Declive de la Dictadura de Primo de Rivera y Transición a la Segunda República Española
El Desgaste del Régimen de Primo de Rivera y la Oposición Creciente
Los partidos políticos de la Restauración comenzaron a sondear al ejército para evaluar la posibilidad de ejecutar un golpe de Estado contra el dictador. La colaboración entre políticos y militares se concretó en la Sanjuanada, una protesta del Arma de Artillería, que se negaba a que los ascensos dentro de la escala militar se realizaran por méritos de guerra. La protesta se llevó a cabo en la noche de San Juan del año 1926 y, a pesar de que el pulso lo ganó Primo de Rivera, el Arma de Artillería se convirtió en un elemento conspirador permanente.
Frentes de Oposición al Directorio Militar
La oposición al régimen tuvo otros campos de acción:
- El mundo de la cultura: Con Unamuno como máximo representante.
- La universidad: Que en 1929 cerró la mayoría de sus facultades.
Lo cierto es que desde mediados de 1928 el régimen daba muestras de agotamiento, en parte por la enfermedad de Primo de Rivera, la diabetes, que le provocaría la muerte. A finales de 1929, en un último intento, Primo de Rivera propuso al rey la formación de una Asamblea única, pero la conspiración de Andalucía adelantó la división, que se produjo en enero de 1930.
El Fin de la Dictadura y el Período de Transición
La dictadura demostró el agotamiento del liberalismo oligárquico que había sostenido España, y supuso un peldaño más en la caída de la monarquía. El sustituto de Primo de Rivera, el general Berenguer, cometió el error de intentar un regreso a este liberalismo agotado cuando, en realidad, la única salida era la creación de un régimen distinto.
La “Dictablanda” de Berenguer
El general Berenguer animó la vuelta a la Constitución, y quizás por eso fue bien recibido. De hecho, a su período en el gobierno se lo conoció con el nombre de “Dictablanda”.
Sin embargo, la vuelta a la normalidad fue demasiado lenta, lo que acabó por generar desconfianza en sus intenciones. Mientras tanto, el republicanismo empezó a contar con el apoyo de las clases medias.
El Pacto de San Sebastián
En agosto de 1930 se produjo una alianza entre el viejo republicanismo de Alejandro Lerroux y el nuevo de Alcalá Zamora o Manuel Azaña, que se conoce como el Pacto de San Sebastián. En dicho pacto se acordó la creación de un gobierno provisional presidido por Alcalá Zamora, que celebraría sus reuniones en el Ateneo de Madrid y que estaría preparado para asumir las funciones de gobierno en cualquier momento.
Apoyos al Republicanismo y Últimos Sucesos Monárquicos
A partir de ese momento, la cultura y gran parte del ejército apoyarían al republicanismo. Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Pérez de Ayala se agruparon junto a otros en la llamada Agrupación al Servicio de la República.
Los militares se manifestaron públicamente en la sublevación de Jaca de diciembre de 1930, que acabó con la ejecución de sus cabecillas, Galán y García Hernández. El general Berenguer, que sobrevivió a la sublevación militar, acabó presentando la dimisión por negarse a la convocatoria natural de elecciones.
En febrero de 1931 le sustituye el almirante Aznar, quien reunió a un gobierno de concentración monárquica con presencia regionalista, convocó las elecciones en el orden natural y, además, anunció la formación de unas Cortes Constituyentes.
Las Elecciones Municipales de Abril de 1931
Las elecciones municipales se acordaron para el 12 de abril de 1931, y el resultado fue una victoria global de los partidos monárquicos. No obstante, en las ciudades la victoria fue de los republicanos. La lectura que el gobierno y el rey hicieron de estos resultados fue que en aquellos lugares donde se podía ejercer el voto con mayor libertad, el pueblo había optado por las opciones republicanas, precisamente en los lugares donde la monarquía siempre había legitimado su poder.
Ante los hechos, Alfonso XIII pensó en un primer momento en el abandono temporal del trono, pero ante los sucesos desarrollados en Madrid, con un apoyo masivo a la República, decidió abandonar España y suspender el ejercicio de la potestad real, culminando con la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931.