Crítica de la Sociedad de Consumo: Reflexiones de la Escuela de Frankfurt

Clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 2,48 KB

Crítica de la sociedad de consumo: la Escuela de Frankfurt

La Escuela de Frankfurt surge tras la Segunda Guerra Mundial y se centra en denunciar cómo la razón, que debía liberar al ser humano, ha terminado sirviendo para dominar. Frente a la teoría pura, proponen una filosofía crítica que actúe en la realidad. Su análisis muestra que la lucha por la libertad interesa a unos pocos y que la razón moderna, heredera de la Ilustración, ha sido usada para controlar, no liberar.

A. Crítica de la razón instrumental

Horkheimer y Adorno estudian la sociedad de consumo en EE. UU. y afirman que el problema no está solo en la desigualdad entre ricos y pobres, sino en el dominio de la razón instrumental. Esta reduce lo racional a lo útil, olvidando fines éticos o humanos. Así, se racionaliza todo para hacerlo útil, pero se pierde el sentido del "para qué".

Esta forma de pensar viene de la Ilustración, que buscaba liberar al hombre con la razón, eliminando supersticiones. Pero esa misma razón, al querer controlar la naturaleza, acabó también cosificándola y haciendo lo mismo con las personas. El sistema productivo mejora técnicamente, pero no éticamente. En lugar de servir al ser humano, lo convierte en un objeto más.

Esto lleva a una nueva forma de barbarie: la sociedad industrial promete libertad, pero crea una forma de alienación, donde el individuo se siente ajeno a sí mismo y al mundo, absorbido por un sistema sin humanidad.

B. Marcuse y la interiorización del control

Herbert Marcuse analiza cómo el sistema actual ha conseguido que los deseos de las personas sirvan para mantener el propio sistema. Ya no se necesita represión violenta: el control funciona desde dentro, a través del consumo. El sistema ha creado nuevas necesidades que parecen naturales, pero que han sido fabricadas para mantenernos dentro del orden establecido.

Consumimos, compramos y deseamos lo que el sistema nos ofrece. Así, nuestros deseos ya no son rebeldes, sino que refuerzan el sistema. Esto se llama segunda naturaleza: nuestra forma de pensar y sentir se adapta a lo que el mercado impone. Se crea una sociedad en la que los individuos se sienten libres, pero están controlados desde sus propios instintos y deseos.

Entradas relacionadas: