Derechos Humanos: Evolución, Generaciones y su Impacto en la Sociedad
Derechos Humanos: Evolución y Generaciones
Primera generación de derechos: El valor de la libertad
En el siglo XVIII empiezan a ser reconocidas estas cartas de derechos que van transformando al súbdito y al siervo en ciudadano, en habitante de pleno derecho del burgo (la ciudad). Se proclama en estos documentos la libertad del individuo frente a los poderes políticos, el freno contra los abusos del poder absoluto de las monarquías y el final de los privilegios de la nobleza.
- La Revolución inglesa de 1689 viene acompañada del Bill of Rights, primer texto escrito en el que se pone de manifiesto una lista de derechos de las personas.
- La Revolución por la independencia de los E.E.U.U frente a Gran Bretaña en 1776 hace surgir la Declaración de Derechos de Virginia, en que se contemplan los derechos de los ciudadanos, aunque quedan excluidos todos aquellos que no tienen esta categoría, fundamentalmente los esclavos negros.
- La Revolución Francesa en 1789 por la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, cuya Asamblea Nacional declara la igualdad de derechos a todos los ciudadanos, supone un gran avance con respecto a las anteriores declaraciones, ya que quedaba abolida la esclavitud y representa el origen de las Declaraciones modernas de Derechos. Pero, sin embargo, de esta declaración todavía quedaban excluidos muchos grupos sociales como los extranjeros, las mujeres o el proletariado.
Trata de terminar con el poder absoluto del rey. El pueblo francés al grito de "libertad, igualdad, fraternidad", inició la marcha hacia la consecución de los derechos que ya se habían plasmado en la Revolución Americana. Es a esto a lo que se llama primera generación de derechos, que ponía su acento, fundamentalmente en la libertad del individuo. Estos primeros derechos pretendían proteger a los individuos del poder del Estado y de los abusos de los monarcas: libertad política, derecho al voto, libertad religiosa, libertad de pensamiento, libertad de expresión... Se trata de los derechos civiles y políticos.
Segunda generación de derechos: El valor de la igualdad
El capitalismo surgido de la Revolución Industrial en la primera mitad del siglo XIX impuso en las fábricas condiciones de vida inhumanas y salarios de miseria. Esto hizo ver que los ideales de igualdad y justicia eran imposibles de alcanzar sin unas condiciones económicas y sociales adecuadas.
En este contexto de explotación, tanto económica como social surge, en la segunda mitad del siglo XIX, un movimiento obrero, que reivindica y exige que las duras condiciones indignas de vida originadas por la industrialización fueran abolidas. En el terreno económico, gracias a aquellas luchas, se consiguieron mejoras sustanciales como la limitación de la jornada laboral, la fijación de salarios mínimos, los subsidios de paro y de enfermedad, las pensiones de jubilación, las vacaciones retribuidas, la prohibición del trabajo infantil y el derecho a la educación, el derecho a un trabajo digno, y a una remuneración equitativa y satisfactoria, el derecho a sindicarse y a la huelga para la defensa de sus intereses laborales. La defensa de todos estos derechos a nivel internacional exigió la fundación a principios del siglo XX de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) para salvaguardar estos derechos y garantizar la justicia social en el terreno laboral. En el terreno social, la igualdad jurídica, la igualdad ante la ley, era, en realidad, una gran desigualdad real, ya que la mayor parte de la sociedad no tenía reconocida por ley estos derechos. Es ahora cuando el concepto de igualdad jurídica va a incluir por primera vez a las clases media y obrera, y el sufragio se amplió a toda la población masculina, aunque el derecho al voto de la mujer no es conseguida plenamente hasta el siglo XX. Esto conlleva, así mismo, una abolición general de la esclavitud.
En el terreno cultural, la extensión de la educación a toda la población, tanto su acceso efectivo como las campañas de alfabetización contribuyen junto a otros derechos como el de la asistencia sanitaria o el de una garantía de una verdadera igualdad de oportunidades.
