Cristo, Sacramento Original y la Iglesia en la Liturgia

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La Iglesia, Cuerpo Sacerdotal de Cristo

En la constitución sobre la liturgia, la Iglesia es la comunidad congregada y presidida por sus pastores; es decir, la asamblea cultual. El entero pueblo de Dios, pastores y fieles, celebra la liturgia. La participación de los fieles brota como un derecho y un deber en virtud de la pertenencia a la Iglesia por el bautismo. En resumen, el sujeto integral de la acción litúrgica es siempre la Iglesia.

De Cristo-Sacramento a los Sacramentos de la Iglesia

Dios nos ha salvado eligiendo el camino de la encarnación.

Cristo, sacramento original

Cristo es el primer sacramento porque, en la encarnación del Verbo, su humanidad se ha convertido en el instrumento de nuestra salvación. Es sacramento:

  • por el hecho mismo de ser Hijo de Dios;
  • por su obrar, por la totalidad de su acción mesiánica y salvadora;
  • por aquellos actos en los que de una manera especial se manifiesta el poder de Dios y la presencia maravillosa del Espíritu en él.

A Cristo se le debe reservar la denominación de sacramento originario, porque es la raíz y el origen de la Iglesia.

La Iglesia, sacramento de Cristo

Cristo es el único camino para llegar al Padre. La Iglesia es el primer signo sacramental por:

  • su misma realidad misteriosa de esposa y de cuerpo de Cristo;
  • su testimonio ante el mundo;
  • en virtud de los signos privilegiados por los que manifiesta que es prolongación de Cristo en el mundo.

La Iglesia, sacramento de Cristo, es fundamento de los sacramentos particulares.

Los sacramentos de la Iglesia

No hay oposición entre la Iglesia sacramento y los sacramentos de la Iglesia, sino que la Iglesia es como un sacramento precisamente porque posee estos signos de salvación que le han sido dados por Cristo.

Todas las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es sacramento de unidad y pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia. Cristo y la Iglesia particularizan la acción sacramental de la Iglesia en las distintas situaciones de la comunidad y de las personas.

La Presencia del Señor en la Liturgia

El único mediador entre Dios y los hombres es Jesucristo. Porque Cristo está presente en su Iglesia, ésta puede ofrecer al Padre su ofrenda. Todos los bautizados y confirmados se incorporan a su cuerpo.

La presencia de Cristo es llamada real no por exclusión, como si las otras no fueran reales, sino por antonomasia, porque por ella ciertamente está activamente presente Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro.

Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Cristo está presente en el sacrificio de la misa, en los sacramentos, en la palabra proclamada en la asamblea eclesial y en la asamblea reunida en su nombre.

Exigencias de la Participación

La participación es una actividad humana; no es una mera presencia física, sino identificación en las actitudes, unidad en los gestos y movimientos, coincidencia en las palabras y en los actos: una acción común, sujeta a sus propias leyes.

La participación exige una actitud comunitaria, de forma que lo eclesial y compartido tenga primacía sobre lo individual y privado, sin necesidad de anularlo. Hay que conseguir una asamblea viva, que ora, canta, dialoga, se mueve, y no solo contempla y oye.

La participación pide actitudes cristianas, y no meramente religiosas. Lo primero que se requiere es conversión y fe; después, la entrega de uno mismo y la comunión con los hermanos. Finalmente, el compromiso, el apostolado y el testimonio.

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