Nada de Carmen Laforet: novela de posguerra (Premio Nadal 1944) y retrato de la pequeña burguesía
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Contexto histórico y recepción
Nada, de Carmen Laforet, ganadora del Premio Nadal de 1944, es un fiel retrato de la sociedad de posguerra. En 1939 España acababa de salir de una cruenta guerra civil. Hasta los años cincuenta el franquismo fue implacable:
- represión de los vencidos,
- exilio,
- autarquía,
- racionamiento,
- aislamiento internacional,
- censura,
- ausencia de libertades.
En la novela, la guerra persiste en su imagen de cambio radical mediante la enunciación de los dos modos de vida de Juan y Román. La escritora supo transmitir, con su prosa renovadora, la lenta desaparición de la pequeña burguesía tras la guerra civil, personificada en la familia de la calle Aribau.
Retrato social e individual
La obra refleja la sociedad centrándose en el universo individual y en el drama humano más que en la problemática social colectiva. Considerada como un antecedente del realismo social de los años cincuenta, destaca por un realismo objetivista de choque: un estilo sencillo en el que toma importancia lo paralingüístico y la carencia de crítica social explícita.
Existencialismo y crisis del personaje
El existencialismo reinante se manifiesta en la crisis de la propia Andrea, el personaje principal, en frases como:
¡Cuántos días sin importancia!
Los personajes, en conflicto con el mundo, buscan soluciones individuales y no pretenden transformarlo. Así, en su lucha contra la sociedad, la protagonista expresa su anhelo de independencia y liberación femenina en frases como:
«El único deseo de mi vida es que me dejen en paz, hacer mi capricho.»
En este aspecto también se aprecia la crítica a los tópicos románticos:
«Toda la historia de Angustias resultaba como una novela del siglo pasado.»
Se dan otros ejemplos de esta búsqueda personal de alternativas a la opresión social, como el caso de Gloria, presa de la violencia doméstica.
Llegada a la ciudad y búsqueda personal
La narrativa de este tiempo ofrece la perspectiva de la posguerra como un viaje personal. Andrea llega a la ciudad masificada, al reencuentro con una familia de desconocidos, donde la guerra ha impedido la comunicación. La gran ciudad se presenta como lugar de lo posible, de la construcción del sujeto.
En este sentido, Andrea se convierte en ese modelo de chica «rara», como la define Pons, que la lleva a conocer al grupo bohemio de Guíxols y el libre pensamiento propio de la sociedad catalana de posguerra.
Conclusión
Entre sus líneas, la autora retrata, con tintes de denuncia, una época marcada por la ruptura social y la búsqueda íntima de libertad. Nada permanece como obra clave para comprender la tensión entre la experiencia individual y la coyuntura histórica de la España de posguerra.