La Confesión de Edipo: El Horror de Tebas y la Pústula de Corinto

Clasificado en Griego

Escrito el en español con un tamaño de 3,19 KB

El Lamento de Edipo: Confesión y Deseo de Exilio

EDIPO

De que estas acciones no están hechas así correctamente, no continúes todavía dándome lecciones ni tampoco consejos. Pues no sé con qué mirada o con qué ojos habría dirigido la vista a mi padre el día que bajara al Hades, ni tampoco a mi sufrida madre, contra los cuales dos cometí acciones que no se pagan con la horca.

Sin embargo, ¿se me objetará acaso diciendo que el espectáculo de mis hijos era, después de brotar como brotó, atractivo para atraer mi mirada? Ciertamente no era atractivo, al menos para mis ojos, ¡eso nunca! Ni hasta la misma ciudad, ni sus torreones, ni las sagradas imágenes de los dioses eran atractivas para atraer mi mirada, de todo lo cual yo, ¡el colmo de la osadía!, después de haberme consolidado en la forma más honrosa posible sin que ningún otro me hiciera sombra al menos en Tebas, me privé a mí mismo al indicar de una forma expresa que todos sin excepción expulsaran a este impío, a este al que mostraron los dioses sacrílego y, para colmo, de la familia de Layo.

Después de haber revelado como mía tan grave mácula, ¿iba yo a mirarlos con la mirada alta? Eso de ninguna manera. Al contrario, si fuera posible todavía la obstrucción del canal auditivo que corre a través de los oídos, no me habría contenido de cerrar a cal y canto esta mi desgraciada persona, con lo que quedaría ciego y sin oír nada, pues el hecho de que el pensamiento viva alejado de las calamidades es cosa dulce. [1390]

Invocación a Citerón y Corinto

¡Ay, Citerón! ¿Por qué me acogiste? ¿Por qué no me mataste en seguida que me recibiste, con lo que jamás hubiera habido preocupación de que me hubiera mostrado a los hombres de dónde era nacido?

¡Oh Pólibo y Corinto y las viejas mansiones, paternas según las justificaciones de las palabras! Según se ve, ¡qué preciosidad de pústula ocultadora de males me criasteis! En efecto, ahora ha quedado al descubierto que soy un maldito e hijo de malditos.

¡Oh tres rutas y recóndito valle y bosque y, sobre todo, angosto paso en la zona de los tres caminos!, que absorbisteis de mis propias manos mi propia sangre, la de mi padre, ¿os acordáis acaso de mí, de que, tras cometer qué crímenes ante vosotros, qué otros llevaba a cabo posteriormente cuando llegué aquí?

La Sembradura Maldita y el Deseo de Muerte

¡Oh matrimonios, matrimonios! Me engendrasteis a mí y luego, habiendo vuelto a engendrar de mí, dejasteis brotar mi propia sembradura y me mostrasteis a mí [1405] como:

  • Padre,
  • Hermano,
  • Hijo,
  • Asesino de un familiar íntimo,

y a la mujer como esposa y madre, y los crímenes más horrendos que acontecen entre los hombres. En fin, pues no es honroso aludir a hechos que tampoco es honroso realizar, ¡por los dioses! [1410], escondedme cuanto antes en cualquier lugar lejano, o matadme o arrojadme al mar donde no haya cuidado de que volváis a verme nunca más.

Acercaos, tened a bien tocar a un hombre desgraciado. Hacedme caso, no temáis, pues ningún mortal que no sea yo está cualificado para [soportar esta desgracia].

Entradas relacionadas: