Cipión y Berganza: La Historia de Dos Perros que Hablan en Valladolid

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¿Quiénes son Cipión y Berganza?

¿Dónde se hallan? Tras sorprenderse de esa cualidad que han adquirido esa noche y que no es propia de su naturaleza – la facultad de hablar e hilvanar razonados discursos – ¿qué le propone Cipión a Berganza?

Dos perros del Hospital de la Resurrección de Valladolid, que durante una noche adquieren la facultad de hablar, cosa que los maravilla. Cipión, para aprovechar esa habilidad, que no saben cuánto les durará, le propone a su compañero que le cuente su vida y que la noche siguiente él hará lo propio. Para ello, le propone que dejen por esa noche la vigilancia y se tiendan en un rincón de una habitación, próximo al lecho donde convalece un enfermo de sífilis. Suponen que, por la fiebre tan elevada que debe tener, estará durmiendo o medio inconsciente.

¿Cuál es el primer amo de Berganza?

¿Por qué lo abandona?

Un jifero (matarife).

Lo abandona porque le lanza un cuchillo en un arrebato de ira, ya que se ha dejado timar por una hermosa mujer que le ha quitado la carne. Afortunadamente, por su rapidez de reflejos, pudo esquivarlo.

¿Qué vicios descubre Berganza mientras sirve a diferentes amos?

El jifero es ladrón (roba carne del matadero donde trabaja) y agresivo, capaz de matar por igual a un animal que a una persona. Es lujurioso y carece de honradez.

Los pastores son también ladrones: fingen que el ganado es atacado por lobos, cuando ellos son los que los matan para quedarse con su carne.

El alguacil, sirviéndose de su oficio y con ayuda de su amante, una prostituta, y del Corregidor, estafa a los incautos extranjeros que caen en las redes de esta. Atrapados en situación comprometida con ella, los amenaza con encerrarlos por inmoralidad y acaba extorsionándolos – sacándoles dinero – a cambio de dejarlos libres. Además, presumía de valiente capturando a varios delincuentes al mismo tiempo, pero, en realidad, era una farsa montada en colaboración con estos para granjearse esa fama. Lo cierto es que encubre sus hurtos por interés.

El atambor actúa con él como un titiritero, aprovechándose de las habilidades del perro y de su facilidad para aprender malabarismos. A través de él, critica a los titiriteros, a los que considera unos farsantes, holgazanes y de vida bohemia (de taberna en taberna). Usa al perro – al que llama Gavilán – como “perro sabio” y con él obtiene mucho dinero.

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