Los Consejos de Martín Fierro y el Desenlace de la Obra de José Hernández

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Capítulo 31: La despedida en el arroyo

Luego de las palabras, los presentes se separaron. Fierro, sus hijos y Picardía montaron y se dirigieron a la costa de un arroyo. Allí pasaron toda la noche y, al amanecer, decidieron separarse porque, debido a su pobreza, no podrían mantenerse juntos. Antes de partir, Fierro les brindó una serie de consejos fundamentales para la vida.

Capítulo 32: Los célebres consejos de Martín Fierro

Aquí se narran las enseñanzas que Fierro les da a los jóvenes. El protagonista afirma que le ha costado adquirirlas y se las ofrece porque desea orientarlos, aunque reconoce que puede llegar a equivocarse, «pues debe saber muy poco aquel que no aprendió nada». Dentro de estos consejos, destacan los siguientes puntos:

  • Es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas.
  • Al que es amigo, jamás lo dejen en la estacada; pero no le pidan nada ni lo esperen todo de él: siempre el amigo más fiel es una conducta honrada.
  • El trabajar es la ley, porque es preciso adquirir.
  • Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera.
  • Respeten a los ancianos; el burlarse no es hazaña.
  • La cigüeña, cuando es vieja, pierde la vista y procuran cuidarla en su edad madura todas sus hijas pequeñas: aprendan de las cigüeñas este ejemplo de ternura.
  • La sangre que se derrama no se olvida hasta la muerte.

Capítulo 33: El fin del camino y el legado del autor

Posteriormente, se separaron todos, dirigiéndose cada uno hacia un punto cardinal distinto. Hicieron una promesa que José Hernández no revela y acordaron entre todos cambiarse el nombre. El relator explica que ha cumplido con su deber, aunque todavía le quedan cosas por contar. Se despide después de haber escrito los treinta y tres cantos y pide recordar unas palabras:

«En mi obra he de continuar hasta dárselas concluidas, si el ingenio o si la vida no me llegan a faltar».

Dice que el gaucho sentirá tristeza en el corazón si él muere, pues lo tendrá en su memoria para siempre. El libro cierra con una declaración de principios:

«Mas nadie se crea ofendido, pues a ninguno incomodo; y si canto de este modo por encontrarlo oportuno, no es para el mal de ninguno, sino para bien de todos».

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