El Conflicto Hispano-Estadounidense de 1898 y el Ocaso del Imperio Español
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El Conflicto de Cuba y la Guerra Hispano-Estadounidense
La Paz de Zanjón (1878) puso fin a la Guerra de los Diez Años y ofreció algunas concesiones a los rebeldes cubanos: se mejoraron las condiciones políticas, se concedió libertad a los esclavos y se permitió abandonar la isla. No obstante, el problema no quedó resuelto, pues un año y medio después estalló la Guerra Chiquita y, posteriormente, en 1895, la guerra de independencia de Cuba. Los cubanos esperaban obtener los mismos derechos que los peninsulares. Existían dos partidos principales: el autonomista y la Unión Constitucional. En 1893, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, que perseguía la independencia y pronto contó con el apoyo de EE. UU.
En 1895, se produjo un levantamiento generalizado. Martínez Campos fue sustituido por Weyler, quien aplicó una dura represión contra los rebeldes y civiles; sin embargo, la guerra en la selva y las enfermedades causaron estragos en las tropas españolas. Con un gobierno liberal, se encargó el mando al general Blanco, quien buscó una estrategia de conciliación a la par que se concedían derechos a los insulares, pero los independentistas no aceptaron.
En 1896, estalló una rebelión en Filipinas, con escasa presencia civil y militar española, liderada por José Rizal y su Liga Filipina. Inicialmente, se aplicó una política represiva, pero más tarde se negoció una pacificación momentánea. EE. UU. tenía intereses estratégicos en el Caribe y en el Pacífico, por lo que apoyó a los rebeldes cubanos. El estallido del acorazado Maine en el puerto de La Habana permitió acusar a agentes españoles y enviar a España un ultimátum para que abandonase la isla en 3 días o se le declararía la guerra. España rechazó la propuesta, y la guerra comenzó.
Las derrotas en Cuba (especialmente la Batalla de Santiago) y en Filipinas (Cavite) dejaron al ejército español humillado. La guerra finalizó en agosto de 1898 con la firma, en diciembre, del Tratado de París. Por este tratado, España perdía Cuba (que quedó bajo ocupación de EE. UU.) y cedía a EE. UU. Puerto Rico, la isla de Guam y Filipinas por 20 millones de dólares. El imperio colonial español quedó reducido a las islas Marianas, las Carolinas y Palaos, que más tarde serían vendidas a Alemania. Las pérdidas humanas fueron numerosas: aproximadamente 200.000 en Cuba, 25.000 en Filipinas y 4.500 en Puerto Rico, todas ellas predominantemente de clases bajas debido al sistema de cuotas.
La Crisis del 98: Consecuencias Económicas, Políticas e Ideológicas
La derrota y la pérdida de las colonias supusieron una profunda crisis, conocida como el «Desastre del 98», que fue económica y política, pero sobre todo moral e ideológica, al significar el fin del Imperio español. Sus consecuencias fueron:
- Económicas: Se produjo la pérdida de los mercados coloniales, aunque la industria nacional no tardó en recuperarse. Fue especialmente positiva la repatriación de capitales, que impulsó el desarrollo de la banca.
- Políticas: La torpeza de los gobernantes fue duramente criticada, pero el sistema político de la Restauración logró sobrevivir.
- Ideológicas: Se generó una profunda crisis de la conciencia nacional, que se manifestó en la actitud pesimista de los intelectuales y escritores de la Generación del 98 (quienes reflexionaron sobre el «problema de España»). Surgió también una nueva corriente de pensamiento, el Regeneracionismo, liderado por Joaquín Costa, que impulsó la idea de que era preciso mejorar la situación de la agricultura y de la educación en el país.
Impacto y Reformismo Posterior
Una nueva generación de políticos, intelectuales y activistas trató de llevar a cabo ciertas reformas durante el reinado de Alfonso XIII, aunque los cambios implementados fueron mínimos. Igualmente, se gestó un creciente antimilitarismo en la sociedad.
En 1899, la regente María Cristina contó con el conservador Francisco Silvela para formar gobierno. El nuevo gabinete mostró cierta voluntad de renovación; sin embargo, la subida de impuestos provocó un boicot por parte de los contribuyentes y la dimisión de varios ministros, lo que llevó al gobierno a manos de los liberales.
En 1902, Alfonso XIII subió al trono con tan solo 16 años, coincidiendo con una nueva generación de políticos que trataron de adoptar medidas reformistas. En el Partido Conservador, destacó Antonio Maura, y en el Partido Liberal, José Canalejas.