El Bienio Progresista (1854-1856): Reformas, Conflictos y la Constitución Nonata

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El Bienio Progresista (1854-1856): La Búsqueda de la Estabilidad Liberal

Al promulgarse, la Constitución Progresista (Nonata) de 1856 recogía los principios progresistas de soberanía nacional, una amplia declaración de derechos, tolerancia religiosa, cortes bicamerales (pero ambas electivas) y el restablecimiento de la Milicia Nacional, entre otras medidas. La necesidad de recurrir a nuevas constituciones cada vez que había un cambio de gobierno se debió a la rigidez y al marcado carácter ideológico de estas, lo que hacía inviable el gobierno por un partido que no fuera el mismo que la había elaborado.

Durante este bienio, marcado por profundas tensiones políticas y sociales, se desarrollaron medidas políticas clave que afianzaron el régimen liberal basado en el predominio del modelo capitalista-industrial.

Reformas Económicas Clave del Bienio Progresista

Las principales leyes impulsadas durante este periodo fueron:

  • Desamortización municipal de Madoz (1855): Desamortizaba los bienes de propios y del común de los ayuntamientos.
  • Ley de Ferrocarriles (1855): Planificó la concesión de las líneas ferroviarias, fundamental para la industrialización y la vertebración del territorio.
  • Ley Bancaria (1856): Dio impulso al sector financiero, buscando evitar que estuviera solo en manos de banqueros franceses o ingleses.

El Surgimiento de la Oposición y la Unión Liberal

La oposición al Partido Progresista se gestó rápidamente, lo que provocó que muchas reformas solo se propusieran y que la Constitución de 1856 nunca llegara a entrar en vigor. Por un lado, Leopoldo O’Donnell se situó en posiciones más conservadoras, fundando el partido Unión Liberal. Este partido pretendía mantener la equidistancia entre moderados y progresistas, aglutinando a descontentos de ambas formaciones.

Conflictividad Social y Crisis Agraria

Las reformas destinadas a afianzar la economía industrial encontraron la oposición de los sectores obreros, que empezaban a tener un protagonismo creciente en la vida social española, especialmente en Cataluña y el Norte. Esto provocó motines y huelgas que fueron duramente reprimidas. A estas protestas sociales se sumaron las protestas agrarias, motivadas por épocas de malas cosechas y carestías, lo que aumentó drásticamente el clima de crisis política y social.

El Fin del Bienio

En diciembre de 1856, O’Donnell se alió con Narváez y los moderados, provocando la caída de Espartero. Con este golpe, se restauró la Constitución de 1845, poniendo fin al gobierno progresista.

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