La Construcción Social de la Cultura y la Identidad Humana
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La construcción de la cultura
La cultura no procede de la naturaleza biológica del ser humano. Esta se constituye a partir de ciertos procesos que se desarrollan a lo largo del tiempo:
- Resolución de problemas y experiencia: A medida que los seres humanos enfrentan desafíos, buscan soluciones basadas en la experiencia. A lo largo de la historia, las personas transmiten estas vivencias —tanto positivas como negativas—, ayudando a su comunidad y a las generaciones futuras a resolver problemas similares o a encontrar alternativas más eficaces.
Este proceso se denomina objetivación. Podemos definir la objetivación como el conjunto de experiencias que han consolidado una forma validada de resolver un problema.
- Institucionalización: Posteriormente, estas experiencias objetivadas se fijan mediante un sistema de pautas y sanciones. La institucionalización suele provocar que una forma específica de realizar una actividad humana sea percibida como la única posible.
- Interiorización: Finalmente, estas pautas son interiorizadas, es decir, aceptadas por los miembros de la sociedad como parte integrante de su realidad cotidiana.
Definición de cultura
Cuando hablamos de cultura, solemos referirnos exclusivamente a las artes. Sin embargo, si definimos la cultura de manera más amplia, podemos incorporar las formas de vida de un pueblo, sus costumbres e ideas. Asimismo, incluimos los procesos y códigos de significación que las personas utilizan para comunicarse.
Podemos concluir que la cultura es una realidad compleja y plural que abarca las manifestaciones artísticas, las formas de vida de un pueblo y los modos en que las sociedades construyen significados.
Identidad
La identidad es un proceso complejo que se construye a lo largo de toda la vida. Es el resultado de una combinación de aprendizajes, tradiciones y recuerdos que nos permiten afirmar: “este soy yo”.
La identidad nos permite diferenciarnos de los demás; para que exista, debe haber distinciones que nos separen unos de otros. Con el transcurso del tiempo, las personas experimentan cambios físicos, de costumbres o en su forma de relacionarse; no obstante, existe un núcleo que permanece estable, permitiéndonos reconocer que, a pesar de los cambios, seguimos siendo las mismas personas.