Sus demandas son recogidas en derechos económicos, sociales y culturales considerados en las diversas constituciones como básicos y originando lo que se llama una segunda generación de derechos, basados fundamentalmente en el valor de la igualdad. Estos derechos, al considerarse básicos y necesarios actualmente, corren el peligro de no ser valorados suficientemente y no ser tenidos en cuenta. Es el Estado el que debe proteger y salvaguardar esos derechos y por ello hablamos de derechos colectivos o sociales que han de ser requisitos básicos de cualquier sociedad. Esto es lo que se llama Estado de Bienestar: un sistema de protección social en el que todo ciudadano debe tener garantizados una serie de derechos como el derecho a la educación, el derecho a la sanidad, el derecho a la alimentación, el derecho a la vivienda, a la jubilación... asumiendo el Estado una política fiscal mediante el cobro de impuestos con fines redistributivos, para la adecuada cobertura de hospitales, colegios, universidades, vías de comunicación...
Tercera generación de derechos: El valor de la solidaridad
En el siglo XX y tras la Declaración Universal de los Derechos Humanos aparecen nuevas necesidades que no estaban explícitamente recogidas en ella como el derecho al desarrollo de los pueblos, el derecho a la paz y a la solidaridad, a la cooperación entre naciones o el derecho a un medio ambiente sano y sostenible, o a determinados colectivos olvidados o no tenidos suficientemente en cuenta como los derechos de la mujer trabajadora, o los derechos del niño. El derecho a vivir en paz como derecho fundamental de todas las personas, lleva en 1986 a las Naciones Unidas a adoptar una Declaración sobre el derecho al desarrollo que nos dice, en uno de sus artículos, que todos los Estados deben promover el mantenimiento y fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales, y, con este fin, deben hacer cuanto esté en su poder por lograr el desarme general y completo bajo un control internacional eficaz, así como lograr que los recursos liberados con medidas efectivas de desarme, se utilicen para el desarrollo global, en particular de los países en desarrollo. El desarrollo descontrolado de recursos desde la Revolución Industrial, el uso indiscriminado y masivo de los recursos naturales y el deterioro progresivo del entorno causado por la contaminación llevan a determinados colectivos como los movimientos ecologistas a reivindicar el derecho a todas las personas de disfrutar un medio ambiente sano y a un entorno limpio, junto con la necesidad de conservar los recursos y ecosistemas de nuestro planeta para el disfrute de las generaciones futuras. Esto es lo que se ha dado en llamar desarrollo sostenible. Colectivos especialmente vulnerables, claramente desprotegidos o que requieren un trato especial tales como el de los niños o el de las mujeres plantean la exigencia de una carta de Derechos que concreten lo que, ya de una forma muy genérica queda expresado en la Declaración Universal: como por ejemplo: la Convención de los Derechos del Niño de 1959. Todos estos derechos quedan concretados en el valor de la solidaridad o fraternidad.
¿Qué es un derecho?
Un derecho es aquello que puede ser exigido con justicia por una persona que vive en sociedad. La sociedad en su conjunto tiene la obligación de respetar los derechos de las personas.
El ser humano, por el hecho de serlo, tiene una dignidad y unos derechos. Estos derechos son inherentes a la persona, es decir, que le pertenecen. Estos derechos se conocen como derechos humanos y nadie se los puede quitar.
Las características más destacadas de estos derechos es que son:
- Universales, porque se extienden a todos los hombres y mujeres del mundo.
- Irrenunciables, porque nadie puede rechazarlos ni perderlos.
- Inalienables porque no le pueden ser quitados ni sustraídos a nadie.
- Invulnerables, porque no pueden ser vulnerados por persona o institución alguna.
El ser humano tiene derecho a:
- La vida, a la intimidad, a la libertad y a la seguridad.
- La libertad de expresión, a la educación y a la cultura.
- La participación política.
- La libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.
- La alimentación, al vestido, a la vivienda, a la salud, al descanso y al ocio.
- Fundar una familia, a mantenerla con dignidad y a educar a los hijos.
- La propiedad, al trabajo y a un salario justo.
Estos derechos procuran satisfacer las necesidades básicas del ser humano en lo que se refiere a los valores de respeto, tolerancia, diálogo y justicia, y son fundamentales para que los hombres y mujeres puedan desarrollarse como personas y alcancen la dignidad que les es propia y les permita alcanzar la igualdad, libertad y solidaridad entre las personas.
Asimismo, junto con los derechos, las personas en sociedad tienen también unos deberes: todo aquello que debe ser cumplido en una sociedad, como por ejemplo el deber de respetar los derechos de las personas. Los derechos comportan también unas obligaciones o deberes que hemos de cumplir. La convivencia exige el respeto a los derechos de los demás. Por ejemplo, tenemos derecho a escuchar música, pero hemos de seguir unas normas y unas leyes para que los derechos a la intimidad y al descanso de nuestros vecinos sean respetados. Tenemos derecho a la vida y a la libertad, pero esto conlleva el deber de respetar la vida y la libertad ajenas.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos y su respeto en las sociedades democráticas
Durante la primera mitad del siglo XX se sucedieron dos guerras mundiales que dejaran decenas de millones de muertos y un rastro indeleble de horror. Con el recuerdo aún vivo de la barbarie de la guerra y el deseo de que algo así no volviera a suceder, se impulsó la creación de la Organización de las Naciones Unidas en 1945 (ONU).
Esta organización se impuso como tarea prioritaria la redacción de una declaración que pusiera de relieve el valor de la fraternidad o de la solidaridad entre los seres humanos.
Nace así la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) que, después de dos años de negociaciones entre los países que formaban entonces la ONU. En el momento de cumplirse 50 años de su promulgación, la Declaración había sido ratificada ya por 185 Estados. La Declaración es un texto con gran peso moral que supone unos principios éticos mínimos de obligado cumplimiento, pero sin embargo no tiene fuerza legal. Por eso, se completó con dos pactos vinculantes que si tienen valor jurídico, por un lado, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, por otro, el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Los derechos humanos son un ideal ético, una guía moral para la humanidad. Ahora bien, para hacerlos realmente efectivos es necesario que se conviertan en un código legal, que se conviertan en ley. Esto puede hacerse por dos caminos distintos, pero complementarios, adaptarlos en las Constituciones de los Estados o crear una Constitución Universal que se inspire en los derechos humanos. Esto exigiría una reforma radical de la ONU para convertirla en un órgano de gobierno mundial democrático y no sometido a las decisiones de las grandes potencias mundiales. La ONU elabora una serie de pactos y convenciones vinculantes que obliguen a los Estados a comprometerse en la defensa de los derechos humanos con actuaciones concretas.
Por otra parte, se han creado diversas comisiones que denuncian las violaciones cometidas y que tratan de ofrecer ayuda a los afectados. Hace una década se pone en funcionamiento un Tribunal Penal Internacional destinado a juzgar crímenes de guerra, genocidios y crímenes contra la humanidad. Aunque su campo de acción se limite sólo a los Estados que se han adherido al mismo. Pero, la labor de los gobiernos no es suficiente, no siempre hacen todo lo que está en sus manos y a veces, incluso son los primeros en violar los derechos humanos. Por eso es tan necesaria la movilización ciudadana y el trabajo de las organizaciones no gubernamentales (ONGs) como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras muchas, que constituyen la auténtica voz crítica de la sociedad civil. Las denuncias, la presión mediática, las campañas de información y sensibilización, y la ayuda humanitaria son algunos de los medios con que esas asociaciones intentan hacer avanzar los derechos humanos en todo el mundo. La responsabilidad de que los derechos humanos sean respetados en todo el mundo corresponde a sus sociedades, y por tanto, también recae en cada uno de nosotros. Si estos derechos esenciales no son respetados, es difícil que una sociedad sea justa y los ciudadanos puedan vivir en paz y libertad. La forma de organización social y política que mejor garantiza esta convivencia pacífica y este respeto es el sistema democrático, que se basa en los principios de soberanía popular, el derecho al voto para todos el pluralismo político, las elecciones periódicas de sus gobernantes. Por desgracia, la historia nos enseña que estos derechos no siempre se han respetado. De ahí nace, precisamente, la necesidad de sistematizar y recopilar por escrito los derechos esenciales de las personas que todos hemos de respetar. Su inclusión en las constituciones de los países democráticos constituye el primer paso de su cumplimiento. La Constitución es el marco que define los derechos que se reconocen en un Estado, llamado por ello Estado de Derecho, el cual garantiza el cumplimiento y respeto efectivo de esos derechos.