El Ciclo de Wilson: Dinámica de la Litosfera y Evolución Continental

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El Ciclo de Wilson, propuesto por Tuzo Wilson, explica el proceso de apertura y cierre de los océanos, así como la fragmentación y posterior unión de los continentes. En este ciclo se pueden distinguir las siguientes fases:

Fases del Ciclo de Wilson

  1. Fragmentación continental: El continente se fragmenta por acción de puntos calientes que abomban y adelgazan la corteza hasta romperla, originándose un rift continental.
  2. Apertura oceánica: Si continúa la separación, el rift es invadido por el mar y se empieza a formar litosfera oceánica en una dorsal oceánica (borde constructivo) que separa los fragmentos continentales. Los continentes quedan separados por una pequeña cuenca oceánica.
  3. Expansión: El proceso continúa y los continentes se separan progresivamente. Entre ellos aparece una cuenca oceánica extensa, con una dorsal bien desarrollada.
  4. Subducción: Cuando la cuenca oceánica alcanza cierto tamaño y es suficientemente antigua, los bordes que se encuentran en contacto con los fragmentos continentales se vuelven fríos y densos, y comienzan a hundirse (subducción) debajo de la corteza continental (menos densa), generándose un borde destructivo. En esta zona se origina una cadena montañosa que va bordeando al continente (arco volcánico). La corteza oceánica se desplaza desde el borde constructivo (dorsal) al destructivo (fosa), por lo que la cuenca oceánica deja de crecer.
  5. Cierre y colisión: Finalmente, tras la destrucción de la totalidad de la cuenca oceánica, y teniendo en cuenta que la Tierra es una esfera limitada, las dos masas continentales chocan (colisión) y se origina una cordillera (orogenia) sobre la sutura que cierra el océano.

Dinámica Global y Ciclicidad

El desplazamiento de las placas se realiza sobre una superficie esférica, por lo que los continentes terminan por chocar y soldarse, formándose una gran masa continental (supercontinente). Esto ha ocurrido varias veces a lo largo de la historia de la Tierra. El supercontinente impide la liberación del calor interno, por lo que se fractura y comienza un nuevo ciclo.

Así pues, las masas continentales no se suelen destruir en gran medida, debido a que se unen y/o fragmentan en cada ciclo (400-500 m.a.), mientras que las cuencas oceánicas se crean y destruyen. Por ello, la corteza oceánica más antigua que existe data del Jurásico (396 m.a.), mientras que las rocas continentales más antiguas que se conocen son del Arcaico (4.000 m.a.).

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