Consecuencias del Desastre del 98: Regeneracionismo y Crisis Política
El Desastre del 98: Consecuencias y Regeneración
La derrota y la pérdida de las colonias dieron lugar al “Desastre del 98”, que se convirtió en símbolo de la primera gran crisis del sistema político de la Restauración.
Una crisis política y moral
A pesar de la envergadura de la crisis de 1898, sus repercusiones fueron menores de lo esperado. La necesidad de hacer frente a las deudas contraídas por la guerra cubana promovió una reforma de la Hacienda para incrementar la recaudación.
En el terreno político, hubo una crisis política, pero no tan grande como se había previsto, ya que el sistema de la Restauración sobrevivió. Sin embargo, la crisis política estimuló el crecimiento de los movimientos nacionalistas, sobre todo en el País Vasco y Cataluña.
De este modo, la crisis del 98 fue fundamentalmente una crisis moral e ideológica. La derrota sumió a la sociedad en un estado de desencanto porque significó la destrucción del mito del Imperio español.
El regeneracionismo
El fracaso de la revolución de 1868 había dejado una huella en los intelectuales progresistas para modernizar el país. Este era el sentimiento de un grupo de intelectuales reunidos en la Institución Libre de Enseñanza cuando muchos catedráticos abandonaron la universidad al no permitírseles la libertad de cátedra y consideraban que la sociedad y la política no favorecían ni la modernización de la cultura ni el desarrollo de la ciencia. La institución, que estaba influida por el krausismo, fue una gran impulsora de la reforma de la educación en España.
Esta corriente, que hablaba de la regeneración de España, acabó conociéndose como regeneracionismo. Su mayor exponente era Joaquín Costa, escritor y creador de instituciones como la Liga Nacional de Productores.
La crisis de 1898 sostenía que era precisa una regeneración del país (mejorar la situación del campo y elevar el nivel educativo y cultural del país). Asimismo, los literatos de la Generación del 98 analizaron el “problema de España” en un tono crítico y pesimista y apostaron por la regeneración moral, social y cultural del país.
El fin de una época
El desastre de 1898 significó el fin del sistema de la Restauración. Sin embargo, la política reformista de tono regeneracionista que intentaron aplicar los nuevos gobiernos no llevó a cabo las profundas reformas anunciadas. La derrota militar tuvo también consecuencias en el ejército, acusado de tener gran responsabilidad en el desastre. Frente a un antimilitarismo creciente, en el ejército se creyeron que los militares debían tener una mayor presencia en la vida política del país. Ello culminó en el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923 y el de Franco en 1936.
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