La Elocuencia en la Antigua Roma: De Catón a Cicerón
La Elocuencia en la Antigua Roma
Existe un arte de la palabra que, aun cuando se usa el lenguaje en su forma más natural, permite persuadir o conmover a un auditorio. Este arte tiene unas reglas de composición, diferencia los géneros según lo que se persigue y define una estética del discurso. Es la Eloquentia, Ars Bene Dicendi.
Los oradores romanos escribieron muchos discursos, aunque nosotros sólo poseemos los discursos ciceronianos y algunas piezas de Elocuencia imperial (panegíricos). Sin embargo, conocemos la Elocuencia romana y su historia a través del tratado ciceroniano Brutus y por medio de las citas que hacen los gramáticos y retores.
Oratoria Preciceroniana
Los más antiguos monumentos son las laudationes funebres, es decir, los discursos conmemorativos que, con ocasión de los funerales de ciudadanos ilustres, eran pronunciados por el hijo o uno de los más próximos parientes del difunto. En la laudatio funebris el orador trataba de demostrar que la muerte había acrecentado la gloria de su raza. Abordaba primero la vida pública del difunto para pasar a continuación a las virtudes privadas. Según Cicerón falseaban estos discursos la historia, acumulando sobre el difunto honores inexistentes o inmerecidos. Entre estas laudationes destaca la que pronunció en el siglo III a.C. Q. Fabio Máximo a la muerte de su hijo Quinto. Cicerón y Plutarco elogian su entereza moral y la gravedad de su elocuencia.
Entre los hombres políticos que se sirvieron de la palabra como arma política destacamos a Apio Claudio el Ciego, cónsul en el 307 a.C. Apio Claudio fue un político, militar, gramático y poeta que en el 280 a.C. pronunció un vibrante discurso ante el Senado, incitándole a no firmar con el rey Pirro una paz desfavorable para los romanos. Pero al primer hombre de Estado al que se le reconoce la cualidad de orador es M. Cornelio Cetego, cónsul en el 204 a.C.
La figura más eminente del siglo II a.C. es Catón, quien dio la definición de orador: vir bonus dicendi peritus “un hombre de bien que posee facilidad de palabra”, definición en la que se ensamblan elementos esenciales de la cualidad moral (vir bonus) y de la habilidad oratoria (dicendi peritus). Cicerón, que poseyó más de 150 discursos de Catón, lo compara con Lisias y lo elogia ampliamente. Los discursos de Catón están esmaltados de sentencias morales.
El mejor orador de mediados del siglo II a.C. fue, según Cicerón, Servio Sulpicio Galba. Cicerón lo llama hombre de una elocuencia vehemente, acerba y con gran capacidad de improvisación. Galba, que no vacilaba en el uso de lo patético y de la mímica, fue el primer orador romano en ornamentar sus discursos y en intentar agradar al auditorio y excitar su sensibilidad.
No se puede comprender la ascensión y la carrera política de los hermanos Graco (Tiberio y Cayo) sin tener en cuenta su formación oratoria. A través de sus discursos los Graco han defendido sus posiciones, han paralizado la política senatorial y han impuesto sus reformas: en suma, han hecho de la Elocuencia el arma política por excelencia.
Cicerón y su entorno
La oratoria política y judicial alcanza con Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.) sus cuotas más altas, tanto en su aspecto práctico como teórico.
Cicerón
De rango ecuestre, este homo novus llegó, sin pertenecer a la clase senatorial, a los puestos más altos de la carrera política, cursus honorum, gracias a su talento de orador. Su producción literaria se extiende desde el 84 a.C. hasta el 43 a.C. De ella destacamos las siguientes obras y discursos:
- Brutus, escrito en el 46 a.C. En esta obra Cicerón nos cuenta la Historia de la Oratoria desde sus comienzos hasta él mismo.
- De Oratore y Orator. Cicerón expresó su teoría sobre la Retórica fundamentalmente en estas dos obras, obras que tratan sobre la formación del orador y de la técnica del discurso. Cicerón opina que el perfecto orador es una combinación de 3 factores: disposición natural, cultura profunda y extrema en todas las disciplinas y conocimiento de la técnica oratoria. Esta técnica, que se enseñaba en las escuelas de Retórica, se expone con amplitud en De Oratore. Orator, en cambio, se centra más en la elocutio, estudiándola en los 3 estilos (simple, templado, sublime).
Los discursos de Cicerón pueden dividirse en judiciales, pronunciados ante un tribunal, o políticos, pronunciados en el Senado o en el Foro. Poseemos 58 discursos, algunos de ellos mutilados. Entre ellos citaremos los siguientes:
JUDICIALES:
- CAUSAS CIVILES: Procesos sobre cuestiones de propiedad y dinero (Pro Quinctio, del 81 a.C., Pro Q. Roscio Comoedo, del 77-6 a.C.). Procesos que tratan sobre la posesión del Derecho de Ciudadanía (Pro Archia Poeta y Pro L. Cornelio Balbo).