La Constitución de 1978 y el Desarrollo del Estado Autonómico en España

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La Constitución Española de 1978: Pilar de la Democracia y el Estado Autonómico

Tras casi cuarenta años de dictadura en España, la nación emprendió un camino hacia la democracia. En junio de 1977, se celebraron unas elecciones a Cortes Constituyentes, cuyo principal cometido fue encargar la redacción de una nueva Constitución. Una comisión, integrada por siete representantes de las principales fuerzas políticas del momento, fue la responsable de esta trascendental tarea.

Una vez aprobada por mayoría absoluta en las Cortes, la Constitución fue sometida a referéndum el 6 de diciembre de 1978, siendo ratificada por un contundente 92 % de los votantes. Este hito marcó el inicio de una nueva era para España.

Principios Fundamentales de la Constitución de 1978

La Constitución de 1978 establece un Estado social y democrático de Derecho, fundamentado en pilares esenciales:

  • Reconocimiento de la soberanía nacional.
  • Establecimiento de la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).
  • Garantía del sufragio universal.
  • Una amplia declaración de derechos y libertades fundamentales, que incluyen:
    • Derechos sociales: vivienda, trabajo, sanidad, educación, entre otros.
    • Libertades individuales: culto, expresión, asociación, manifestación, entre otras.

En cuanto a la forma de gobierno, se instaura la monarquía parlamentaria, donde el rey ejerce un papel simbólico con poderes muy limitados. Además, el Estado se declara aconfesional, aunque mantiene “relaciones de cooperación con la Iglesia Católica”.

El Nacimiento del Estado de las Autonomías

Uno de los aspectos más innovadores y complejos de la Constitución del 78 es su enfoque en la organización territorial. Si bien defiende la unidad nacional, también “garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran”. Este principio fue la piedra angular para la configuración del Estado de las Autonomías.

Un Modelo Territorial Único

El Estado de las Autonomías se concibió como un modelo estatal intermedio, situado entre un sistema federal y uno centralizado. Su objetivo principal era compatibilizar la idea de unidad de España con la necesidad de descentralización, buscando satisfacer las históricas demandas de autonomía de las denominadas regiones históricas:

  • Cataluña
  • País Vasco
  • Galicia

Estas regiones ya habían redactado sus propios estatutos de autonomía durante la Segunda República, lo que evidenciaba una arraigada vocación de autogobierno.

Desarrollo y Consolidación del Modelo Autonómico

El proceso de construcción del Estado de las Autonomías se desarrolló intensamente entre 1979 y 1985. Durante este periodo, se crearon 17 Comunidades Autónomas y, posteriormente, dos Ciudades Autónomas (Ceuta y Melilla en 1995).

Las competencias transferidas a cada autonomía variaron en función de la vía de acceso a la autonomía:

  • Vía rápida: Adoptada por Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, permitiendo un acceso más amplio y rápido a las competencias.
  • Vía lenta: Seguida por las comunidades restantes, que progresivamente fueron ampliando sus competencias, especialmente tras la firma de un nuevo pacto autonómico en 1992 por parte del PSOE y el PP, consolidando así el modelo territorial español.

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