La crisis final del reinado de Isabel II: Causas y caída (1863-1868)
La crisis final del reinado: Gobierno de los liberales y moderados (1863-1868)
En 1863, el desgaste de la acción de gobierno y las divisiones dentro de la Unión Liberal llevaron a O'Donnell a presentar la dimisión. Se perfila el final del reinado con la suma de la crisis económica y política.
La crisis económica
La crisis económica se inicia en 1864 con la quiebra de las compañías ferroviarias, debido a la baja rentabilidad de las líneas. Continuó con el hundimiento de las fábricas textiles, por la falta de algodón provocada por la Guerra de Secesión estadounidense.
- 1866: Se produjo el crack de las Bolsas europeas.
- Crisis agraria: Alza de precios debida a dos malas cosechas consecutivas.
- 1868: El paro y la exasperación popular por la carestía constituían el clima ideal para un estallido revolucionario.
Inestabilidad política y represión
En lo político, comenzó una sucesión de gobiernos inestables y autoritarios bajo la figura de Narváez. Los progresistas se retiraron de la vida parlamentaria ante la imposibilidad de ser llamados a gobernar y, dirigidos por el general Prim, junto a demócratas y republicanos, denunciaron el sistema constitucional y a la misma Isabel II. La opinión pública comenzó a achacar a la Corona la responsabilidad del desastre político.
Acontecimientos clave
- La noche de San Daniel (1865): La policía disparó contra estudiantes que se manifestaban en apoyo del rector destituido por el Gobierno, causando nueve muertos.
- Sublevación del cuartel de San Gil (junio de 1866): Dirigida por los suboficiales y propiciada por los progresistas, fue sofocada por tropas leales al Gobierno.
El Pacto de Ostende y el aislamiento de la Corona
En agosto de 1866, representantes progresistas, demócratas y republicanos firmaron el Pacto de Ostende, coordinando así la oposición con dos objetivos:
- El destronamiento de Isabel II.
- La convocatoria de Cortes Constituyentes por sufragio universal.
Prim fue puesto al frente de la conspiración. La muerte sucesiva de O'Donnell y Narváez entre 1867 y 1868 (la del primero llevó a muchos unionistas incluso a sumarse al Pacto de Ostende) dejó a Isabel II completamente aislada en el verano de 1868, en plena preparación del golpe.