Primera Guerra Carlista (1833-1840): orígenes sucesorios y desarrollo del conflicto
Resumen
El texto explica cómo la derogación de la Ley Sálica por la Pragmática Sanción de 1830 y la muerte de Fernando VII en 1833 desencadenaron la crisis dinástica que originó la Primera Guerra Carlista. Describe los bandos enfrentados, las bases geográficas e ideológicas del carlismo y las fases del conflicto hasta el Convenio de Vergara de 1839.
Puntos clave
- Felipe V implantó la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres.
- La Pragmática Sanción de 1830, promulgada por Fernando VII, derogó la Ley Sálica y abrió el camino al trono a su hija Isabel.
- Carlos María Isidro se autoproclamó rey como Carlos V el mismo día de la muerte de Fernando VII (1833).
- El carlismo defendía el lema «Dios, Patria, Fueros y Rey», la monarquía absoluta y el tradicionalismo católico.
- Tras el fracaso de llegar a Madrid, los carlistas se dividieron entre transaccionistas e intransigentes.
- El Convenio de Vergara (agosto de 1839) puso fin a la guerra en el norte y reconoció en parte los fueros vascos y navarros.
1. La Cuestión Sucesoria y el Origen del Conflicto Carlista
La muerte de Fernando VII en 1833 desencadenó una profunda crisis dinástica en España, sentando las bases para un conflicto civil prolongado. La raíz del problema se encontraba en la legislación sucesoria y las decisiones tomadas por el monarca en sus últimos años.
1.1. La Derogación de la Ley Sálica
- Felipe V había implantado la llamada Ley Sálica, una norma de origen francés que impedía reinar a las mujeres, asegurando así la sucesión masculina al trono español.
- Poco antes del nacimiento de su hija Isabel, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción (1830), que derogaba la Ley Sálica. Esta decisión, aunque legal, alteraba el orden sucesorio establecido y generó una fuerte oposición.
- Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII y hasta entonces su heredero legítimo según la Ley Sálica, se negó a aceptar la nueva situación, que lo excluía de la sucesión al trono.
1.2. La Disputa por el Trono
- En torno al rey, gravemente enfermo, se generó una tensa disputa entre los partidarios de Carlos (los "carlistas") y los defensores de los derechos de Isabel (los "isabelinos" o "cristinos").
- En enero de 1833, murió Fernando VII. Su testamento estableció que la Pragmática Sanción seguía en vigor, lo que significaba el nombramiento de Isabel II (de tres años en ese momento) como heredera al trono.
- María Cristina de Borbón, la reina viuda, quedó como Regente hasta la mayoría de edad de su hija, asumiendo el poder en un contexto de gran inestabilidad.
2. Las Regencias de María Cristina y Espartero: El Estallido de la Primera Guerra Carlista
La cuestión sucesoria no tardó en derivar en un conflicto armado, la Primera Guerra Carlista, que enfrentó a dos modelos de sociedad y de Estado en España.
2.1. La Primera Guerra Carlista (1833-1840)
El mismo día de la muerte de Fernando VII, Carlos María Isidro se autoproclamó rey como "Carlos V". Al mismo tiempo, se iniciaron en el norte de España una serie de levantamientos armados, marcando el comienzo de la Primera Guerra Carlista, un sangriento enfrentamiento que duró siete años.
2.1.1. Bandos Enfrentados
- El bando isabelino (o cristino) fue apoyado por las altas jerarquías del ejército, la Iglesia y el Estado, así como por los liberales. Estos últimos vieron en la defensa de los derechos dinásticos de la niña Isabel la posibilidad del triunfo de sus ideas reformistas y la consolidación de un régimen constitucional.
- El bando carlista lo componían todos aquellos que se oponían a la revolución liberal y defendían el Antiguo Régimen: pequeños nobles rurales, parte del bajo clero y muchos campesinos (para ellos, el liberalismo equivalía a más impuestos y la pérdida de sus costumbres y fueros).
2.1.2. Apoyos Geográficos e Ideología Carlista
- Los carlistas tenían sus apoyos principales en regiones con fuerte arraigo foral y tradicionalista: Navarra, el País Vasco, la zona al norte del Ebro (Cataluña, Aragón) y el Maestrazgo (Castellón, Teruel).
- El programa ideológico-político del carlismo se resumía en el lema “Dios, Patria, Fueros y Rey”. Consistía en una defensa acérrima de la monarquía absoluta, del tradicionalismo católico y de los fueros vasco-navarros, que consideraban amenazados por el liberalismo centralizador.
2.1.3. Desarrollo del Conflicto
- La guerra comenzó con el levantamiento de partidas carlistas en el País Vasco y Navarra y la utilización de la táctica guerrillera, que les permitía hostigar a las tropas liberales.
- Pronto, ante la inoperancia inicial del gobierno liberal, el general carlista Tomás de Zumalacárregui organizó un ejército de 25.000 hombres que llegó a las puertas de Madrid. Sin embargo, al no poder tomar la ciudad, las tropas carlistas volvieron a sus zonas de origen, lo que marcó un punto de inflexión.
- A medida que los isabelinos iban obteniendo ventaja militar, los carlistas se dividieron en dos facciones:
- Transaccionistas: Partidarios de llegar a algún tipo de acuerdo con el Estado liberal.
- Intransigentes: Que optaban por continuar la lucha hasta la victoria final.
- Finalmente, se impuso la posición de los transaccionistas, con el general Rafael Maroto al frente. El Convenio de Vergara (agosto de 1839) supuso el fin de la guerra en el norte, un cierto reconocimiento de los fueros vascos y navarros y la posibilidad de que los oficiales carlistas se integraran en el ejército real, lo que facilitó la pacificación.
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¿Por qué se produjo la Primera Guerra Carlista?
Se produjo por la disputa sobre la sucesión al trono tras la muerte de Fernando VII en 1833. Carlos María Isidro reclamó la corona según la Ley Sálica, mientras que Isabel II, amparada por la Pragmática Sanción, fue reconocida como heredera.
¿Qué significaba el lema «Dios, Patria, Fueros y Rey»?
Era el programa ideológico del carlismo, que defendía la monarquía absoluta, el tradicionalismo católico y los fueros vasco-navarros frente al liberalismo centralizador.
¿Qué fue el Convenio de Vergara?
Fue un acuerdo firmado en agosto de 1839 que puso fin a la guerra en el norte, reconoció cierta vigencia de los fueros vascos y navarros y permitió a los oficiales carlistas integrarse en el ejército real.
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