La Batalla de Egospótamos: El Fin de la Flota Ateniense
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La Batalla de Egospótamos: El Desastre Final de Atenas
La estrategia de Lisandro
24. Lisandro ordenó a las naves más rápidas que siguieran a los atenienses y, una vez que estos desembarcaran, observaran sus acciones para luego zarpar e informarle. No permitía el desembarco de sus propias fuerzas hasta que sus naves de observación hubieran regresado. Repitió esta táctica durante cuatro días, mientras los atenienses se hacían a la mar diariamente para presentar batalla.
La advertencia desoída de Alcibíades
25. Alcibíades, observando desde sus muros, vio que los atenienses estaban anclados en una playa abierta, lejos de cualquier ciudad (polis), y que debían buscar provisiones en Sesto, a quince estadios de distancia de sus naves. En cambio, sus enemigos se encontraban en un puerto, cerca de una ciudad con todos los suministros. Por ello, les advirtió que no estaban anclados en un buen lugar y les aconsejó trasladarse a Sesto, junto al puerto y la ciudad. «Estando allí», afirmaba, «combatiréis cuando queráis».
26. Sin embargo, los estrategos, principalmente Tideo y Menandro, le ordenaron que se marchara, pues eran ellos quienes ahora dirigían el ejército, y no él.
El ataque sorpresa y la victoria espartana
28. En el momento oportuno, Lisandro dio la señal de zarpar a máxima velocidad, acompañado por Tórax y la infantería. Al ver la flota enemiga aproximarse, Conón ordenó a sus naves acudir en su ayuda. Sin embargo, con los hombres dispersos, la flota ateniense no estaba preparada: unas naves solo tenían tripulación para dos bancos de remos (birremes), otras para uno (monorremes), y algunas estaban completamente vacías. Solo la nave de Conón y otras siete a su alrededor, junto con la nave sagrada Páralo, estaban completamente equipadas y zarparon agrupadas. Lisandro capturó todas las demás naves cerca de la costa. La mayoría de los hombres fueron apresados en tierra, aunque algunos lograron huir hacia las fortificaciones cercanas.
La huida de Conón y las consecuencias
29. Conón, huyendo con sus nueve naves y consciente de que la situación de los atenienses era desesperada, se detuvo en Abarnida, el promontorio de Lámpsaco. Allí, tomó las grandes velas de las naves de Lisandro y, con ocho de sus naves, navegó hacia Chipre para reunirse con Evágoras. La nave Páralo fue enviada a Atenas para anunciar el desastre.
30. Lisandro llevó las naves capturadas, los prisioneros y todo el botín a Lámpsaco. Entre los estrategos capturados se encontraban Filocles y Adimanto. Ese mismo día, envió a Teopompo, el pirata milesio, a Lacedemonia para comunicar la noticia de la victoria, quien llegó y la anunció en solo tres días.