Desamortizaciones en España: Clave de la Transformación Agraria y sus Etapas

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Transformaciones Agrarias y Desamortizaciones en España

Contexto de la Agricultura Española

La transformación de la agricultura española fue un proceso lento e insuficiente, condicionado por el atraso tecnológico, los factores físicos y la desigual distribución de la tierra.

La Desamortización como Motor de Cambio

La pieza fundamental de este proceso de transformación fue la desamortización. En el Antiguo Régimen, la propiedad de la tierra en España estaba mal repartida; grandes extensiones se encontraban en manos de la Iglesia, la nobleza rentista, el Estado o los municipios. Estos vastos patrimonios territoriales no podían ser divididos por herencia, ni ser donados o vendidos. Podían o no ser puestos en cultivo, o ser arrendados a los campesinos, según las necesidades. Habitualmente, se denunciaba su explotación como poco racional, lo que impedía obtener el mejor rendimiento. Sin embargo, el establecimiento de una economía capitalista era incompatible con el mantenimiento de privilegios que obstaculizaban el intercambio de bienes, en este caso, las tierras.

La desamortización consistió en la conversión de la propiedad vinculada de la tierra en propiedad privada, particular y enajenable.

Impacto del Proceso Desamortizador

El proceso desamortizador alteró la distribución de la propiedad, puso en el mercado tierras sin explotar para que fueran cultivadas y propició la aparición de un grupo de grandes propietarios de ideología liberal.

Etapas de la Legislación Desamortizadora

La legislación desamortizadora, siempre presente en el programa de los liberales progresistas, se desarrolló en varias etapas clave:

Primera Etapa: Inicios y Diversos Procesos (Finales del Siglo XVIII - Trienio Liberal)

  • Medidas de Godoy (1798): El gobierno de Carlos IV, agobiado por los gastos ocasionados por las guerras, decidió en 1798 la primera desamortización de los bienes de la Iglesia para hacer frente a las necesidades de la Hacienda Real. Los bienes afectados eran los de los establecimientos de beneficencia regidos por instituciones eclesiásticas, que se vendieron en pública subasta. A estos se sumaron los procedentes de la Compañía de Jesús y los de los Colegios Mayores. Se vendieron bienes por valor de unos 1600 millones de reales, pero la deuda no dejó de crecer y las tierras fueron a parar a los grandes propietarios.
  • Reinado de José I: Durante el reinado de José I, se desamortizaron bienes del clero y de los aristócratas que se resistieron a la dominación francesa.
  • Cortes de Cádiz (1812-1813): Las Cortes de Cádiz, mediante dos Decretos de 1812 y 1813, iniciaron una tímida desamortización eclesiástica y civil. Se estableció la desamortización de los bienes de las comunidades religiosas extinguidas, de la abolida Inquisición, de los jesuitas y de las órdenes militares. Este proceso quedó interrumpido en 1814 con el regreso de Fernando VII.
  • Trienio Liberal: Un cuarto proceso de esta etapa tuvo lugar durante el Trienio Liberal.

Segunda Etapa: La Desamortización de Mendizábal (1836-1844)

El proceso desamortizador fue replanteado por María Cristina mediante tres decretos:

  • Supresión definitiva de la Inquisición, adjudicándose sus bienes a la extinción de la deuda.
  • Expulsión de la Compañía de Jesús, destinándose sus propiedades al mismo fin.
  • Supresión de monasterios y conventos que no tuvieran un mínimo de 12 individuos.
Leyes Desamortizadoras de Mendizábal

Esta desamortización se realizó fundamentalmente mediante dos decretos: el de 8 de marzo de 1836, que enumeraba los institutos religiosos, monasterios y conventos afectados, y el más importante, el de 29 de julio de 1837, que completaba el anterior. Afectó a los bienes del clero regular y, desde 1841, también a los del clero secular, disponiéndose, además, que fueran sacados en pública subasta.

La desamortización de Mendizábal se planteó un doble objetivo:

  1. Sanear la Hacienda Pública, en crisis debido a la Primera Guerra Carlista.
  2. Crear una “copiosa familia de propietarios”.

Entre 1836 y 1844, se vendieron propiedades eclesiásticas por valor de 3.447 millones de reales (el 60% de los bienes de la Iglesia).

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