El Auge del Liberalismo y las Revoluciones Burguesas del Siglo XIX

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1.3 Liberalismo

En 1808, durante la guerra de la independencia contra Napoleón, los españoles fueron los primeros en llamarse liberales. En 1814, el liberalismo llegó a Francia, donde significó oposición a la restauración absolutista. En Inglaterra, muchos parlamentarios se iban haciendo liberales hasta que, en 1850, se fundó el partido liberal. El liberalismo en la primera mitad del siglo XIX puede ser considerado clásico: era liberal todo aquel que había desarrollado una profesión o negocio o aspiraba a mejorar sus propiedades territoriales. Defensores de lo moderno, lo ilustrado, lo razonable y lo útil, los liberales confiaban en la capacidad de los hombres para gobernarse, respaldaban el sistema parlamentario y la división de poderes, bajo una legislación racional, con un ejecutivo responsable y una administración observante de la ley. Defendían la libertad de imprenta y de reunión, pero no eran demócratas, pues abogaban por el sufragio censitario, por desconfianza al pueblo. Creían en la libertad y en los derechos del ser humano pero, insistiendo en el derecho de propiedad, eran partidarios de la monarquía constitucional como forma de gobierno ideal. También exaltaban la libertad de comercio y propugnaban que el crecimiento de la riqueza y de la producción le correspondía. Perseguían el cambio, pero sin revoluciones ni desórdenes. Sin embargo, el liberalismo estuvo presente en las revoluciones de 1820, 1830 y 1848.

2. La Revolución Liberal de 1820

En 1820, los liberales no encontraron una alternativa para defender sus ideas que acudiera a la lucha revolucionaria. En los países mediterráneos, la iniciativa fue tomada por sectores liberales del ejército, y las luchas se presentaron como un pronunciamiento, por el que una unidad militar se revelaba contra el sistema político vigente con el apoyo de las masas urbanas, como factores imprescindibles para su éxito.

España

En España, concretamente en Cádiz, los franceses habían sido repelidos por los gaditanos y en la ciudad se vivía un ambiente en el que se fraguó la Constitución de 1812, redactada en el oratorio de San Felipe Neri. Esta constitución recogía principios destacados como la división de poderes y la soberanía nacional que iban a chocar con el reinado de Fernando VII, coronado tras la derrota de los franceses. En este contexto, las colonias americanas vivían momentos de revueltas reivindicando la independencia, por lo que el monarca envía una tropa al mando de los generales Riego y Quiroga, que, al llegar, en dirección a Cádiz, a la localidad de las Cabezas de San Juan, deciden pronunciarse contra el monarca y apoyar a los liberales. Fernando VII es obligado a jurar la Constitución y se declara el Trienio Liberal (1820-1823). Fernando VII pide ayuda al Congreso de Viena para restaurar la monarquía absoluta y la Santa Alianza envía a los “Cien Mil Hijos de San Luis” que, dirigidos por el duque de Angulema, acaban con los liberales ajusticiando a muchos de ellos, como es el caso de Torrijos en Málaga. Se restaura la monarquía absoluta en Fernando VII, pero el monarca no consigue frenar la independencia de las colonias, conservando Cuba y Puerto Rico.

Grecia

Grecia formaba parte del Imperio Turco u Otomano, junto con otros pueblos de los Balcanes, pero empezaron a surgir núcleos de resistencia. En Grecia, la burguesía protagonizó un movimiento de independencia, culminando en el levantamiento popular de 1821, que contó con el apoyo interesado de Rusia, Austria, Hungría y Gran Bretaña, interesadas todas ellas en el debilitamiento del Imperio Turco para abrirse rutas comerciales por el extremo del Mediterráneo. La influencia de las ideas liberales también se manifestó en la propagación de sociedades secretas (heterías). La proclamación de independencia de Grecia, en el Congreso de Epidauro, fue el principio de una acción revolucionaria que culminaría con la firma del Tratado de Adrianópolis.

3. La Revolución de 1830

Esta nueva revolución con epicentro en Francia, aunque luego se extendió por Bélgica, fue de tipo liberal nacionalista y estuvo dirigida por la burguesía. En ambos países triunfó la revolución.

