Doctrina Fundamental de Jesús: Etimología, Ley y la Paternidad de Dios

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Aspectos Clave de la Doctrina y el Ministerio de Jesús

Etimología del Nombre de Jesús: De Hôsea a Yeshúa

Originalmente, Josué se llamaba Hôsea (que significa «salvación»), pero Moisés le cambió el nombre por Yehoshúa (que significa «Yahveh salva»). Debido a un fenómeno fonético, este nombre se convirtió en Yeshúa, un nombre muy corriente entre los judíos de la época. El nombre en hebreo es Yeshúa. El idioma que habló Jesús fue una variedad de arameo occidental, específicamente el dialecto de Galilea.

Jesús y su Actitud ante la Ley Judía (Torá)

Jesús tenía una actitud razonable frente a la Torá (la ley judía). Era un judío obediente que acudía a la sinagoga, pero advertía contra la excesiva dedicación a la ley como único medio para conseguir una vida plena. Gran parte de las enseñanzas de Jesús sobre la Torá encontraron paralelismos en el pensamiento judío de la época.

El Sermón de la Montaña y la Ley

El Sermón de la Montaña posee seis partes donde Jesús cita fragmentos de la Ley y los compara con su propia doctrina. Un ejemplo clásico es la referencia a la Ley del Talión: «ojo por ojo, diente por diente».

Jesús buscaba apoyar la Torá mediante el énfasis en la capacidad moral interna, promoviendo un respeto profundo hacia la ley que emanara del corazón. Por último, Jesús interpretaba la ley dentro de los métodos rabínicos de interpretación y profundización. Su doctrina sobre el matrimonio y el divorcio, por ejemplo, se basa en una profundización de un texto bíblico.

Los Mandamientos que Resumen la Totalidad de la Ley

Se representa a Jesús resumiendo la totalidad de la Ley en una opinión concisa. Además de citar los Diez Mandamientos, pronuncia la Regla de Oro y enseña que la totalidad de las Escrituras puede resumirse en dos mandamientos fundamentales:

  1. Amar a Dios.
  2. Amar a nuestros vecinos.

Jesús encarnaba esta doctrina particular y auténtica, caracterizada por su carácter directo y sus palabras claras.

Jesús frente a los Excluidos y Marginados (Gentiles y Samaritanos)

Existen evidencias de que Jesús no asumió personalmente su Misión dirigida a los no judíos, sino que fue enviado primariamente a Israel. Inicialmente, mostró un claro desafecto hacia los gentiles (llegando a describirlos como «perros» en un pasaje).

Cuando Jesús envió a sus apóstoles en su viaje misionero, les instruyó que no se dirigieran ni a los Gentiles ni a los Samaritanos. Jesús declaró que sus discípulos se sentarían en tronos el Día del Juicio Final para juzgar solo a la tribu de Israel. Sin embargo, al revisar su afirmación, se observa que aquellos que se sentarán en el trono son, de hecho, Gentiles (que sustituirán a los judíos).

Jesús no solo sanó a los judíos, sino que también visitó multitud de zonas no judías. Consideraba su ministerio como una preparación de Israel para la espera de la Ley de Dios, pero aprobaba y también alcanzaba a los Gentiles y Samaritanos.

Uno de los rasgos más característicos de su ministerio es que Jesús fue un compañero de los excluidos de la sociedad y se preocupó por ellos, incluyendo:

  • Personas con discapacidad (minusválidos).
  • Samaritanos.
  • Pecadores.

La Enseñanza de Jesús sobre Dios como «Padre»

El concepto de Dios como Padre es central en la vida de Jesús, aunque este concepto deriva de las Escrituras Hebreas, donde la referencia a Dios como «Padre» es menos frecuente.

Para Jesús, la paternidad de Dios implica una divinidad misericordiosa y es una marca importante en la identidad de los creyentes. La descripción del Padre como «celestial» o «el que está en el cielo» se refiere a su perfección. Jesús enseña que el Padre celestial cuida de su creación, y su providencia se extiende al mundo natural. El término «los pequeños» se refiere a todo aquel que crece con la inocencia de un niño.

El Uso de «Padre» en los Evangelios

Los Evangelios registran cinco oraciones donde Jesús se dirige a Dios como «Padre» (la más conocida es el Padrenuestro). En el segundo caso, Jesús se refiere a «Padre» para representar la relación única entre Él y Su Padre Divino.

La quinta oración de Jesús como Padre (preservada en Marcos) utiliza el término arameo ABBA. Este término (que equivale a «Papi» o «Papá») representa la manera de hablar de un niño pequeño e indica una profunda intimidad y confianza entre Jesús y Dios.

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