Educación social: conclusiones, retos y cultura profesional en el contexto contemporáneo
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Estado de la cuestión
Xavier Úcar extrae tres conclusiones sobre lo que ha sido el pasado reciente de la educación social y formula algunos planteamientos de futuro:
“Todavía existe en la actualidad un desequilibrio entre el conocimiento experiencial de los educadores sociales respecto a los procedimientos, técnicas y metodologías de la intervención y la teoría sobre la educación social elaborada al respecto. En otros términos, el desequilibrio se produce entre el “conocimiento táctico” del que disponen los profesionales y el “conocimiento codificado”, disponible para la formación.”
La profesión del educador social es a la vez respuesta y reflejo de la sociedad en la que se desarrolla. La variedad de perfiles profesionales de la educación social no es otra cosa que la respuesta o el reflejo de la sociedad, donde conviven problemáticas y destinatarios de la acción social también muy variados.
La profesión del educador social tiene fronteras y límites imprecisos. Es muy permeable a la aparición de nuevos perfiles profesionales; se amplía a la vez que se amplían los espacios para la acción social; y cambia en respuesta a los cambios sociales. Esto no quiere decir que la educación social sea etérea o inestable, o que carezca de un núcleo teórico identificable; significa que no puede ser concebida como algo cerrado o acabado, sino como un ámbito de intervención vivo y dinámico.
Cultura profesional y contexto social
Debe advertirse que, en las expectativas y demandas que afectan al desempeño profesional de los educadores sociales, convergen situaciones que, con cierta frecuencia, nos sitúan ante un rol contradictorio, al tener que identificar, conjugar y superar objetivos marcadamente contrapuestos:
- El objetivo eficientista, impuesto por las estructuras burocráticas, siempre tendente a destacar logros en términos de eficacia y competencia.
- El objetivo de la socialización de los individuos, que tiende a “integrarlos” en una sociedad inclinada a la “normalización” y al “control social”, con la intención de etiquetar y ordenar a las personas en función de una escala de valores, de ciertos méritos y acreditaciones sociales.
- El objetivo propio y específico de la tarea educativa, que se basa en la importancia que los educadores sociales han de otorgar a la autorrealización personal y colectiva de las personas con las que trabajan.