Carlismo en el País Vasco: Fueros, Zumalacárregui y el Convenio Eliot (1833-1835)
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Guerra carlista (33/40)
1. Guerra carlista (33/40): En las guerras carlistas del País Vasco se entremezclaban el integrismo religioso, la reacción absolutista, la defensa del sistema foral y la conservación del régimen señorial de la propiedad de la tierra. El liberalismo se veía como una ideología atea y anticlerical que se contradecía con la tradición religiosa del País Vasco; representaba además una amenaza para los fueros por su tendencia uniformadora y centralizadora. En el País Vasco, al lema carlista de «Dios, Patria, Rey» se le añadía el de «fueros». La Iglesia vasca se convirtió en defensora del carlismo. Los carlistas se vieron apoyados también por la nobleza y por sectores del campo que temían que los nuevos propietarios fuesen peores que los existentes hasta entonces. A medida que la legislación del Gobierno central se volvía más uniformadora en las 51 provincias, crecía la oposición carlista en el País Vasco. La promulgación del Estatuto Real a comienzos de 1834 eliminó en la práctica el régimen foral. Se alzaron voces a favor de alguna forma de compromiso en la cuestión de los fueros que abrió paso al fuerismo liberal.
Desarrollo militar y liderazgo de Zumalacárregui
A los cuarenta días del inicio de la guerra, con la excepción de las dos plazas no vencidas —San Sebastián y Pamplona—, los carlistas dominaban todo el País Vasco. A partir de ese momento la guerra carlista se convirtió en un conflicto entre el campo y las ciudades, socorridas por el ejército isabelino. Entre los carlistas cundió la indecisión. Pero un hombre, Tomás de Zumalacárregui, creó la unidad de las fuerzas, levantó la moral de las tropas y, sobre todo, diseñó y adoptó con éxito una estrategia militar adaptada a la situación. Sus fuerzas eran escasas, de apenas 800 hombres armados. Sobre todo, contaba con un numeroso ejército invisible, pues sus tropas se movían entre la población campesina. Además, el ejército carlista pagaba las provisiones a los aldeanos con bonos pagaderos a la entrada del rey don Carlos en Madrid; de ahí que, al deseo ideológico de los campesinos por el triunfo de la causa, se sumaran sus intereses más inmediatos de ser abonados.
Humanización de la contienda y el Convenio Eliot (1835)
Las barbaridades de la guerra hicieron que Inglaterra y Francia transmitieran a Madrid el deseo de humanizar la contienda. Se firmó el Convenio Eliot en 1835 entre el general isabelino Valdés y el carlista Zumalacárregui. Se aceptó el pacto porque convenía y establecía, entre otros puntos:
- Respetar la vida de los prisioneros y canjearlos.
- No quitar la vida por sus opiniones a persona alguna, civil o militar, sin que hubiese sido juzgada.
Observaciones finales
El conflicto en el País Vasco combinó elementos ideológicos, sociales y económicos: la defensa de los fueros y de un orden tradicional, la intervención de la Iglesia y de la nobleza, y el papel decisivo de líderes militares como Zumalacárregui. Las medidas centralizadoras del Gobierno y las respuestas carlistas marcaron una etapa clave en la historia contemporánea española.