Contraste Filosófico: La Metafísica de Descartes Frente a la Crítica Trascendental de Kant
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Comparación de la Metafísica: Descartes y Kant
El Fundamento Metafísico en René Descartes
René Descartes desarrolló una serie de pruebas para demostrar la existencia de Dios y garantizar la validez de su método. En el último momento de su duda metódica, aludió a la existencia de un genio maligno que convertiría todos nuestros conocimientos en una cadena de falsedades y errores.
En su obra Meditaciones Metafísicas, se pueden leer los extraordinarios argumentos que este filósofo idealizó para persuadirse a sí mismo de que no existe tal genio maligno. Descartes argumenta que, siendo Dios perfecto y sabio, se demostraría que un Dios perfecto no es compatible con la existencia de un ser malvado que me engaña y que, por lo tanto, no puedo estar seguro de nada.
La existencia de Dios, por tanto, le garantiza que el entendimiento no está mal concebido; sería una ridiculización pensar en un ser malvado creador cuando Dios es perfecto.
La Dualidad Cartesiana: Sustancias Irreductibles
En la filosofía de Descartes se puede observar claramente que Dios creó dos sustancias irreductiblemente unidas la una a la otra: el cuerpo y el alma.
¿Cómo llegó Descartes a semejante conclusión? Después del famoso "Pienso, luego existo" (*Cogito, ergo sum*), se dio cuenta de que todo en el mundo físico es cuantificable, medible y pesable. Descartes concluyó que no todo en el mundo se puede explicar en términos matemáticos; específicamente, el pensamiento no se puede explicar en términos matemáticos.
- Dado que el pensamiento no se puede explicar utilizando números o fórmulas matemáticas,
- El pensamiento no puede provenir de algo puramente físico, sino que debe emanar de un alma (sustancia pensante o *res cogitans*).
La Refutación Crítica de Immanuel Kant
Immanuel Kant refutó esta posición al establecer que, para que hubiera conocimiento objetivo y universal, tiene que haber una unión de los conceptos puros del entendimiento con la experiencia sensible.
Kant sostiene que, dado que de las almas (o de Dios) no hay experiencia sensible posible, no se puede tener conocimiento válido de dichos objetos. Lo mismo ocurre con Dios: aunque encontremos la idea de Dios como causa del primer movimiento del universo, esta idea no sirve para nuestra razón porque es una idea vacía que no puede plenificarse con los datos empíricos.
Kant pone de manifiesto esta limitación fundamental con su célebre máxima:
"Los conceptos sin impresiones son vacíos y las impresiones sin conceptos, ciegas."
Esta afirmación marca la transición del racionalismo metafísico cartesiano hacia los límites impuestos por la filosofía crítica kantiana al conocimiento humano.