3.1 Francia

Después de la derrota de Napoleón en 1814, la restauración borbónica en Francia se llevó a cabo bajo el reinado de Luis XVIII, adoptándose como modelo constitucional una carta otorgada. Al subir al trono francés su hermano Carlos X, el pueblo francés temía un retroceso hacia posturas más reaccionarias. El ambiente general era de tensión social, agravado por malas cosechas. La industria, el comercio y el sector financiero también se vieron afectados, con lo que la burguesía de negocios vio fuertemente afectados sus intereses. En julio de 1830, Carlos X firmó las Ordenanzas que suspendían la libertad de prensa, disolvían la cámara de diputados, establecían un nuevo régimen electoral que reducía el censo a los grandes propietarios y fijaban para septiembre nuevas elecciones. Estas medidas ultraconservadoras significaban la vuelta a la concentración de poder en la monarquía, frente a la división que postulaba el liberalismo. Todo esto condujo finalmente a otra revolución en Francia. La insurrección de París estuvo dirigida por la burguesía liberal y apoyada por el pueblo proletariado. Esta sublevación desembocó en el destronamiento de Carlos X y en la caída definitiva del antiguo régimen. El temor a la República estaba muy vivo todavía. La alta burguesía propuso a Luis Felipe, duque de Orleans, y lo eligieron como nuevo rey. La nueva constitución entregó el poder a esta alta burguesía, pero los problemas sociales seguían latentes.

3.2 Independencia de Bélgica

La unión de Bélgica y Holanda en una única nación (los Países Bajos), no fue aceptada por Bélgica. Esta contaba con una próspera burguesía de negocios que tomaría las riendas de la revolución contra su enemiga, Holanda, diferente en religión y lengua. Las jornadas revolucionarias de Francia sirvieron de estímulo al nacionalismo de la población belga, que hizo estallar la revolución el 25 de agosto de 1830, aunque en esta ocasión la burguesía se situó al lado de las autoridades. En octubre, una junta de defensa declaró la independencia de Bélgica. Como consecuencia, el parlamento, en representación de la nación, elegía a Leopoldo de Sajonia-Coburgo como soberano. La Constitución belga, desde entonces modelo de constitucionalismo liberal, declaró la soberanía nacional, un parlamento bicameral elegido soberanamente, la independencia judicial y los derechos del ciudadano.

4. La Revolución de 1848

La revolución de 1848 fue un levantamiento liberal y nacionalista, que estalló en diversos lugares de Europa, principalmente debido a los problemas económicos y sociales. Las ideas democráticas abanderaron o movilizaron los movimientos de protesta reivindicando: sufragio universal, soberanía popular, ampliación de libertades, proclamación de la República como forma de gobierno. Las clases medias serán las protagonistas de estos movimientos revolucionarios, el proletariado andaba inmerso en el contexto de la lucha obrera y la ideología antiburguesa, los campesinos trataban de sobrevivir a la crisis agraria y tuvieron un gran protagonismo en lugares como Italia, Rusia o Irlanda. En Francia, el estallido revolucionario puso de manifiesto la corrupción política y la falta de libertades, de modo que en febrero la clase media parisina se echó a la calle consiguiendo que Luis Felipe de Orleans abdicara y proclamaran la Segunda República, con carácter democrático. A cargo del gobierno figura Luis Napoleón Bonaparte, que se convirtió en presidente de la República pero en 1851 da un golpe de estado proclamándose una monarquía autoritaria conocida por el Segundo Imperio (1852-1870), pasándose a llamar Napoleón III.

5. Unificaciones

5.1 Unificación de Italia

Italia estaba formada por media docena de estados, reorganizados en el Congreso de Viena. Una potencia extranjera, Austria, hizo entonces su aparición. El ideal nacionalista italiano se expresó desde 1815 a 1848 en tres ámbitos: literario, político y económico, siempre con una actitud de oposición a Austria. Poetas, novelistas y músicos ensalzaban la idea de la patria italiana, por ejemplo, Verdi. En el plano político, existieron tres modelos de Estado nacional.

Fases de la unificación

Desde el reino de Piamonte-Cerdeña, se comenzó a defender la necesidad de un Estado fuerte y unido. El político y estadista Cavour sería el protagonista de una estrategia realista para conseguir la unificación. Para conseguir este gran objetivo tuvieron que resolverse tres problemas: la presencia austriaca en el norte, la cuestión romana en el centro y los Borbones en el sur. Cavour buscó el apoyo de la Francia de Napoleón III y consiguió las victorias de Magenta y Solferino en la guerra contra Austria. Buena parte de los territorios del centro pidieron su anexión al Piamonte. La guerra del reino de las Dos Sicilias fue obra de Giuseppe Garibaldi que en 1860 encabezó la expedición de los Mil. Esta marcha acudió en auxilio de los revolucionarios sicilianos, cruzó el estrecho y acabó con la monarquía absoluta de Nápoles. Garibaldi se proclamó entonces dictador del Reino de las Dos Sicilias. En 1861, tras convocarse un parlamento en Turín, se proclamó monarca del nuevo Reino de Italia a Víctor Manuel II. La guerra entre Prusia y Austria estalló y permitió la anexión de Venecia y más tarde Roma se incorporaría.

5.2 Alemania

Alemania formaba parte de la Confederación Germánica, que agrupaba a 39 estados sometidos a la influencia de Prusia, en el norte, y del Imperio Austríaco en el sur. La primera fase hacia la unificación ocurrió en el periodo en el que el Congreso de Viena reorganizó la Confederación. El proyecto de unificación alemana tomó un nuevo impulso cuando Otto von Bismarck se hizo cargo del gobierno de Prusia. La diplomacia usada por el canciller en política internacional fue muy astuta, pues sabía cuáles eran los intereses de sus enemigos. Bismarck sabía que tenía como aliado a Rusia, ya que ésta prefería en caso de guerra la victoria de Prusia antes que la de Austria. La denominada Guerra de los Ducados fue una hábil estrategia del canciller Bismarck para anexionar los ducados al sur de Dinamarca de población alemana. La Guerra Franco-Prusiana de 1870 fue el último capítulo hacia la implantación del Segundo Reich alemán. El conflicto armado estalló cuando Bismarck hizo uso de la falsedad, haciendo creer a la prensa francesa la posibilidad de que Leopoldo de Hohenzollern fuera nombrado rey de España. Napoleón III rechazaba esta candidatura ante la posibilidad de una unión hispano-germánica. El canciller consiguió la anexión de tres estados del sur de Alemania y, tras una humillante guerra para Francia en la que perdió Alsacia y Lorena, Napoleón III fue despojado del título imperial, mientras en la Galería de los Espejos de Versalles, en 1871, se proclamó a Guillermo I emperador del II Reich alemán.

Resúmenes Tema 6

1. Nacionalismo, Romanticismo y Liberalismo

1.1 Nacionalismo

Los franceses habían encontrado una resistencia dentro de los países ocupados, en los que surgían movimientos de protesta y de independencia. Uno de los principales movimientos de resistencia contra el invasor fue el nacionalismo antifrancés, donde se mezclaban sectores sociales, tanto conservadores como liberales. Esta corriente ideológica apareció en diferentes países y se manifestó en diversas formas. En Alemania, el movimiento nacional tuvo gran fuerza. Los germanos se revelaron contra Napoleón. Los años de la Revolución Francesa y de Napoleón fueron, en Alemania, los del desarrollo de un movimiento conocido como Romanticismo. El despertar nacional de Alemania cobró fuerza gracias al filósofo Fichte, que pronunció sus Discursos a la Nación Alemana, afirmando la existencia de un poderoso espíritu alemán y defendiendo el sentimiento nacionalista al establecer el principio de nación: existen signos externos que identifican a todos los pueblos como la raza, la lengua y la cultura.

1.2 Romanticismo

Aparecida en Alemania en 1800, esta corriente de pensamiento se extendió por toda Europa. Exalta la libertad individual en las artes, igual que el liberalismo lo hacía en economía y en política. Románticos fueron tanto conservadores como liberales. Los románticos exaltaban los valores contrarios a la razón: la pasión, la fantasía, el sentimiento desbordado y el nacionalismo como movimiento político.

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