Bóveda de la Capilla Sixtina: Miguel Ángel, 'La creación de Adán' y los ignudi
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La bóveda y su estructura
Miguel Ángel simula diez arcos fajones con la intención de dividir la gran bóveda de cañón en nueve tramos. Dos falsas cornisas parten los tramos en tres registros. Los rectángulos resultantes en el registro central son de dos tamaños diferentes y narran nueve historias del Génesis, desde la creación hasta el renacer de la Humanidad tras el Diluvio Universal:
Las nueve escenas del Génesis
- La separación de la luz y las tinieblas
- La creación de los astros
- La separación de tierras y aguas
- La creación de Adán
- La creación de Eva
- El pecado original y la expulsión del Paraíso
- El sacrificio de Noé
- El Diluvio Universal
- La embriaguez de Noé
Iconografía y colaboradores
Aunque, según sus biógrafos, fue Miguel Ángel quien eligió la iconografía, en realidad debió contar con el asesoramiento de los teólogos de la corte papal. En las esquinas de los recuadros menores están sentados los ignudi —un total de veinte adolescentes desnudos— como esculturas vivas, sin justificación narrativa, que sostienen medallones de bronce con escenas del Antiguo Testamento.
Profetas y sibilas
Entre los lunetos sitúa las figuras a mayor escala de siete profetas bíblicos: los cuatro profetas mayores —Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel— y tres de los menores —Zacarías, Joel y Jonás—, y las cinco sibilas que anunciaron la venida de Cristo.
La creación de Adán: el instante decisivo
Una de las escenas más célebres de todo el conjunto es, sin lugar a dudas, La creación de Adán, en la que logra captar magistralmente la magnética intensidad del instante en que Dios va a insuflar la vida a un Adán anhelante. La composición en elipse lleva nuestra mirada hacia el gesto de los dedos, que no llegan a tocarse, y que se convierte en el punto focal de la bóveda.
Técnica, anatomía y restauración
La pintura de Miguel Ángel refleja su temperamento escultórico en la creación de figuras enormes, vigorosas, en tensión con el espacio y en una extraordinaria variedad de posturas y actitudes, algunas inverosímiles. Los cuerpos desnudos revelan un perfecto conocimiento de la anatomía humana, especialmente los ignudi. La restauración llevada a cabo entre 1990 y 1994 ha devuelto a la obra su original sentido cromático, con colores vivos y luminosos, de gran intensidad.