Biopolítica y sociedad disciplinaria: poder, producción de sujetos y formas de resistencia
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Biopolítica y población en el siglo XIX
En el siglo XIX la biopolítica: la población, como conjunto de individuos vivos, se convierte en objetivo del gobierno; éste se ocupa de la natalidad, la longevidad, la salud pública, la vivienda y la emigración. La economía política se constituye en torno a la relación población–territorio–riqueza. Hay una intervención creciente sobre las vidas de los individuos: el encauzamiento de sus impulsos se realiza desde la perspectiva de la rentabilidad. La coacción mediante la violencia es sustituida por la administración de expertos científicamente preparados.
Las disciplinas y la producción del saber
Las disciplinas (clínica, cárcel, escuela, confesionario...) constituyen al mismo tiempo ejercicios de poder y discursos de saber: el poder instaura discursos de verdad y, a su vez, todo saber implica relaciones de poder. La ubicuidad de las disciplinas —vigilancia, sanción, examen— se generaliza como mecanismo de la llamada sociedad disciplinaria, la cual no solo reprime, sino que produce, mejora, intensifica y clarifica.
El panóptico como imagen social
El panóptico aparece como imagen clave de la sociedad disciplinaria. Todos son vigilantes de todos, responsables de que el gran ojo invisible no los sorprenda fuera de la norma democráticamente aceptada. En la sociedad disciplinaria, por tanto, el poder produce a los individuos.
¿Qué significa ser sujeto?
En la concepción clásica del poder, el individuo es un presupuesto último: aun cuando esté oprimido, engañado o manipulado, preexiste a esas operaciones. En cambio, la disciplina “fabrica” individuos: ser sujeto es estar "sujeto"; no ya sometido a una dominación exterior, sino insertado en una red de dispositivos normativos. El sujeto piensa y actúa en el marco de normas que ordenan su pensamiento y su acción. Inmanencia de las normas.
El individuo no es algo dado sobre lo que se ejerce el poder, sino el producto de una relación de poder. Es un constructo que necesitamos para comprender actos o acontecimientos que percibimos de forma atomizada, reuniéndolos y asignándolos a series significativas. Y ese "sí mismo" fabricado por el poder puede convertirse en el mejor instrumento del poder, merced a la autodisciplina.
Acción política y resistencias
Entonces, ¿qué acción política liberadora sería posible? No es posible escapar absolutamente al poder, pero todo poder engendra una resistencia. La estrategia consistiría en multiplicar en el tejido social los puntos de resistencia y en extender la superficie de las disidencias posibles. Más que grupos de jerarquía vertical (partidos, sindicatos), se proponen pequeños grupos con jerarquías móviles y flexibles que subviertan continuamente los patrones establecidos.
Se sugiere, por tanto, una acción política fragmentaria y coyuntural, porque no habría lugar para un proyecto histórico de emancipación total. Hay que tratar de liberar el deseo allí donde esté sometido, sin pretender una síntesis global. En esta lucha tiene un papel destacado la plebe: minorías marginales situadas en la periferia de lo que se considera normal. Los intelectuales lucharán en su ámbito propio —el saber— desenmascarando las astucias y engaños del poder.
Además, se destaca la importancia de la insurrección de los saberes sometidos contra el poder plasmado en cientificidad. En los últimos escritos de Foucault se aprecia un cierto giro hacia el tema de la subjetividad y la autocreación de un sujeto frente a los efectos del poder, orientándose hacia la liberación de la propia identidad mediante el cuidado de sí mismo.
Formas de resistencia propuestas
- Multiplicación de puntos de resistencia en el tejido social.
- Acción fragmentaria y coyuntural en lugar de proyectos totalizantes.
- Grupos de jerarquías móviles y flexibles que subviertan patrones establecidos.
- Insurrección de saberes sometidos y crítica intelectual.
- Prácticas de autocuidado y autocreación del sujeto.
Críticas y cuestiones abiertas
Críticas: la visión del poder como red de relaciones omniabarcante muestra la dimensión coactiva del orden social, pero no tiene en cuenta las diversas dimensiones y distinciones de la normatividad (coerción y consenso, fuerza y autoridad). El carácter irreductible y primario del poder, entendido como omnipresente, puede llevar a la conclusión de que resulta difícil cualquier resistencia, dado que el poder estaría incluso dentro de la propia resistencia (otro polo de poder).
Surgen así preguntas importantes: ¿qué justificaría la resistencia? La exclusión del sujeto plantea cuestiones como la de qué es lo que resiste y quién aplica el método genealógico. ¿No requiere la aplicación de las normas el juicio del agente sobre las características de la situación? ¿Cómo se coordinan las disciplinas para crear una sociedad carcelaria?
Preguntas finales
- ¿Qué justificaría la resistencia frente a un poder omnipresente?
- ¿Quién ejecuta el análisis genealógico y con qué criterios?
- ¿Cómo se articulan coerción y consenso en las prácticas normativas?
- ¿De qué manera se coordinan las disciplinas para constituir una sociedad carcelaria?
Conclusión
La reflexión sobre biopolítica y sociedad disciplinaria permite comprender cómo el poder no solo reprime, sino que produce sujetos mediante dispositivos normativos y prácticas cotidianas. Ante esta trama de poder, la propuesta consiste en multiplicar resistencias locales y flexibles, combinar la crítica del saber con prácticas de autocuidado y abrir espacios de disidencia que impidan la naturalización completa de las normas.