La Configuración del Reino Visigodo en Hispania: Migración, Conflictos y Asentamiento (Siglos II-V)
Clasificado en Historia
Escrito el en
español con un tamaño de 4,15 KB
Los Visigodos: Origen, Caracterización y Migración
En la actualidad, estas entidades que conocemos como godos, suevos, etc., eran una especie de «franquicia» que escondían unos pueblos mandados por un jefe, pero sin una línea jerárquica familiar firme, no teniendo una correspondencia étnica lineal. Inician su andadura en la zona escandinava. Parece ser que cruzaron el Báltico ya en el siglo II o III.
A finales del siglo IV, los tenemos bordeando el limes romano, sobre todo en la zona del Danubio, y a inicios del siglo V ya estarían en el sur de la Galia. A partir del siglo V, este pueblo asentado en el sur de la Galia adquiere un protagonismo fundamental en nuestra historia.
Protagonismo en la Historia Hispana: Dos Grandes Periodos
El desarrollo histórico de los visigodos se divide en dos grandes periodos:
- Periodo I (416 – 476): Termina con la caída del Imperio Romano de Occidente.
- Periodo II (476 en adelante): El asentamiento definitivo y la consolidación del reino.
La Intervención Visigoda y la Expulsión de Vándalos y Alanos (416-429)
Durante el primer periodo, los elementos germanos contrarios al Imperio que se encontraban en la Península eran los vándalos asdingos y los suevos, ubicados en el norte. Los godos acabaron con los vándalos silingos y con los alanos.
Ante esta situación, alrededor del año 419, intervienen los visigodos, llamados por los suevos para en cierta medida ayudarles. Intervienen en la parte oriental de la Gallaecia, terminando con el poder de los vándalos asdingos. Los vándalos asdingos deciden huir hacia el sur, llevando a cabo un periodo de saqueo en el sur de la Península Ibérica, siendo el periodo más violento del momento.
El Éxodo de los Vándalos Asdingos y la Expansión Sueva
En el año 422, el Imperio decide intervenir en el sur de la Península Ibérica, pero no consigue tener éxito junto a los visigodos. Dejan el sur de la Península Ibérica, y la actitud de vándalos y alanos prosigue. El contacto de estos pueblos con el mar pudo jugar un papel importante en la decisión que asumirían un poco más tarde.
Finalmente, en el 429, estos pueblos que habían saqueado el territorio decidieron trasladarse a otro lugar para seguir con sus actividades de pillaje. Así, cruzan el Estrecho de Gibraltar, pasando a África. De este modo, en la Península Ibérica solo quedaba un territorio que no era controlado por el Imperio: el de los suevos.
La Expansión Sueva y la Resistencia Tardorromana
Ante esta situación, se constata un proceso de expansión de la Península Ibérica por parte de estos pueblos suevos, ya que se encontraban arrinconados en el sector noroccidental de la Península Ibérica. En primer lugar, se expandieron hacia la zona oriental, hacia la zona del Valle del Duero. Aquí, se encontraron con la resistencia de la aristocracia tardorromana.
Ante esta resistencia, decidieron extenderse hacia el sur, haciéndolo sin grandes dificultades, llegando a controlar la zona de Oporto, Mérida, y llegando a controlar Sevilla, también el Valle del Genil. En estas zonas encontraron resistencia, pero ya en la zona de la Bética y en la zona de la Cartaginensis, empezaron a tener una cierta resistencia.
Intervención Imperial y Revueltas Internas (451)
En esta zona que controlaba el Imperio, la situación se había complicado: empezaron a surgir movimientos que estaban en contra del Imperio Romano. Tenemos constancia de rebeliones de carácter económico y social (posiblemente las Bagaudas). Ante esta situación, el Imperio estaba obligado a intervenir.
Sin embargo, solo intervino una vez en el 451, tras la Batalla de los Campos Cataláunicos con los Hunos. Se da una alianza entre el Imperio y los visigodos, interviniendo así y sofocando estas revueltas del norte de la Península.