Causas, Desarrollo del Golpe de 1936 y Dimensión Internacional de la Guerra Civil

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Orígenes y causas de la Guerra Civil española

La Guerra Civil española es uno de los acontecimientos históricos que mayor bibliografía ha producido en la historiografía de España. Este conflicto tuvo diversas causas y factores desencadenantes:

  • Polarización ideológica: Durante la contienda se produjo un violento enfrentamiento entre dos posturas antagónicas. A uno de los bandos se le acusaba de representar los postulados del fascismo europeo en auge, mientras que al otro se le recriminaba defender el comunismo que había triunfado casi dos décadas antes en Rusia.
  • Impacto cultural y mediático: Destacó el enorme prestigio internacional que la cultura española había alcanzado fuera de sus fronteras y la fuerte conmoción mundial provocada por sucesos como el asesinato del poeta Federico García Lorca.
  • Campo de pruebas militar: El conflicto sirvió como banco de ensayos táctico para el desarrollo de nuevas estrategias bélicas que más tarde se aplicarían en la Segunda Guerra Mundial, adquiriendo una relevancia decisiva la aviación de combate y los bombardeos sobre población civil.
  • Dimensión internacional: Distintos países simpatizaron activamente con uno u otro contendiente, prestando apoyo militar, humano y logístico tanto al bando republicano como al bando sublevado. Llegaron contingentes de italianos y alemanes, combatientes portugueses e irlandeses, así como comisarios e instructores soviéticos.

La conspiración y el golpe de Estado de julio de 1936

Aunque comúnmente se señala el asesinato de José Calvo Sotelo en julio de 1936 como el detonante inmediato de la contienda, la realidad histórica demuestra que dicho suceso no fue más que la chispa de una conspiración que se venía gestando meses atrás. Desde el advenimiento de la Segunda República se produjeron varios intentos de golpe de Estado; algunos fracasaron militarmente como la Sanjurjada del general Sanjurjo en 1932, mientras que otros quedaron en tramas conspirativas protagonizadas por generales como Emilio Mola, Joaquín Fanjul, Enrique Varela, Manuel Goded o Francisco Franco.

Tras el triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936, el gobierno republicano intentó desarticular la trama golpista dispersando a los mandos sospechosos: Franco fue destinado a la Capitanía General de Canarias y Goded a las Islas Baleares. Sin embargo, se permitió que el general Mola permaneciera en Navarra como gobernador militar, posición desde la cual asumió el papel de El Director para planificar y coordinar el alzamiento armado.

El ejecutivo republicano minimizó el peligro y no adoptó medidas drásticas oportunas. Políticos como Indalecio Prieto advirtieron con claridad del riesgo inminente, pero ni Manuel Azaña, ni Francisco Largo Caballero, ni el presidente del gobierno Santiago Casares Quiroga reaccionaron a tiempo, infravalorando la viabilidad del golpe.

Como consecuencia, el 17 de julio de 1936 estalló la sublevación militar en el Protectorado español de Marruecos, extendiéndose el 18 de julio a la península e iniciando una cruenta guerra de casi tres años de duración. El plan inicial de los golpistas consistía en que todas las comandancias militares se sumaran simultáneamente y que las tropas de Mola desde el norte y las de Franco desde el sur convergieran sobre Madrid. Sin embargo, el pronunciamiento fracasó en su objetivo de controlar rápidamente el país: el ejército se dividió, el golpe militar derivó en una guerra civil y la sociedad civil se vio obligada a alinearse en uno u otro bando.

