El Desastre del 98: Del Tratado de París al Regeneracionismo en España

Clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 3,93 KB

El Tratado de Paz de París y el Fin del Imperio

Las tres derrotas —Cavite y Manila en Filipinas, y Santiago en Cuba— llevaron a la Paz de París (10 de diciembre de 1898). En el tratado, aparte de la renuncia de España a Cuba y de la cesión de Filipinas, Puerto Rico y Guam, se confirmaba la soberanía española sobre los territorios no mencionados en el acuerdo. Estos eran los tres archipiélagos del océano Pacífico: las islas Marianas (excepto Guam), las Carolinas y las Palaos y, por no haber sido incluidas en el texto —quizá por error—, las islas Sibutú y Cagayán.

Sin embargo, este patrimonio apenas duraría otros dos años en manos de España. La venta de estas islas fue el último acto, muchas veces olvidado, de la liquidación completa del imperio español. Como consecuencia del desánimo que trajo tanta derrota y por iniciativa de Alemania —interesada en mantener su pugna con las otras potencias coloniales—, España entabló negociaciones para la venta de las Marianas, las Carolinas y las Palaos. Estas transacciones se concretaron en el Tratado Hispano-Alemán del 30 de junio de 1899.

Un año y medio más tarde, en noviembre de 1900, un tratado hispano-norteamericano subsanó el error de 1898: las islas de Sibutú y Cagayán de Joló pasaron a la soberanía de Estados Unidos mediante el pago de 100 000 dólares al Gobierno español.

Las Consecuencias del Desastre: La Crisis del 98

Desde la perspectiva económica, la pérdida de los restos del imperio español no solo no supuso un desastre, sino todo lo contrario. La finalización de la guerra permitió al ministro Fernández Villaverde acometer reformas en los tributos y en la emisión de deuda. Estas medidas posibilitaron un saneamiento de la Hacienda y que, por primera vez, el Estado tuviera superávit a principios del siglo XX. Se produjo, asimismo, una importante repatriación de capitales y, por otro lado, no se perdieron los mercados latinoamericanos.

Sin embargo, la derrota y la pérdida de unos 50 000 combatientes produjeron una intensa conmoción en la sociedad española. Tanto políticos como Silvela (quien hablaba de una «España sin pulso»), republicanos y socialistas que habían criticado la política colonial canovista, como intelectuales de la talla de Joaquín Costa, promovieron una profunda revisión de la situación de España. En resumen, el desastre del 98 provocó:

  • Una crisis de la conciencia nacional, que se expresó a través de la obra crítica de grandes escritores como Unamuno, Baroja o Maeztu, integrantes de la llamada Generación del 98.
  • Una propuesta de reforma y modernización política, el llamado regeneracionismo, que tuvo dos vertientes: la reforma política y la reforma educativa.
  • El fortalecimiento de los nacionalismos periféricos en la Península, que adquirieron mayor empuje y protagonismo a raíz de estos hechos.

En conclusión, se demostraron las limitaciones del régimen de la Restauración para afrontar los problemas de la modernización y el progreso de España, al tiempo que cobraban relieve las cuestiones y los problemas sociales que marcarían la historia del siglo XX.

Con el regeneracionismo surgido a raíz del 98, la renacida conciencia nacional centró gran parte de sus críticas en las prácticas fraudulentas del régimen parlamentario. De esta manera, comenzó una discrepancia que más tarde se convirtió en enfrentamiento entre la «España real» y la «España legal». El pensamiento regeneracionista al respecto podría explicarse así: la democracia de las clases medias se había vuelto inviable en España porque la voluntad popular era anulada por la oligarquía económica y política mediante el caciquismo. Para Joaquín Costa, era fundamental acabar con el caciquismo como fórmula para recuperar la verdadera democracia.

Entradas relacionadas: