Darwin entre las máquinas: Luditas, maquinólatras y organicistas en la Revolución Industrial
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Capítulo 3 – Darwin entre las máquinas (Luditas, maquinólatras y organicistas)
La Revolución Industrial se apoyó en una estructura económica y política favorable a ampliar los mercados internacionales, que consistió en el perfeccionamiento de los utensilios empleados por los artesanos en la época de la Encyclopédie. Su eficacia residió en multiplicar la producción y generar grandes beneficios, destacando la desproporción entre los medios empleados y los efectos producidos. Este modelo tuvo como consecuencia la ruina de los artesanos cualificados frente a la riqueza de los dueños de fábricas productoras, dando lugar a la revuelta contra la Revolución Industrial cuyos seguidores se conocerían como luditas.
Luditas: una causa social antimoderna
Se trató de una causa social antimoderna, formada por personas de distinta índole cultural —artesanos, médicos, poetas, filósofos, historiadores, novelistas— como John Ruskin, Charles Dickens o Lord Byron— y organizadas contra la miseria y la esclavitud que imponían las máquinas a los obreros. También protestaban por la destrucción que las fábricas provocaban en ciudades y paisajes y por la pérdida de cualidades morales como la sensibilidad, la intuición, lo interno o lo espiritual, ahora manejadas por la máquina.
El impacto del ferrocarril y la tradición mecanicista
En 1830, la invención del ferrocarril tuvo un gran impacto social y económico, facilitando la movilidad de personas y mercancías; además, fue el único producto de la industrialización del siglo XIX aceptado por la fantasía de poetas populares y literarios. Fue la primera máquina que sirvió de modelo para la arquitectura, reviviendo la tradición mecanicista de los siglos XVII y XVIII. Esta tradición, al igual que el reloj, destacaba por su funcionalidad, claridad compositiva, economía y sinceridad constructiva, lo que dio lugar a un determinismo funcionalista y a una corriente de maquinólatras que reclamaban en los edificios el estilo y carácter propio que los ingenieros mecánicos asignaban a la obra, respondiendo a un fin preciso (Viollet-le-Duc).
Maquinólatras y funcionalismo
Los maquinólatras defendían la idea de que la máquina y sus principios de organización podían y debían trasladarse a la arquitectura y al diseño. Sus reivindicaciones principales incluían:
- Funcionalidad: priorizar la utilidad y el fin de la obra.
- Claridad compositiva: estructuras legibles y eficaces.
- Sinceridad constructiva: mostrar los elementos y materiales tal como son.
Organicismo y el funcionalismo americano
En el funcionalismo americano, el objeto de devoción fue el barco, símbolo del dominio del país sobre los mares, donde se buscaba la perfección y coherencia formal. Las reflexiones de teóricos y pensadores de la arquitectura adquirieron un carácter organicista: no solo giraban en torno a la similitud edificio/máquina y su proyección de dentro hacia fuera, sino también a la comparación con el organismo, dado que un edificio debe responder a requerimientos mecánicos y a funciones que desempeña en la naturaleza (Greenough).
La máquina como aliado del artista
La máquina acabó convirtiéndose en aliada del artista: la máquina fue entendida como expresión de individualidad y de democracia. El artista podía controlar el proceso creativo y comprenderlo en su conjunto. (Frank Lloyd Wright)
Máquinas, progreso y la novela futurista
Como consecuencia del binomio máquinas/progreso y de la gran transformación política y social de la población del siglo XIX, surgió la novela futurista, compuesta por utopías y fábulas morales de carácter celebratorio, crítico o premonitorio. Entre ellas destaca la novela Darwin entre las máquinas, que presenta una sociedad asimétrica y en aparente convivencia pacífica que, tras una guerra civil entre defensores y detractores de la tecnología, decide aniquilar las máquinas. Aunque conocían las ventajas materiales que estas ofrecían, las máquinas engendraban tres peligros principales:
- La súbita y desordenada desaparición de la técnica, que llevaría al salvajismo.
- El incremento de la tiranía derivado del tiempo empleado en hacerlas funcionar.
- La incertidumbre que se deducía de su carácter complejo y autónomo, que las acercaba a los umbrales de lo vivo.
Conclusión
El debate entre luditas, maquinólatras y organicistas ilustra las tensiones profundas entre tecnología, cultura y organización social durante la Revolución Industrial. Estas discusiones alimentaron tanto la teoría arquitectónica como la ficción futurista, dejando una huella duradera en la manera en que entendemos la relación entre máquinas, arte y sociedad.