División territorial y correlación de fuerzas

La sublevación militar fracasó en los principales núcleos urbanos e industriales de España:

  • Bando republicano: En Madrid, el general Fanjul se atrincheró en el Cuartel de la Montaña, pero el pueblo, tras ser armado, asaltó el recinto dejando cientos de víctimas. En Barcelona, el intento golpista fue sofocado y el general Goded fue capturado y fusilado, sucediendo algo similar en Valencia. La República retuvo el control de la mayor parte de Andalucía (salvo focos sublevados en Sevilla, Córdoba y Granada), casi todo Aragón (a excepción de Zaragoza), Asturias, Santander (Cantabria), el País Vasco, Cataluña, la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha.
  • Bando sublevado: Triunfó en Galicia, Castilla y León, Navarra, el Protectorado de África, los archipiélagos canario y balear (salvo Menorca), y en las capitales andaluzas y aragonesas citadas.

En el plano económico e institucional, el gobierno republicano retuvo los recursos financieros del Estado, incluyendo las 365 toneladas de reservas de oro depositadas en el Banco de España en Madrid, las cuales se utilizarían posteriormente para costear el suministro armamentístico soviético. En el ámbito militar, de los 18 generales de división existentes, únicamente cuatro se sumaron al golpe: Miguel Cabanellas, Manuel Goded, Gonzalo Queipo de Llano y Francisco Franco. Asimismo, alrededor de 3.500 oficiales permanecieron leales a la República, lo cual, paradójicamente, supuso una notable dificultad organizativa para el bando republicano por la carencia de suficientes mandos intermedios cualificados.

En cuanto al reparto de tropas e instrumental bélico:

  • La República conservó aproximadamente el 66% de la aviación militar, el 70% de la marina de guerra, más de la mitad de las fuerzas de la Guardia Civil y aproximadamente la mitad del ejército de tierra peninsular.
  • Los sublevados contaron con el núcleo militar más fogueado y profesional: unos 47.000 soldados del Ejército de África (compuesto por el Tercio de la Legión y las Tropas Regulares Indígenas), a los que se sumaron rápidamente unos 200.000 milicianos falangistas y cerca de 63.000 requetés carlistas.

La internacionalización del conflicto bélico

Poco después del estallido bélico, Francia y Gran Bretaña promovieron la creación del Comité de No Intervención, al cual se adhirieron hasta una treintena de países europeos, entre ellos la Italia fascista y la Alemania nazi. En la práctica, este organismo constituyó una política de apaciguamiento ineficaz y un «papel mojado» ante los continuos incumplimientos de las potencias totalitarias.

La ayuda exterior a la Segunda República

La Segunda República recibió desde fechas tempranas suministros, armamento y asesores de la Unión Soviética (URSS), así como respaldo diplomático y material limitado de México y simpatía institucional de Francia. Esta dependencia material acentuó la influencia soviética y del Partido Comunista en la política republicana. El abastecimiento fue sufragado directamente mediante el traslado y venta del conocido como «oro de Moscú». La ayuda soviética incluyó tanques, aviones, munición, técnicos y la organización de las Brigadas Internacionales, compuestas por voluntarios antifascistas de todo el mundo cuyo objetivo prioritario era contener el avance de los totalitarismos y del fascismo en Europa.

El apoyo extranjero al bando sublevado

En el campo sublevado, el auxilio logístico y bélico procedió fundamentalmente del régimen de Adolf Hitler en Alemania y del de Benito Mussolini en Italia, compensado económicamente a crédito y mediante la exportación de materias primas y minerales estratégicos:

  • Alemania: Envió a la Legión Cóndor, una unidad aérea y terrestre de élite con unos 6.000 asesores y aviadores.
  • Italia: Desplegó el Corpo Truppe Volontarie (CTV), un cuerpo expedicionario integrado por más de 40.000 efectivos fuertemente pertrechados con artillería y blindados.
  • Otros apoyos: Portugal brindó facilidades operativas, frontera abierta y varios miles de voluntarios conocidos como los Viriatos; paralelamente, desde Irlanda se integró la bandera de voluntarios católicos de la Legión de San Patricio.

La historiografía coincide en señalar que, sin la decisiva intervención y asistencia de las potencias extranjeras, la Guerra Civil española habría tenido un desenlace sensiblemente más rápido y un saldo de víctimas mucho menor.

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