El Desastre del 98: Crisis Colonial y Pérdida de Filipinas y Cuba

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Peninsulares, Insulares y la Autonomía Arancelaria

Las reformas llegaron tarde. Los independentistas, con apoyo estadounidense, se negaron a pactar con el gobierno español y aceptar el fin de las hostilidades. El presidente americano McKinley protestó firmemente por la dureza de Weyler al gobierno de España e intentó comprar la isla, a lo que el gobierno se negó.

La Guerra en Filipinas

Paralelamente al conflicto cubano, en 1896 se produjo una rebelión en las islas Filipinas. Esta colonia había recibido escasa inmigración española y contaba con una débil presencia militar. El independentismo fraguó en la formación de la Liga Filipina, fundada por José Rizal en 1892, y la organización clandestina Katipunan. Ambas tuvieron el apoyo de una facción de la burguesía mestiza hispanohablante y de grupos indígenas. La insurrección se extendió por la provincia de Manila. El capitán general Camilo García Polavieja llevó a cabo una política represiva, condenando a muerte a Rizal a finales de 1896. El nuevo gobierno liberal de Sagasta de 1897 nombró capitán general a Fernando Primo de Rivera, que promovió una negociación indirecta con los principales jefes de la insurrección, dando como resultado una pacificación momentánea del archipiélago. Los independentistas también contaron con el apoyo estadounidense, los cuales derrotaron a la escuadra española en la batalla de Cavite. España se vio forzada a pedir un armisticio y se firmó el Tratado de París, por el cual se renunciaba definitivamente a Cuba y se cedían a EEUU Filipinas, Puerto Rico y Guam.

Consecuencias del Desastre del 98

La crisis del 98 será un hecho clave de nuestra historia que marcará un antes y un después. El Tratado de París supuso un duro golpe, pues se perdían los últimos territorios del imperio ultramarino, pasando definitivamente a ser una potencia de segundo orden. Posteriormente, España intentaría compensar este fracaso con la explotación de Marruecos, dentro del reajuste colonial internacional que se estaba produciendo. Económicamente, el fin del imperio colonial español no supuso una catástrofe nacional, pues el régimen monárquico continuó y la hacienda pública consiguió cierto equilibrio tras los grandes gastos que.

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