano: Conflicto Cultural y la Misión del Detective Baley
Observación de Espaciópolis y el Contraste Cultural
Podemos ver Espaciópolis. Baley dirigió la vista hacia poniente; pero era como decía el comisionado. El horizonte se cerraba. Las torres de Nueva York se esfumaban entre la niebla.
Diálogo sobre la Diferencia entre Terrestres y Espacianos
—Sé cómo es Espaciópolis —murmuró Baley.
—Me agrada su aspecto desde aquí —explicó el comisionado—. Se puede columbrar en la abertura que forman los dos Sectores de Brunswick, bajo las bóvedas. Esa es la diferencia entre nosotros y los espacianos. Nosotros nos elevamos y aglomeramos. En cambio, cada uno de ellos tiene un domo para sí. Una familia: una casa. Y tierra entre cada domo. ¿Has hablado alguna vez con un espaciano, Lije?
—En algunas ocasiones. Hará un mes hablé con uno aquí mismo, en tu intercomunicador —replicó Baley pacientemente.
—Sí, lo recuerdo. Pero, vamos, me estoy poniendo filosófico. Nosotros y ellos. Son diversos modos de vida.
Baley sentía retortijones en las tripas. A medida que el comisionado empleaba más circunloquios, más mortal se le figuraba la conclusión. Insinuó:
—Muy bien; pero, ¿qué hay de sorprendente en eso? Imposible colocar a ocho mil millones de personas sobre la Tierra en pequeños domos. Los espacianos disponen de mucha más extensión en sus mundos; dejémosles, pues, que vivan a su manera.
Tolerancia y Conflicto Intercultural
El comisionado se sentó de nuevo en su sillón, miró a Baley sin parpadear y manifestó:
—No todos se muestran tan tolerantes respecto a las diferencias de cultura. Ni entre nosotros ni entre los espacianos.
—¿Y bien?
La Revelación del Crimen
—Hace tres días murió un espaciano.
Las comisuras de los delgados labios de Baley se levantaron ligeramente; mas el efecto sobre su rostro triste y alargado resultó imperceptible. Comentó:
—Lo siento mucho. De algo contagioso, supongo. Algo virulento. Quizás algún catarro.
De pronto el comisionado apareció como sobresaltado:
—¿De qué estás hablando? (La precisión con que los espacianos habían desterrado toda clase de enfermedades de su seno era sobradamente conocida. No obstante, el comisionado no supo captar el sarcasmo.)
—Hablaba por hablar. ¿De qué murió? —inquirió Baley.
—Alguien le disparó con un desintegrador. En el pecho. Se lo voló.
Baley, el Detective
Baley se puso rígido. Sin volverse, exclamó:
—¡Pero ¿qué estás diciendo?!
—Te estoy contando un asesinato. Tú eres un detective y sabes muy bien lo que es un asesinato.
—¡Pero, un espaciano! ¿Y hace tres días?
—Sí.